La piratería es una práctica muy antigua de saqueo organizado o bandolerismo marítimo. Uno de los más famosos pirata griego fue Jasón, quien guió a los Argonautas hasta La Cólquida para robarse el Vellocino de oro. Más reciente la reina Isabel I convirtió en Sir a Francis Drake como premio al saqueo que realizó de los puertos de la costa occidental del continente americano, desde Tierra del Fuego hasta Huatulco. Los filibusteros intereses materiales estaban ligados a los monopolios comerciales. Hoy los buitres del mar ejercen su oficio también en tierra y… en el aire.
Aunque la expresión antigua de piratería hace referencia el ejercicio de pirata, el que se hace a la mar, asalta y roba los barcos que encuentra o de hombres que viene del mar a robar, actualmente el término se usa para referirse a la apropiación y reventa de la propiedad privada, extendido a la reproducción y distribución ilegal de bienes intangibles. De manera simple: la piratería moderna es el acto de copiar un original, protegido por la ley, para su distribución y venta al público.
En los últimos días se ha estado denostando la piratería de productos “mexicanos”. Una oportunista televisora, algunas plumas filisteas y un puritano y vanidoso legislador representante de los intereses del copetón, se rasgan las vestiduras atacando este “flagelo” del sacrosanto ingreso de los ultrachovinistas “productores y artistas mexicanos”. El “justiciero” y ordenancista diputado, asegurando su chamba de alto nivel para el próximo sexenio, promovió y consiguió que se endurecieran las leyes en contra de la piratería, criminalizando (más allá de motivos partidistas) una considerable porción de mexicanos que sobreviven vendiendo algún producto o servicio pirata o que poseen alguno que otro objeto proveniente de la piratería o el contrabando, como ropa, calzado, artículos escolares, juguetes, medicinas, bolsas para dama, cosméticos, teléfonos móviles, cinturones, aparatos electrónicos, pilas, discos compactos, piezas automotrices, software, accesorios diversos…
Los publicistas de esta cruzada “nacional” argumentan que, de acuerdo a estimaciones “empresariales”, las actividades de narcomenudeo, contrabando, piratería y comercio informal, por sólo la producción de artículos apócrifos, genera pérdidas por 180 mil millones de pesos anuales y la cancelación de 700 mil empleos.
¡Nada más falso y tendencioso! Basten tres contundentes datos: más del 96 % de las patentes usadas en México son extranjeras; de las mil empresas que generan el 65 % del producto en el país el 90 % son extranjeras; y, alrededor de 15 millones de mexicanos sobreviven gracias a la piratería. ¡Entonces: ¿Cuál afectación de intereses mexicanos?!
En el caso de los denominados “artistas”, cabe mencionar que, casi todos, gravan sus discos musicales y videos en el extranjero, fundamentalmente en los Ángeles, Estados Unidos, además de que la mayoría viven o tienen propiedades en ese país, principalmente en Miami. Es decir, además de que se llevan recursos del país para pagar servicios artísticos, compran propiedades y adquieren bienes de consumo estadounidenses. ¡Sacan las ganancias para vivir en el primer mundo con mentalidad pequeñoburguesa malinchista! Estos egresos del país rebasan con creces las mal denominadas “pérdidas” por la piratería. ¡Resulta que los mencionados “artistas” también saquean al país!
En cuanto a las conscientes mentiras sobre supuestas “pérdidas” de empleo de los paladines del capital pequeñoburgués, nadamás señalemos que el desempleo, según apreciaciones recientes, asciende a más de 6 millones de personas sin empleo, considerando casi un millón las pérdidas de empleo formal, al que hay que añadirle la población de alrededor de un millón que se integra por primera vez al mercado de trabajo y el subempleo o economía informal de más del 30 % de la fuerza laboral. Si no fuera por los más de 15 millones de personas se dedican al comercio informal de “artículos piratas”, México estuviera al borde de la guerra civil. Eso no lo ven los santos e inmunes funcionarios de los “nuevos” gobiernos. Estos currutacos “economistas” presentan formas ilusorias bajo las que se ventilan intereses reales de los monopolios transnacionales.
Además, los corifeos pequeñoburgueses manifiestan que se producen alrededor de 100 millones de discos piratas. Asimismo, las “autoridades” publicitan que han destruido en sólo seis meses más de 700 fábricas y decomisado 5 millones de disco piratas. ¡A estas patrióticas “autoridades” habría que darles un premio por su sistemática contribución a la destrucción de la “mafias organizadas” de mexicanos muertos de hambre!
De otro lado, habría que señalar que los alrededor de 300 millones de piezas de material virgen (estuches, serigrafía, impresos por computadora, portadillas, quemadores, etc.) para la producción clandestina de discos musicales y videogramas, entra legalmente al país. Con el libre comercio en el marco del TLC (Tratado de Libre Comercio), promovido por los socios de los primos, las mercancías extranjeras aparecen en el mercado nacional a precios irrisorios, casi regalados. ¡Entonces de que se quejan!
También, es sorprendente ver que los “representantes gubernamentales”, que se encargan de “regular” esta actividad, son extranjeros: el director general de PRONAFON es nadamenos que Peter Honerlage y el dirigente de la Asociación de Fonogrameros es Roger (así Royer) Hernández (Herrrnández). ¡Seguramente estos sujetos estarán “bastante comprometidos” con los intereses de los mexicanos!
Etimológicamente piratería es el ejercicio de pirata, el que se hace a la mar, asalta y roba los barcos que encuentra. Es decir, robo, secuestro o acción violenta. Es la figura de un sujeto cruel que destruye los bienes de otro. Por eso se usa despectivamente y peyorativamente por los publicistas pequeñoburgueses. Representantes de la pequeñaburguesía que, al estar condenada a desaparecer, defiende sus intereses con la fiereza de perro hambriento. En realidad, sus enemigos más inmediatos no son los comerciantes piratas. Éste comercio no pinta en los enormísimos volúmenes de mercancías que manejan las empresas transnacionales como la tiendas de autoservicio Wal Mart (¡una sandalia de espuma que el comercio informal vende a $20, esta transnacional la expende a sólo $8!). Los reales enemigos del pequeño comercio son estos grandes monopolios.
La piratería como toda actividad peyorativa y oportunista, esconde bajo su superficie soterrados intereses económicos, que van más allá de la frontera del país. Así ha sido a través de la historia. La llamada piratería no deprime el empleo, al contrario atenúa el desempleo.
La “autoridades” de los “nuevos” gobiernos y los corifeos de la pequeña burguesía, le hacen el juego favorablemente a los extranjeros, porque así conviene a sus intereses. Por lo demás, el pirata ya no es el de ojo tapado, sino es un tipo con un arma de fuego.
Actualmente, la piratería está muy enraizada en México. La propia economía mexicana es una burda copia estadounidense con el rastro hispano y su impronta azteca. En primer lugar, los mexicanos acuden a la economía informal para ocuparse y tener ingresos, pero también, en segundo término, para satisfacer requerimientos indispensables para un mínimo desarrollo personal y social. Aunque la circunstancia pirata traiga como consecuencia algunos problemas. En estos momentos, donde la guerra contra el narcotráfico campea por todo el territorio nacional: ¿Es adecuado abrir otro frente de batalla combatiendo la piratería? ¿Debemos seguir con este juego o hacer un llamado de alerta para poder atenuar el problema de la piratería? ¿Cómo se va a combatir la piratería en México?
La piratería ya es un delito grave en México y la pobreza no exige a la gente de convertirse en delincuente si la comercializa, pues es un negocio de mafias que producen a gran escala vinculadas a los intereses monopólicos nacionales y extranjeros. La actividad del trafique se contrapone y se combina, al mismo tiempo, con la condición de pobreza de una persona que elige dedicarse a la venta de productos piratas, aunque el contrabando no la exima de ser considerada como delincuente, porque tiene que comer. ¡Así de sencillo!
Adelante de los intereses políticos de los apoderados y procuradores parlamentarios, más que endurecer la ley y petrificar la actitud gubernamental, hacia esta actividad extraeconómica, se debería optar por la remisión e integración económica de los ciudadanos al país. De otra manera en los próximos años tendremos llenas las cárceles por este delito, con turbulentos ambientes sociales.
Algunas posibles maneras de cómo se podría atenuar la piratería es planteando maniobras, como: 1) la criptografía, que permitirá validar identidades de quienes compran la licencia; 2) la compra vía internet, la cual reduce los costos del material, además, de que no es necesario un intermediario entre el usuario y el autor; 3) realizar campañas por medio de la educación, incentivando e instruyendo a las personas; 4) rebajar los precios, para poder hacer la competencia con la virtual mayor garantía y seguridad que las empresas ofrecen.
En este problema debe actuar la sociedad y es indispensable que el Estado intervenga, pueda actuar y llegar a soluciones adecuadas que no lastimen a los mexicanos, disminuyendo o, en el mejor de los casos, neutralizando este problema. Por ejemplo, la responsabilidad del Estado, al cobrar los impuestos que el autor paga mensualmente, debe considerar que sea de protección hacia el producto elaborado por el autor.
La danza de la guerra arremolina tempestuosamente los oleajes del Anáhuac. ¡Que los victimarios de los mexicanos sean encarnecidos y odiados para siempre, y que el cuerpo Mex, aún en huesos, se levante el día de su apoteosis para maldecirlos más!
domingo, 11 de abril de 2010
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