Las primeras formas de dinero se remontan a épocas muy antiguas: a más de 10 mil años cuando todavía el hombre era recolector y cazador. Sin embargo, desde el momento en que el hombre comenzó a producir los medios indispensables para la satisfacción de sus necesidades básicas como comer, beber, procrearse, vestir, etc., empezó el trueque o intercambio de cualquier tipo de bienes basado en la división del trabajo. Así el dinero ha recorrido un largo camino, pasando por la forma mercancía-mercancía, el dinero-mercancía, mercancía dinero, el dinero signo y dinero-plástico, hasta llegar al dinero electrónico.
Durante la época olmeca-azteca en el Anáhuac se utilizaba el cacao como moneda de intercambio entre los pueblos del norte del Continente del Poniente. Inicialmente los invasores españoles impusieron fraudulentamente en México el oro de tepuzque, que no era otra cosa más que una moneda de cobre con una pequeñísima cantidad de oro. Desde 1535 el real rifó como la moneda principal en el país ocupado hasta 1785 en que se creó el peso. Hoy el peso mexicano actúa como dinero en México y aunque el país se desmorona aparentemente su moneda “está más fuerte que nunca” —según prepotente expresión del delamadridista responsable hacendario del país. ¿Qué factores explican esta fantástica situación del “vitalidad” del peso mexicano?
En términos ordinarios y prácticos el dinero es todo medio de intercambio común que es generalmente aceptado por una sociedad para ser usado en el pago de bienes o mercancías, servicios o actividades, y de cualquier tipo de obligaciones o deudas. Los Estados nacionales emiten signos monetarios de dinero, conocidos ordinariamente como “monedas”, de curso forzoso u obligatorio, con el nombre de dólar, peso, euro, quetzal, libra, bolívar, yen, Kwanza, dinar, yuan, etc. Así el dinero es un lubricante que facilita el intercambio.
Actualmente el dinero es un signo de valor en forma de billetes o monedas, plástico o cifra electrónica codificada. En sí mismo no es más que un símbolo o expresión figurada sin valor intrínseco alguno: elaborado papel, plástico ordinario, vil metal corriente o mera expresión digitalizada. Sin embargo, se presenta materialmente como billetes o monedas corrientes (en peso o dólar), tarjetas de plástico, dinero electrónico, que tiene valor legal y que representa fortuna, riqueza o conjunto de bienes.
¿Qué es lo que hace al dinero tan poderoso?
En que en el dinero se encarna la riqueza social. El dinero es una medida del trabajo social genérico (abstracto) invertido en la producción de todas las demás mercancías, en él se expresa la magnitud de las mercancías, el trabajo cristalizado en ellas. El dinero expresa el valor de las mercancías, lo que valen las mercancías y es su equivalente general. ¿Por qué? Dejando de lado el proceso histórico, porque actúa como capital, se invierte como capital productivo, por sí mismo no podría engendrar valor o riqueza.
Esencialmente el dinero se manifiesta en sus funciones: 1) Medida de valor; 2) Medio de circulación; 3) Medio de atesoramiento; 4) Medio de pago (crédito), y, 5) Dinero mundial. Las funciones del dinero lo vuelven superlativo.
La propiedad de dinero o mercancías deriva en poder; poseer dinero o mercancías es tener poder. El individuo posee poder social bajo la forma de objeto-dinero. Por eso el dinero es una mercancía fetiche o ídolo que se adora como un dios.
El peso mexicano es la moneda oficial de México. Así lo establece la Ley Monetaria (2009) en su Artículo 1º que a la letra dice: “La unidad del sistema monetario de los Estados Unidos Mexicanos es el peso…” Sin embargo, la riqueza se expresa principalmente en pesos o en dólares. ¿Cómo es esto?
Aunque la misma ley establece en su Artículo 14 como se forma la reserva monetaria y en su Artículo 15 como ésta “se destinará exclusivamente a sostener el valor de la moneda nacional, y a regular su circulación y los cambios sobre el exterior”, en los hechos a través del Sistema Monetario Internacional (SMI) o conjunto de instituciones y normas y acuerdos que regulan la actividad comercial y financiera de carácter internacional entre los países, las naciones hegemónicas imponen ciertas normas monetarias a los países atrasados. Por eso el Artículo 19 de la Ley del Banco de México (Banxico) establece que el principal rubro que integra las reservas del Banco de México debe ser la reserva internacional bruta en dólares. ¿Por qué? Porque el dólar actúa como dinero mundial. Bajo esta perspectiva, el peso mexicano está bajo la influencia del dólar, fortalecida por el hecho de que México perdió su banca nacional.
¿Qué significa esta situación?
Actualmente los billetes y moneda en circulación en el país ascienden a 590,029´643,000 pesos. Si consideramos el tipo de cambio de 12.50 pesos por dólar, el total es de 47,202´371,440. De otro lado, las reservas internacionales llegan a más de 110 mil millones de dólares. Reflexionando: Para garantizar el circulante tangible del país son necesarias el 43 % de las reservas internacionales del país, redondeando números. Ese nivel es un nivel crítico que tiene una cota de peligro de más 10 % y otro adicional de 10 % de advertencia, o en términos absolutos de 58 mil y casi 80 mil millones de dólares, respectivamente. Si las reservas bajan a 80 mil millones de dólares hay que estar atentos, pero si desciende abajo de los 58 mil hay que comenzar a preocuparse seriamente, más si consideramos la fragilidad del crecimiento y del sistema bancario.
Ahora bien para garantizar la estabilidad interna del peso, la paridad peso dólar se tiene que mantener más o menos estable. Una circunstancia a favor del peso es la paulatina devaluación del dólar frente al euro. Veamos: la paridad del peso ($) en relación al dólar ($) es de 12.50 y al euro (€) de 16.50, mientras que la del dólar($)-euro(€) es de 1.30 dólares por euro. El dividir los 16.50 entre los 12.50 pesos nos da la paridad dólar-euro de 1.30. Supongamos considerando la tendencia inmediata que el dólar se devalúa en relación al euro a 1.5 dólares por euro , con lo que se restringe el acceso al mercado europeo en vista de que para comerciar exteriormente la divisa o dinero mundial de México es el dólar y ahora tendríamos que pagar 18.75 pesos por euro. Si relacionamos la nueva paridad pesos-euros con la relación dólar-euro, ¡el tipo de cambio peso-dólar permanecerá inalterable! Está extraordinaria circunstancia ha mantenido “estable” al peso. Sin embargo, es una subvención forzada, ficticia y sumamente peligrosa.
Normalmente se acostumbra a medir la relación entre dos monedas, en este caso el peso-dólar, por medio de los índices de precios, porque se argumenta que lo que se calcula es el poder adquisitivo. Empero lo que realmente está debajo del tipo de cambio son los niveles de productividad a las potencias productivas de las economías. Por eso puede haber transferencias reales de valor a favor o en contra de unas u otras. Bajo esta perspectiva, a pesar de que la economía estadounidense no está en sus mejores momentos, las diferencias productivas con la economía mexicana son abismales. El índice de inflación anual en el país es de 4.3 por ciento mientras que es Estados Unidos es de 1.7 en promedio anual ; es decir, una diferencia desfavorable a México de -2.6 puntos inflacionarios. Bajo esta misma línea ilustrativa, el PIB per cápita (Producto Interno Bruto por habitante) de Estados unidos rebasa los 46 mil dólares anuales mientras que el de México apenas alcanza los 14 mil por año. La atonía de la economía estadounidense , la inconsistencia del crecimiento de la economía mexicana y el aumento de la deuda mexicana , ponen quebrantable al peso. La boyante paridad del peso en relación al dólar está agarrada de alfileres.
El peso mexicano y la economía mexicana están subordinados al dólar y a la economía estadounidense. La relación monetaria y económica es de subordinación de México a Estados Unidos, cuya expresión más acabada es la inadmisible pero obligada hegemonía de la dictadura del capital financiero.
Recientemente en México se estableció una prohibición de transacciones con dólares para “evitar” el lavado de dinero. La Resolución que modifica el artículo 115 de la Ley de Instituciones de Crédito en que los cuentahabientes sólo podrán realizar transacciones en efectivo hasta por cuatro mil dólares al mes; para los no cuentahabientes residentes nacionales el límite es de 300 dólares diarios y mil 500 acumulados al mes. Sólo en una mente cuadrada o por intereses en contra de la nación, puede concebir que se restrinja la circulación del dólar en un país como México, exportador y abierto al exterior, donde esta divisa es el dinero mundial y casi sustituye al peso como moneda “nacional”.
¿Cuál es el futuro del mexpeso?
Hoy el peso mexicano está en una encrucijada: 1) continúa por la peligrosa senda que le señala la economía estadounidense, o 2) se toman medidas económicas y monetarias que verdaderamente lo blinden.
El análisis de las actuales tendencias a nivel estructural muestra que el capitalismo monopolista está entrando en una fase de confrontación entre los sectores avanzados y los atrasados del capital. La primera línea de poderosa vanguardia capitalista reivindica el mínimo de interferencia del estado en la competencia y el máximo de intervención estatal en favorecer la restructuración sobre bases multinacionales. La segunda tendencia relativamente atrasada, reivindica la propia protección de la competencia para favorecer la restructuración productiva sobre bases nacionales.
El examen de las actuales propensiones en el horizonte coyuntural evidencia que el capitalismo monopolista transnacional no se va a quedar cruzado de brazos para garantizar sus beneficios. En el caso del imperialismo monetario de Estados Unidos, partiendo del antecedente de la eliminación de la libre convertibilidad del dólar en oro en 1971, es probable que ese país tome medidas para proteger su moneda y, en caso de emergencia (p. e. por la guerra de las divisas), cambiar su denominación si es necesario (ya se ha hablado del “amero”, el “águila americana” o del “nuevo dólar”).
Bajo esta perspectiva, sería razonable tomar algunas medidas precautorias para proteger al peso mexicano: 1) conservar en dólares estadounidenses el 50 % del stock del respaldo de la circulación monetaria interna, 2) convertir en oro 1/3 del tesoro para el soporte del tráfico monetario doméstico, 3) cambiar a euros 1/6 de las reservas para el sostén del movimiento cambiario interno, y 4) mantener el resto de las reservas internacionales en dólares para el comercio exterior.
Las monedas son una imagen de la economía y de la idiosincrasia y trayectoria histórica de la nación que las emite. Pero el capitalismo mundial es un escenario cambiante: de los países que lo conforman a nivel planetario, algunos ya no existen, mientras que han nacido otros nuevos. ¡Las monedas nacionales son un testimonio de estos hechos! La historia enseña que la corrupción de la moneda es uno de los métodos más efectivos para destruir un país. También la historia muestra que los países que cruzan la frontera imperial y se arriesgan normalmente triunfan…
domingo, 12 de diciembre de 2010
martes, 23 de noviembre de 2010
[R]evolución económica
La revolución económica es un cambio o transformación respecto al pasado económico inmediato, mientras que la evolución económica es el desarrollo económico o el paso gradual espiraleado de un estado económico inferior a otro estadio superior. Una muestra de la primera lo fue históricamente la revolución Industrial de la segunda mitad del siglo XVIII y principios del siglo XIX, que tuvo lugar en Inglaterra y luego en el resto de Europa, en especial por las transformaciones referentes a los cambios principalmente tecnológicos. Un ejemplo de la segunda, es el proceso de sustitución paulatina del feudalismo por el capitalismo durante el periodo histórico que va del siglo XVI al XVIII.
En México la revolución económica del primer tercio del siglo XX, le dio un fuerte y violento impulso al capitalismo agroindustrial, para la transformación de la economía agraria en industrial, su encauce evolutivo hacia un capitalismo monopolista de Estado y la formación de las bases del capitalismo monopolista privado que hoy en día vive el país.
El progresivo avance económico, avivado por la formativa megatendencia mundial monopólica del capitalismo (Véase Hans Jürgen Harrer, 1910-1917 Raíces Económicas de la Revolución Mexicana, Ediciones Taller Abierto, México 1983) trajo aparejada una diferenciación económica: 1) Una clase alta, formada por españoles, otros extranjeros y una burguesía criolla, cada vez más rica; y, 2) Un pueblo mexicano hambriento y analfabeto, cada vez más pobre (Véase Friedrich Katz, La Servidumbre Agraria en México, Ed. Era, México 1980) Una fuerte ola de descontento, que reclamaba otra vez libertad y restitución de las tierras, se extendía por el país.
La transformación de la economía agraria en industrial (Véase Et. Al. Historia de la Cuestión Agraria, 9 tomos, Ed. Siglo XXI, México 1988) necesitaba un fuerte y violento impulso, que le fue proporcionado con la revolución mexicana del primer tercio del siglo XX.
En 1910 estalló la revolución al bramido de la restitución de tierras y hambre de pan. Comenzó la marcha ascendente de la revolución, principalmente bajo el empuje en masa de los campemin (campesinos y mineros). La muchedumbre revolucionaria de los campemin estaba conformada por gran parte de la miserable clase social popular: De un lado, los campesinos desposeídos de sus tierras (Véase Adolfo Gilly, La revolución Interrumpida, Ed. Caballito, México 1977), sujetos a míseros ingresos y víctimas de la arbitrariedad de los hacendados; y, de otro lado, la porción los mineros explotados por empresas extranjeras (Véase Jesús Silva Herzog, El Pensamiento Económico, Social y Político de México 1810-1964, Ed. FCE, México 1967 p.19)
El trasfondo económico del malestar agrario que da origen al cambio radical revolucionario, son, entre otros, las haciendas y los latifundios, las infrahumanas condiciones de vida de los peones y campesinos, el despojo de tierras y las tiendas de raya (Véase Jesús Silva Herzog, Breve Historia de la revolución Méxicana, 2 tomos, Ed. FCE, México 1973).
En el plano económico el Plan de San Luis (Documento promulgado desde San Antonio, Texas, por el hacendado Francisco I. Madero) que convocó formalmente a la revolución, se comprometía a restituir a los campesinos las tierras que les habían sido arrebatadas por los hacendados.
Comenzaron a surgir levantamientos armados a lo largo de México en 1910 y se alteró la vida económica. Zapata se sublevó porque Madero incumplió con el reparto de tierras y proclamó el Plan de Ayala, exigiendo la restauración de los derechos agrarios y reivindicando el reparto inmediato de tierras.
A principios de 1913, los intereses económicos de las compañías estadounidenses en México, decidieron pactar la muerte de Madero. Prontamente apareció un oportunista ranchero-empresario (Venustiano Carranza) con el Plan de Guadalupe (26 de marzo de 1913) que tenía como único fin remover el gobierno ilegal de Victoriano Huerta y no contenía ninguna reivindicación económica. Al caer el gobierno de Huerta y tomar el ejército constitucionalista la ciudad de México, el ejército federal estaba vencido y deshecho.
Inmediatamente se convocó a una Convención Republicana, que decide remover del cargo a Venustiano Carranza y nombra al comerciante y minero Eulalio Gutiérrez Ortiz presidente interno, por lo cual Venustiano Carranza sale de la ciudad de México y establece su gobierno en Veracruz durante el resto de 1913, 1914 y 1915.
Mientras tanto con la alianza entre Emiliano Zapata y Pancho Villa formalizada en el Pacto de Xochimilco, firmado el 4 de diciembre de 1914, se tomó la Ciudad de México por parte de los ejércitos revolucionarios campesinos-populares, que reivindicaban el reparto de tierras y mejores condiciones de vida.
Con la dirección de Carranza y Obregón, el ejército constitucionalista, contraatacó a los ejércitos revolucionarios lidereados por los caudillos revolucionarios Villa y zapata. Durante 1915 Villa fue derrotado por Álvaro Obregón y los constitucionalistas en la famosa Batalla de Celaya, perdería después la batalla de Trinidad, la batalla de León y la batalla de Aguascalientes, por lo que tendría que replegarse otra vez hacia el norte del país. A fines de ese año decidió invadir el estado de Sonora, pero los constitucionalistas, mejor pertrechados, los repelieron, derrotándolo en Agua Prieta, bajo el mando de Plutarco Elías Calles y en el Alamito comandados por el general Manuel M. Diéguez.
A principios de 1916 Villa invadió Estados Unidos. Entretanto Zapata, el caudillo del Sur, y su ejército fue acorralado en Morelos, donde ínterin implantaron un gobierno campesino comunitario sobre la base de la economía ejidal.
Instalado Carranza en la Ciudad de México, el 15 de septiembre de 1916, ya derrotados Villa y Zapata, y “restablecida” la paz, declara una Reforma al Plan de Guadalupe, donde se convoca a un Congreso Constituyente para que modifique la constitución del país.
La nueva Constitución Política del 5 de febrero de 1917, en su artículo 27 sentó la base de la reforma agraria y de la nacionalización del subsuelo; el precepto 123 estableció el esquema de la legislación obrero-patronal. Estos dos artículos constitucionales cristalizaban los anhelos populares campesinos y obreros, y establecieron el marco normativo de la convivencia económica de las clases fundamentales del país (Véase Arnaldo Córdova en La Ideología de la Revolución Mexicana, Ed. Era, México 1977).
Así la victoria revolucionaria impulsó el reparto de tierras que, de un lado, afectó las haciendas y las compañías agrícolas y, de otro, comenzó a beneficiar a los campesinos sin tierra (véase Esperanza Fujigaki Cruz, Modernización Agrícola y Revolución, Ed. UNAM, México 2001).
Se establecieron las condiciones propias de la relación capital-trabajo. La nueva Constitución reconocía el derecho al trabajo digno y socialmente útil. Además implantaba la jornada de trabajo máxima de 8 horas y se reconocían las libertades de expresión, de huelga y asociación de los trabajadores, y abolía la esclavitud.
Complementariamente se procedió a la reorganización del sistema educativo y se estableció el derecho a la educación, siendo ésta otorgada por el Estado de manera laica y gratuita.
La lucha armada de la revolución mexicana que reclamaba al inicio una mejora en las condiciones de vida y de trabajo para las clases marginadas, como obreros y campesinos, duró alrededor de una década y cobró la vida de cientos de miles de mexicanos.
Durante el transcurso de la lucha armada de la revolución, aunque el desorden y la violencia ocasionaron un atoramiento en la economía mexicana y por lo tanto un estancamiento económico en casi todas las actividades productivas, principalmente en la agricultura. Este fenómeno evidentemente adquirió diversas magnitudes de acuerdo a las regiones en donde, en algunas, continuaron las actividades económicas, aunque alteradas por el marco de la contienda y la consecuente inestabilidad que se generó (Véase John Womack, “La economía de México durante la revolución 1910-1920”, Revista Argumentos, UAM, Junio de 1987.
La Revolución Mexicana de 1910-1917 fue la primera gran revolución del Siglo XX, espoleada por la población explotada y dirigida por sus caudillos y personajes destacados de la pequeña burguesía y los intelectuales (Véase John Reed México Insurgente, Ed. Ariel, México 1977).
La dupla Carranza-Obregón asesinó a traición al guerrillero del mediodía: el caudillo campesino Emiliano Zapata fue eliminado el 10 de abril de 1919. Abrazando la tierra que tanto amó murió el gran Caudillo del Sur.
Sin embargo, el enfrentamiento endógeno en el constitucionalismo se dio y marcó la poslucha armada con crueles enfrentamientos y el inicio de arteros asesinatos. El manco de Celaya aliándose con un sujeto apodado “El Turco”, proclamó el Plan de Agua Prieta el 23 de abril de 1920 en contra de Carranza, desconociendo su gobierno. El jefe constitucionalista Venustiano Carranza también fue asesinado el 21 de mayo de 1920 mientras dormía en un jacal en la región del estado de Puebla.
Durante su gestión presidencial Obregón a partir de 1920 comenzó la repartición de tierras a los campesinos del Estado de México y Morelos y la fundación de escuelas rurales. Además dio concesiones a Estados Unidos, en materia agraria y del petróleo, porque la política nacionalista del artículo 27 constitucional afectaba los intereses de las compañías extranjeras en México.
El magnate petrolero William F. Buckley y el banquero Thomas W. Lamont de J.P. Morgan, formaron la Asociación Americana de México en 1921, para oponerse a la expropiación del petróleo por parte del Gobierno mexicano. Lamont también presidía el Comité Internacional de Banqueros, mismo que exigía que México garantizara el pago de su deuda externa a los bancos.
Para allanarle el camino a Plutarco Elías Calles, Obregón y éste fraguaron la supresión de Villa: El Centauro del Norte Pancho Villa fue arteramente asesinado por el “servicio secreto” del “El Turco” el 20 de julio de 1923 cuando mientras se dirigía manejando un auto a una fiesta familiar en Parral. A fines de 1923 dio inicio la rebelión delahuertista, pero sus integrantes fueron derrotados rápidamente y su líder, Adolfo de la Huerta, huyó a Panamá en 1924, mismo año en que Calles fue hecho presidente.
En 1925 se creó el Banco de México, se ordenó la construcción de carreteras, se creó la primera línea aérea, se fundó los bancos Ejidal y Agrícola, restauró la Escuela de Agronomía de Chapingo y fundó la Escuela Médico-Veterinaria, construyó presas, sistemas de riego y numerosas escuelas rurales, además de la Reforma fiscal de 1925 relacionada con el Impuesto sobre la Renta.
Durante su mandato también se inicia en 1926 la llamada Guerra Cristera en un intento de elementos feudales ultramontanos de la Iglesia católica mexicana controlada por los jesuitas, con ayuda de bancos y empresas petroleras extranjeras, por derrocar la Revolución Mexicana de 1910 y su Constitución de 1917. Aunque se hablaba que esta lucha armada se debía al artículo 27 de la Constitución y porque la iglesia debía registrarse para poder ser oficial y pagar cuota al gobierno.
Abusando de su pupilo Álvaro Obregón se reeligió como presidente de México y, durante la celebración del triunfo, fue asesinado en 1928. El Turco aplicó su maximato de 1928 a 1934. Sin embargo, al designar a su cuarto sucesor, al purépecha (Lázaro Cárdenas) se indisciplina y lo expulsa del país.
En el segundo lustro de la década de los 30, se aplicaron acciones económicas por la reforma agraria y la creación de los "ejidos" en el agro mexicano; y por la nacionalización de los recursos del subsuelo, en especial, del petróleo, que originó la última sedición, vinculada directamente a intereses económicos, la rebelión cedillista de 1938, que fue promovida de la mano de las empresas petroleras estadounidenses.
Los grupos económicos imperialistas, apoyados por las principales potencias mundiales, influyeron en el curso de la revolución (Véase Friedrich Katz, La Guerra Secreta en México, Ed. Era, México 1982).
El largo periodo reformista (véase Anatoli Shulgovsky, México en la encrucijada de su historia, Ediciones de Cultura Popular, México 1977) se acentúo con la nacionalización de los ferrocarriles y la industria petrolera (véase op. cit. infra de Hans Jürgen.). La Revolución Mexicana fue el triunfo definitivo del modo de producción capitalista sobre el feudocapitalismo (Algunas interpretaciones sobre la revolución mexicana se encuentran en Et. Al. Interpretaciones de la Revolución Mexicana, Ed. Nueva Imagen, México 1981). El camino del capitalismo industrial estaba allanado.
A partir de 1940 comienza un retorno de las inversiones extranjeras y contrarreformas que atemperan las reformas y México se encaminó por el cambio de una economía de producción primaria, basada en actividades agropecuarias (Véase Michel Gutelman en Capitalismo y Reforma Agraria en México, Ed. Era, México 1974) y mineras, hacia una nación semindustrializada. Esta marcha fue robustecida por la demanda de materias primas mexicanas para la industria bélica estadounidense. Al mismo tiempo, las dificultades de abasto exterior favoreció el desarrollo de la industria ligera (Véase Raymond Vernon, El dilema del desarrollo económico de México, Ed. Diana, México 1970).
En el contexto planetario de la economía de Guerra Fría, durante 20 años la factoría se hace presente. A partir de la quinta década del siglo XX, el capitalismo industrial se abre paso, basado en la industria doméstica, la incipiente manufactura, la industria maquinizada, el fomento de la explotación de nuevas riquezas y la consolidación del mercado interior.
En los años 60 que siguen este proceso es apoyado por el Estado que nacionaliza la industria eléctrica y al mismo tiempo actúa como capitalista estatal impulsando, entre otras, la industria automotriz.
El resultado es la erección de un capitalismo de Estado suigeneris en México.
La integración más formal entre México y Estados Unidos comenzó a materializarse de una manera más clara en 1965, cuando se establece el programa de las maquiladoras en el norte de México vinculadas a la industria automotriz.
En los años que siguen, se da un rápido crecimiento económico en un marco de reducida inflación. Por más de 30 años la economía mexicana creció a tasas mayores a 6 % anual (Véase Roger D. Hansen La Política del Desarrollo Mexicano, Ed. Siglo XXI, México 1979). Sin embargo, este crecimiento pronto se trastoca en una creciente inflación y un fuerte aumento de la deuda externa, cuyo estallido se da con el movimiento de 1968 y en la crisis de 1971.
Este crítico lapso culmina con la fragor de la crisis económica (Véase Raúl González Soriano, Ensayos sobre la acumulación de capital en México, Ed. UAP, México 1983) con la devaluación del peso en el segundo lustro de los años 70. En el marco de la tendencia critica (Véase Pedro López y otros, Capitalismo y Crisis en México, Ediciones de Cultura Popular, México 1979) del capitalismo mundial de posguerra, seguidamente se promovió fuertemente la industria petrolera, incrementando el gasto público y, por ende, la deuda externa, originando una escalada inflacionaria y el peso se devaluó de nuevo en 1982 ahora con una aguda fuga de capitales.
Resumiendo. Los factores que hicieron posible el crecimiento sostenido de la economía mexicana en las décadas siguientes a 1940, decantando en un capitalismo monopolista de Estado, fueron los siguientes: 1) El enorme volumen y la variedad de riquezas del país, con cuantiosos recursos naturales; 2) El potentísimo incremento de la población y el crecimiento urbano; 3) La reforma agraria y el reparto de tierras (Veáse Et. Al. Historia de las Ligas de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos, 5 tomos, Ed. CNC-CEHAM, México 1988), y la construcción de obras hidráulicas y caminos; 4) La formación de enormes empresas públicas y la creación de infraestructura; 5) La demanda de guerra y la expansión del mercado mundial de posguerra; y, 6) La afluencia de capitales extranjeros, principalmente estadounidenses.
El detonador de la crisis económica de 1982 en México fue la moratoria de pagos de la deuda externa y su causa una sobreproducción de petróleo a nivel mundial que redujo los precios del crudo, impactando negativamente los ingresos públicos del país por ese concepto (véase NAFINSA. Testimonios del Mercado de Valores. Tomo II: El Desarrollo Económico y Participación del Estado en la Economía Nacional, México 1990. Carta de Intención de México al Fondo Monetario Internacional (FMI) del 22 noviembre de 1982, pp. 240-245).
A principios de la década de los ochenta del siglo pasado, aprovechando la recurrencia de las crisis económicas, el elevado servicio de la deuda externa, las secuelas del desbastador terremoto de 1985 y la abrupta caída del precio del petróleo, el capitalismo monopolista privado define y construye su senda(Miguel Basáñez, refiere en La lucha por la Hegemonía en México 1968-1990, Ed. Siglo XXI, México 1990), con el crecimiento de las grandes fábricas y el desarrollo de complejos industriales, fortalecido con el proceso de transformación de la propiedad estatal en capital privado (Véase Et Al. México, presente y futuro, Ediciones de Cultura Popular, México 1985).
La crisis de 1982 origina un quiebre en la senda del desarrollo del capitalismo en México (Véanse al respecto Pablo González Casanova y otros, México ante la crisis, Tomo I, Ed. Siglo XXI, México 1985; Et. al México, auge, crisis y ajuste, Lecturas No. 73 Tomo II, Ed. FCE, México 1992; y, Et. al. Estancamiento económico y crisis social en México 1983-1988, Tomo I, Ed. UAM, México 1989), iniciándose un proceso de transformación del capital público en capital privado.
En la frontera final de los años ochenta y principios de los noventa, se inician reformas económicas (Véase Et. Al. Reformas económicas en México 1982-1999, Lecturas No. 92, Ed. FCE, México 2000) y se reanuda el crecimiento sin provocar el resurgimiento de la inflación, pero la tendencia monopólica privada del capitalismo se acentúa y termina por consolidarse, aprovechando la crisis de las postrimerías agónicas de 1994.
Con el decisivo apoyo del financiamiento estadounidense y del marco comercial del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), se pudo “sortear” la crisis, especialmente el trance bancario, y se consolidó un núcleo exportador manufacturero, principalmente de bienes de consumo duradero y en menor medida de petróleo, para abastecer de bienes de consumo a la economía de Estados Unidos.
En el primer año del tercer milenio, los factores externos vinculados a la debilidad estructural interna de la economía (sin sectores o ramas estratégicas) provocaron una pequeña recesión con desempleo, pero que generó un lapso de atasco productivo (El PIB decreció en -0.2 % en 2000, en 0.8 % en 2001 y en 1.4 % en 2002; véase la variación porcentual del PIB en INEGI, BID). La crisis intensifico la transnacionalización de la producción y la consolidación de la dominación monopólica capitalista sobre la economía.
Esta crisis constituyó la advertencia de la complicación que vendría más adelante. A finales de 2008 la economía mexicana fue alcanzada por la crisis financiera mundial, que pronto derivó en recesión con desempleo. La dificultad poco a poco, ha venido resultando en un estancamiento económico.
Los principales factores detrás de la crisis mexicana que la impacto a partir de agosto de 2008, fueron: 1) La desaceleración del crecimiento de Estados Unidos por la tendencia a la sincronía del ciclo económico; 2) El grado de Integración de la economía mexicana con la estadounidense (alrededor del 40%: Para crecer la economía mexicana tiene que importar maquinaria, equipo y materias primas. Además más del 95 % de las patentes son extranjeras. La mayor parte de la tecnología y los procedimientos científicos que se usan son extranjeros); y, 3) El alto volumen de comercio exterior (cerca del 90 %: Véanse las cifras de comercio exterior en el BID del INEGI) con los yanquis. Esencialmente el elemento causal sustancial fue una relativa sobreproducción nacional en relación a la demanda estadounidense.
Durante 2009 la economía mexicana cayó en una fase recesiva (Según el INEGI en 2009 el PIB cayó en 6.5 %). En 2010 la fase del ciclo económico en se encuentra la evolución de la economía mexicana es un periodo de estancamiento productivo, donde prácticamente se ha detenido el proceso de producción o las condiciones de crecimiento son mínimas o casi cero. De otro lado, la política económica repitió los mismos parámetros, por lo que las medidas económicas aplicadas han sido incapaces de sortear y atenuar la crisis económica del país.
Sintetizando: A medida de que el capitalismo se ha venido intensificando profundamente y ampliando extensivamente en el país, el comportamiento de la economía mexicana se ha hecho más cíclico y la política económica actúa de manera más coyuntural que de largo plazo.
¿Hoy qué tipo de economía es la que hay México?
El país ha quedado en manos de unos pocos grandes monopolios capitalistas propiedad principalmente de extranjeros (camuflados o disfrazados: Véase “Las 500 empresas más grandes de México” en el suplemento de la Revista Expansión de 2010) beneficiarios del estatismo económico del pasado reciente. Esta situación ha traído como consecuencia que los pequeños capitalistas se han convertido en un cuerpo de hombres que ganan la subsistencia trabajando para otros. Las ciudades y las fábricas han aumentado, porque más personas se han desplazado a ellas, en busca de lugares y empleo. Del conjunto, los estratos inferiores humanos están siendo alterados en todos sentidos siempre para lo peor. De pequeños propietarios del capital, muchos mexicanos se verán reducidos al estado de subsidiarios del capital monopolista o, en el peor de los casos, en jornaleros y asalariados, engrosando las filas de la pobreza.
El capitalismo mexicano depende y está integrado, formal (TLC) y realmente (tecnología y mercado), al capitalismo estadounidense y en gran medida todavía a los monopolios del país hispano (Véase como los españoles monopolizan la producción y venta de alcohol, y envenenan genocidamente al pueblo mexicano). ¡Lo que ha variado es la composición y disposición de los amos, los esclavos continúan siendo los mismos! Esto hay que tomarlo en cuenta a la hora de proyectar un futuro mejor para los mexicanos.
El escenario nacional es patético y nada halagüeño si miramos algunas otras aristas: 1) Millones de mexicanos habitan en terrenos de alto riesgo, sin una opción futura de reubicación en territorio adecuado para vivir sin desasosiego (Adviértase lo que pasa cuando el país sufre los estragos de huracanes y otras inclemencias naturales); 2) La población del país vive la pesadilla de la forma actual de combatir la delincuencia que no responde el supremo concepto de policía por el cual garantice la conservación de las personas, sus derechos y su propiedad, además de que no articula prevención con represión (Los muertos de la guerra que sostiene el gobierno federal contra el narcotráfico rebasa ya los 30 mil mexicanos); 3) No hay formas reales de empleo para los jóvenes mexicanos y para los mayores, que garanticen una forma de vida legal y digna (El desempleo es agobiante. La tasa de desempleo oficial que da el INEGI ya rebasa el 6 %, casi 3 millones de parados); 4) No se cuenta con una potente industria y mucho menos con desarrollo tecnológico doméstico, que permita sentar las bases endógenas del desarrollo económico, básicamente las manufacturas producen bienes de consumo (Véase la composición del PIB industrial por subsectores en el BID del INEGI); 5) La fuerte banca privada extranjera saquea el esfuerzo económico de los mexicanos y, 6) la guerra civil está destrozando las pocas burbujas económicas del país (La economía no por ser ilegal deja de ser economía). La zozobra de pueblo mexicano puede urdir su violencia.
Del saqueo español y del robo gringo de la mitad del territorio, todavía no se repone el país. Incluso algunos corifeos de los españoles han venal y descaradamente regalado los activos de país, como fue el caso del prevaricador cedillista trajinando impunemente los ferrocarriles que impulsaron al país por la senda del capitalismo primario exportador y sirvieron a los mexicanos que hicieron la revolución. Hoy en día los mexicanos todavía continúan siendo esclavizados por los monopolios hispanos y yanquis.
¿Por qué luchó la revolución de 1910?
1) Por la tierra, pero hoy la situación del campo mexicano no es nada boyante, adolece de pobreza extrema; 2) Por la educación, pero actualmente la educación está en manos de una mafia que atora en la ignorancia y la corrupción al país; 3) Por el movimiento obrero y la vigencia del Artículo 123 constitucional, pero al presente los trabajadores son explotados principalmente por extranjeros y el precepto es un mero deseo obrero.
La Constitución de 1917, producto de la revolución mexicana, ha sido violada sistemáticamente. Hoy más que nunca el orden constitucional y las garantías constitucionales de los ciudadanos han sido quebrantados en la guerra que vive México. Además hay un creciente desmantelamiento del legado histórico del movimiento popular revolucionario iniciado a principios del siglo XX.
¿Cuál es el futuro de México que se vislumbra en lo inmediato?
Más explotación de los mexicanos, más saqueo del país, más muertos y menos opciones de desarrollo.
¿Qué se debe celebrar entonces?
¡La esclavitud del pueblo mexicano!
¿Qué debemos hacer?
1) Enlistar a los traidores del país; 2) Reescribir la historia reciente de México; 3) Evaluación de las actuales potencialidades militares de la nación; 4) Rehacer el orden constitucional; 5) Terminar con la soterrada guerra civil; 6) Impulsar el desarrollo económico del país; y, 7) Refundar la patria.
Recuérdese que solo durante un tiempo (y sólo por un tiempo) se puede oprimir, obligar, sobornar, quebrantar o destrozar… Hay que luchar porque en todo el país la gente disfrute de prosperidad, bienestar y tranquilidad. Es seguro que los mexicanos alcanzaremos esa meta si adelantamos hacia un país que esté libre de la pobreza y de la violencia… En todo caso, la revolución se puede repetir con más terror, violencia, saña y virulencia que en el pasado…
En México la revolución económica del primer tercio del siglo XX, le dio un fuerte y violento impulso al capitalismo agroindustrial, para la transformación de la economía agraria en industrial, su encauce evolutivo hacia un capitalismo monopolista de Estado y la formación de las bases del capitalismo monopolista privado que hoy en día vive el país.
El progresivo avance económico, avivado por la formativa megatendencia mundial monopólica del capitalismo (Véase Hans Jürgen Harrer, 1910-1917 Raíces Económicas de la Revolución Mexicana, Ediciones Taller Abierto, México 1983) trajo aparejada una diferenciación económica: 1) Una clase alta, formada por españoles, otros extranjeros y una burguesía criolla, cada vez más rica; y, 2) Un pueblo mexicano hambriento y analfabeto, cada vez más pobre (Véase Friedrich Katz, La Servidumbre Agraria en México, Ed. Era, México 1980) Una fuerte ola de descontento, que reclamaba otra vez libertad y restitución de las tierras, se extendía por el país.
La transformación de la economía agraria en industrial (Véase Et. Al. Historia de la Cuestión Agraria, 9 tomos, Ed. Siglo XXI, México 1988) necesitaba un fuerte y violento impulso, que le fue proporcionado con la revolución mexicana del primer tercio del siglo XX.
En 1910 estalló la revolución al bramido de la restitución de tierras y hambre de pan. Comenzó la marcha ascendente de la revolución, principalmente bajo el empuje en masa de los campemin (campesinos y mineros). La muchedumbre revolucionaria de los campemin estaba conformada por gran parte de la miserable clase social popular: De un lado, los campesinos desposeídos de sus tierras (Véase Adolfo Gilly, La revolución Interrumpida, Ed. Caballito, México 1977), sujetos a míseros ingresos y víctimas de la arbitrariedad de los hacendados; y, de otro lado, la porción los mineros explotados por empresas extranjeras (Véase Jesús Silva Herzog, El Pensamiento Económico, Social y Político de México 1810-1964, Ed. FCE, México 1967 p.19)
El trasfondo económico del malestar agrario que da origen al cambio radical revolucionario, son, entre otros, las haciendas y los latifundios, las infrahumanas condiciones de vida de los peones y campesinos, el despojo de tierras y las tiendas de raya (Véase Jesús Silva Herzog, Breve Historia de la revolución Méxicana, 2 tomos, Ed. FCE, México 1973).
En el plano económico el Plan de San Luis (Documento promulgado desde San Antonio, Texas, por el hacendado Francisco I. Madero) que convocó formalmente a la revolución, se comprometía a restituir a los campesinos las tierras que les habían sido arrebatadas por los hacendados.
Comenzaron a surgir levantamientos armados a lo largo de México en 1910 y se alteró la vida económica. Zapata se sublevó porque Madero incumplió con el reparto de tierras y proclamó el Plan de Ayala, exigiendo la restauración de los derechos agrarios y reivindicando el reparto inmediato de tierras.
A principios de 1913, los intereses económicos de las compañías estadounidenses en México, decidieron pactar la muerte de Madero. Prontamente apareció un oportunista ranchero-empresario (Venustiano Carranza) con el Plan de Guadalupe (26 de marzo de 1913) que tenía como único fin remover el gobierno ilegal de Victoriano Huerta y no contenía ninguna reivindicación económica. Al caer el gobierno de Huerta y tomar el ejército constitucionalista la ciudad de México, el ejército federal estaba vencido y deshecho.
Inmediatamente se convocó a una Convención Republicana, que decide remover del cargo a Venustiano Carranza y nombra al comerciante y minero Eulalio Gutiérrez Ortiz presidente interno, por lo cual Venustiano Carranza sale de la ciudad de México y establece su gobierno en Veracruz durante el resto de 1913, 1914 y 1915.
Mientras tanto con la alianza entre Emiliano Zapata y Pancho Villa formalizada en el Pacto de Xochimilco, firmado el 4 de diciembre de 1914, se tomó la Ciudad de México por parte de los ejércitos revolucionarios campesinos-populares, que reivindicaban el reparto de tierras y mejores condiciones de vida.
Con la dirección de Carranza y Obregón, el ejército constitucionalista, contraatacó a los ejércitos revolucionarios lidereados por los caudillos revolucionarios Villa y zapata. Durante 1915 Villa fue derrotado por Álvaro Obregón y los constitucionalistas en la famosa Batalla de Celaya, perdería después la batalla de Trinidad, la batalla de León y la batalla de Aguascalientes, por lo que tendría que replegarse otra vez hacia el norte del país. A fines de ese año decidió invadir el estado de Sonora, pero los constitucionalistas, mejor pertrechados, los repelieron, derrotándolo en Agua Prieta, bajo el mando de Plutarco Elías Calles y en el Alamito comandados por el general Manuel M. Diéguez.
A principios de 1916 Villa invadió Estados Unidos. Entretanto Zapata, el caudillo del Sur, y su ejército fue acorralado en Morelos, donde ínterin implantaron un gobierno campesino comunitario sobre la base de la economía ejidal.
Instalado Carranza en la Ciudad de México, el 15 de septiembre de 1916, ya derrotados Villa y Zapata, y “restablecida” la paz, declara una Reforma al Plan de Guadalupe, donde se convoca a un Congreso Constituyente para que modifique la constitución del país.
La nueva Constitución Política del 5 de febrero de 1917, en su artículo 27 sentó la base de la reforma agraria y de la nacionalización del subsuelo; el precepto 123 estableció el esquema de la legislación obrero-patronal. Estos dos artículos constitucionales cristalizaban los anhelos populares campesinos y obreros, y establecieron el marco normativo de la convivencia económica de las clases fundamentales del país (Véase Arnaldo Córdova en La Ideología de la Revolución Mexicana, Ed. Era, México 1977).
Así la victoria revolucionaria impulsó el reparto de tierras que, de un lado, afectó las haciendas y las compañías agrícolas y, de otro, comenzó a beneficiar a los campesinos sin tierra (véase Esperanza Fujigaki Cruz, Modernización Agrícola y Revolución, Ed. UNAM, México 2001).
Se establecieron las condiciones propias de la relación capital-trabajo. La nueva Constitución reconocía el derecho al trabajo digno y socialmente útil. Además implantaba la jornada de trabajo máxima de 8 horas y se reconocían las libertades de expresión, de huelga y asociación de los trabajadores, y abolía la esclavitud.
Complementariamente se procedió a la reorganización del sistema educativo y se estableció el derecho a la educación, siendo ésta otorgada por el Estado de manera laica y gratuita.
La lucha armada de la revolución mexicana que reclamaba al inicio una mejora en las condiciones de vida y de trabajo para las clases marginadas, como obreros y campesinos, duró alrededor de una década y cobró la vida de cientos de miles de mexicanos.
Durante el transcurso de la lucha armada de la revolución, aunque el desorden y la violencia ocasionaron un atoramiento en la economía mexicana y por lo tanto un estancamiento económico en casi todas las actividades productivas, principalmente en la agricultura. Este fenómeno evidentemente adquirió diversas magnitudes de acuerdo a las regiones en donde, en algunas, continuaron las actividades económicas, aunque alteradas por el marco de la contienda y la consecuente inestabilidad que se generó (Véase John Womack, “La economía de México durante la revolución 1910-1920”, Revista Argumentos, UAM, Junio de 1987.
La Revolución Mexicana de 1910-1917 fue la primera gran revolución del Siglo XX, espoleada por la población explotada y dirigida por sus caudillos y personajes destacados de la pequeña burguesía y los intelectuales (Véase John Reed México Insurgente, Ed. Ariel, México 1977).
La dupla Carranza-Obregón asesinó a traición al guerrillero del mediodía: el caudillo campesino Emiliano Zapata fue eliminado el 10 de abril de 1919. Abrazando la tierra que tanto amó murió el gran Caudillo del Sur.
Sin embargo, el enfrentamiento endógeno en el constitucionalismo se dio y marcó la poslucha armada con crueles enfrentamientos y el inicio de arteros asesinatos. El manco de Celaya aliándose con un sujeto apodado “El Turco”, proclamó el Plan de Agua Prieta el 23 de abril de 1920 en contra de Carranza, desconociendo su gobierno. El jefe constitucionalista Venustiano Carranza también fue asesinado el 21 de mayo de 1920 mientras dormía en un jacal en la región del estado de Puebla.
Durante su gestión presidencial Obregón a partir de 1920 comenzó la repartición de tierras a los campesinos del Estado de México y Morelos y la fundación de escuelas rurales. Además dio concesiones a Estados Unidos, en materia agraria y del petróleo, porque la política nacionalista del artículo 27 constitucional afectaba los intereses de las compañías extranjeras en México.
El magnate petrolero William F. Buckley y el banquero Thomas W. Lamont de J.P. Morgan, formaron la Asociación Americana de México en 1921, para oponerse a la expropiación del petróleo por parte del Gobierno mexicano. Lamont también presidía el Comité Internacional de Banqueros, mismo que exigía que México garantizara el pago de su deuda externa a los bancos.
Para allanarle el camino a Plutarco Elías Calles, Obregón y éste fraguaron la supresión de Villa: El Centauro del Norte Pancho Villa fue arteramente asesinado por el “servicio secreto” del “El Turco” el 20 de julio de 1923 cuando mientras se dirigía manejando un auto a una fiesta familiar en Parral. A fines de 1923 dio inicio la rebelión delahuertista, pero sus integrantes fueron derrotados rápidamente y su líder, Adolfo de la Huerta, huyó a Panamá en 1924, mismo año en que Calles fue hecho presidente.
En 1925 se creó el Banco de México, se ordenó la construcción de carreteras, se creó la primera línea aérea, se fundó los bancos Ejidal y Agrícola, restauró la Escuela de Agronomía de Chapingo y fundó la Escuela Médico-Veterinaria, construyó presas, sistemas de riego y numerosas escuelas rurales, además de la Reforma fiscal de 1925 relacionada con el Impuesto sobre la Renta.
Durante su mandato también se inicia en 1926 la llamada Guerra Cristera en un intento de elementos feudales ultramontanos de la Iglesia católica mexicana controlada por los jesuitas, con ayuda de bancos y empresas petroleras extranjeras, por derrocar la Revolución Mexicana de 1910 y su Constitución de 1917. Aunque se hablaba que esta lucha armada se debía al artículo 27 de la Constitución y porque la iglesia debía registrarse para poder ser oficial y pagar cuota al gobierno.
Abusando de su pupilo Álvaro Obregón se reeligió como presidente de México y, durante la celebración del triunfo, fue asesinado en 1928. El Turco aplicó su maximato de 1928 a 1934. Sin embargo, al designar a su cuarto sucesor, al purépecha (Lázaro Cárdenas) se indisciplina y lo expulsa del país.
En el segundo lustro de la década de los 30, se aplicaron acciones económicas por la reforma agraria y la creación de los "ejidos" en el agro mexicano; y por la nacionalización de los recursos del subsuelo, en especial, del petróleo, que originó la última sedición, vinculada directamente a intereses económicos, la rebelión cedillista de 1938, que fue promovida de la mano de las empresas petroleras estadounidenses.
Los grupos económicos imperialistas, apoyados por las principales potencias mundiales, influyeron en el curso de la revolución (Véase Friedrich Katz, La Guerra Secreta en México, Ed. Era, México 1982).
El largo periodo reformista (véase Anatoli Shulgovsky, México en la encrucijada de su historia, Ediciones de Cultura Popular, México 1977) se acentúo con la nacionalización de los ferrocarriles y la industria petrolera (véase op. cit. infra de Hans Jürgen.). La Revolución Mexicana fue el triunfo definitivo del modo de producción capitalista sobre el feudocapitalismo (Algunas interpretaciones sobre la revolución mexicana se encuentran en Et. Al. Interpretaciones de la Revolución Mexicana, Ed. Nueva Imagen, México 1981). El camino del capitalismo industrial estaba allanado.
A partir de 1940 comienza un retorno de las inversiones extranjeras y contrarreformas que atemperan las reformas y México se encaminó por el cambio de una economía de producción primaria, basada en actividades agropecuarias (Véase Michel Gutelman en Capitalismo y Reforma Agraria en México, Ed. Era, México 1974) y mineras, hacia una nación semindustrializada. Esta marcha fue robustecida por la demanda de materias primas mexicanas para la industria bélica estadounidense. Al mismo tiempo, las dificultades de abasto exterior favoreció el desarrollo de la industria ligera (Véase Raymond Vernon, El dilema del desarrollo económico de México, Ed. Diana, México 1970).
En el contexto planetario de la economía de Guerra Fría, durante 20 años la factoría se hace presente. A partir de la quinta década del siglo XX, el capitalismo industrial se abre paso, basado en la industria doméstica, la incipiente manufactura, la industria maquinizada, el fomento de la explotación de nuevas riquezas y la consolidación del mercado interior.
En los años 60 que siguen este proceso es apoyado por el Estado que nacionaliza la industria eléctrica y al mismo tiempo actúa como capitalista estatal impulsando, entre otras, la industria automotriz.
El resultado es la erección de un capitalismo de Estado suigeneris en México.
La integración más formal entre México y Estados Unidos comenzó a materializarse de una manera más clara en 1965, cuando se establece el programa de las maquiladoras en el norte de México vinculadas a la industria automotriz.
En los años que siguen, se da un rápido crecimiento económico en un marco de reducida inflación. Por más de 30 años la economía mexicana creció a tasas mayores a 6 % anual (Véase Roger D. Hansen La Política del Desarrollo Mexicano, Ed. Siglo XXI, México 1979). Sin embargo, este crecimiento pronto se trastoca en una creciente inflación y un fuerte aumento de la deuda externa, cuyo estallido se da con el movimiento de 1968 y en la crisis de 1971.
Este crítico lapso culmina con la fragor de la crisis económica (Véase Raúl González Soriano, Ensayos sobre la acumulación de capital en México, Ed. UAP, México 1983) con la devaluación del peso en el segundo lustro de los años 70. En el marco de la tendencia critica (Véase Pedro López y otros, Capitalismo y Crisis en México, Ediciones de Cultura Popular, México 1979) del capitalismo mundial de posguerra, seguidamente se promovió fuertemente la industria petrolera, incrementando el gasto público y, por ende, la deuda externa, originando una escalada inflacionaria y el peso se devaluó de nuevo en 1982 ahora con una aguda fuga de capitales.
Resumiendo. Los factores que hicieron posible el crecimiento sostenido de la economía mexicana en las décadas siguientes a 1940, decantando en un capitalismo monopolista de Estado, fueron los siguientes: 1) El enorme volumen y la variedad de riquezas del país, con cuantiosos recursos naturales; 2) El potentísimo incremento de la población y el crecimiento urbano; 3) La reforma agraria y el reparto de tierras (Veáse Et. Al. Historia de las Ligas de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos, 5 tomos, Ed. CNC-CEHAM, México 1988), y la construcción de obras hidráulicas y caminos; 4) La formación de enormes empresas públicas y la creación de infraestructura; 5) La demanda de guerra y la expansión del mercado mundial de posguerra; y, 6) La afluencia de capitales extranjeros, principalmente estadounidenses.
El detonador de la crisis económica de 1982 en México fue la moratoria de pagos de la deuda externa y su causa una sobreproducción de petróleo a nivel mundial que redujo los precios del crudo, impactando negativamente los ingresos públicos del país por ese concepto (véase NAFINSA. Testimonios del Mercado de Valores. Tomo II: El Desarrollo Económico y Participación del Estado en la Economía Nacional, México 1990. Carta de Intención de México al Fondo Monetario Internacional (FMI) del 22 noviembre de 1982, pp. 240-245).
A principios de la década de los ochenta del siglo pasado, aprovechando la recurrencia de las crisis económicas, el elevado servicio de la deuda externa, las secuelas del desbastador terremoto de 1985 y la abrupta caída del precio del petróleo, el capitalismo monopolista privado define y construye su senda(Miguel Basáñez, refiere en La lucha por la Hegemonía en México 1968-1990, Ed. Siglo XXI, México 1990), con el crecimiento de las grandes fábricas y el desarrollo de complejos industriales, fortalecido con el proceso de transformación de la propiedad estatal en capital privado (Véase Et Al. México, presente y futuro, Ediciones de Cultura Popular, México 1985).
La crisis de 1982 origina un quiebre en la senda del desarrollo del capitalismo en México (Véanse al respecto Pablo González Casanova y otros, México ante la crisis, Tomo I, Ed. Siglo XXI, México 1985; Et. al México, auge, crisis y ajuste, Lecturas No. 73 Tomo II, Ed. FCE, México 1992; y, Et. al. Estancamiento económico y crisis social en México 1983-1988, Tomo I, Ed. UAM, México 1989), iniciándose un proceso de transformación del capital público en capital privado.
En la frontera final de los años ochenta y principios de los noventa, se inician reformas económicas (Véase Et. Al. Reformas económicas en México 1982-1999, Lecturas No. 92, Ed. FCE, México 2000) y se reanuda el crecimiento sin provocar el resurgimiento de la inflación, pero la tendencia monopólica privada del capitalismo se acentúa y termina por consolidarse, aprovechando la crisis de las postrimerías agónicas de 1994.
Con el decisivo apoyo del financiamiento estadounidense y del marco comercial del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), se pudo “sortear” la crisis, especialmente el trance bancario, y se consolidó un núcleo exportador manufacturero, principalmente de bienes de consumo duradero y en menor medida de petróleo, para abastecer de bienes de consumo a la economía de Estados Unidos.
En el primer año del tercer milenio, los factores externos vinculados a la debilidad estructural interna de la economía (sin sectores o ramas estratégicas) provocaron una pequeña recesión con desempleo, pero que generó un lapso de atasco productivo (El PIB decreció en -0.2 % en 2000, en 0.8 % en 2001 y en 1.4 % en 2002; véase la variación porcentual del PIB en INEGI, BID). La crisis intensifico la transnacionalización de la producción y la consolidación de la dominación monopólica capitalista sobre la economía.
Esta crisis constituyó la advertencia de la complicación que vendría más adelante. A finales de 2008 la economía mexicana fue alcanzada por la crisis financiera mundial, que pronto derivó en recesión con desempleo. La dificultad poco a poco, ha venido resultando en un estancamiento económico.
Los principales factores detrás de la crisis mexicana que la impacto a partir de agosto de 2008, fueron: 1) La desaceleración del crecimiento de Estados Unidos por la tendencia a la sincronía del ciclo económico; 2) El grado de Integración de la economía mexicana con la estadounidense (alrededor del 40%: Para crecer la economía mexicana tiene que importar maquinaria, equipo y materias primas. Además más del 95 % de las patentes son extranjeras. La mayor parte de la tecnología y los procedimientos científicos que se usan son extranjeros); y, 3) El alto volumen de comercio exterior (cerca del 90 %: Véanse las cifras de comercio exterior en el BID del INEGI) con los yanquis. Esencialmente el elemento causal sustancial fue una relativa sobreproducción nacional en relación a la demanda estadounidense.
Durante 2009 la economía mexicana cayó en una fase recesiva (Según el INEGI en 2009 el PIB cayó en 6.5 %). En 2010 la fase del ciclo económico en se encuentra la evolución de la economía mexicana es un periodo de estancamiento productivo, donde prácticamente se ha detenido el proceso de producción o las condiciones de crecimiento son mínimas o casi cero. De otro lado, la política económica repitió los mismos parámetros, por lo que las medidas económicas aplicadas han sido incapaces de sortear y atenuar la crisis económica del país.
Sintetizando: A medida de que el capitalismo se ha venido intensificando profundamente y ampliando extensivamente en el país, el comportamiento de la economía mexicana se ha hecho más cíclico y la política económica actúa de manera más coyuntural que de largo plazo.
¿Hoy qué tipo de economía es la que hay México?
El país ha quedado en manos de unos pocos grandes monopolios capitalistas propiedad principalmente de extranjeros (camuflados o disfrazados: Véase “Las 500 empresas más grandes de México” en el suplemento de la Revista Expansión de 2010) beneficiarios del estatismo económico del pasado reciente. Esta situación ha traído como consecuencia que los pequeños capitalistas se han convertido en un cuerpo de hombres que ganan la subsistencia trabajando para otros. Las ciudades y las fábricas han aumentado, porque más personas se han desplazado a ellas, en busca de lugares y empleo. Del conjunto, los estratos inferiores humanos están siendo alterados en todos sentidos siempre para lo peor. De pequeños propietarios del capital, muchos mexicanos se verán reducidos al estado de subsidiarios del capital monopolista o, en el peor de los casos, en jornaleros y asalariados, engrosando las filas de la pobreza.
El capitalismo mexicano depende y está integrado, formal (TLC) y realmente (tecnología y mercado), al capitalismo estadounidense y en gran medida todavía a los monopolios del país hispano (Véase como los españoles monopolizan la producción y venta de alcohol, y envenenan genocidamente al pueblo mexicano). ¡Lo que ha variado es la composición y disposición de los amos, los esclavos continúan siendo los mismos! Esto hay que tomarlo en cuenta a la hora de proyectar un futuro mejor para los mexicanos.
El escenario nacional es patético y nada halagüeño si miramos algunas otras aristas: 1) Millones de mexicanos habitan en terrenos de alto riesgo, sin una opción futura de reubicación en territorio adecuado para vivir sin desasosiego (Adviértase lo que pasa cuando el país sufre los estragos de huracanes y otras inclemencias naturales); 2) La población del país vive la pesadilla de la forma actual de combatir la delincuencia que no responde el supremo concepto de policía por el cual garantice la conservación de las personas, sus derechos y su propiedad, además de que no articula prevención con represión (Los muertos de la guerra que sostiene el gobierno federal contra el narcotráfico rebasa ya los 30 mil mexicanos); 3) No hay formas reales de empleo para los jóvenes mexicanos y para los mayores, que garanticen una forma de vida legal y digna (El desempleo es agobiante. La tasa de desempleo oficial que da el INEGI ya rebasa el 6 %, casi 3 millones de parados); 4) No se cuenta con una potente industria y mucho menos con desarrollo tecnológico doméstico, que permita sentar las bases endógenas del desarrollo económico, básicamente las manufacturas producen bienes de consumo (Véase la composición del PIB industrial por subsectores en el BID del INEGI); 5) La fuerte banca privada extranjera saquea el esfuerzo económico de los mexicanos y, 6) la guerra civil está destrozando las pocas burbujas económicas del país (La economía no por ser ilegal deja de ser economía). La zozobra de pueblo mexicano puede urdir su violencia.
Del saqueo español y del robo gringo de la mitad del territorio, todavía no se repone el país. Incluso algunos corifeos de los españoles han venal y descaradamente regalado los activos de país, como fue el caso del prevaricador cedillista trajinando impunemente los ferrocarriles que impulsaron al país por la senda del capitalismo primario exportador y sirvieron a los mexicanos que hicieron la revolución. Hoy en día los mexicanos todavía continúan siendo esclavizados por los monopolios hispanos y yanquis.
¿Por qué luchó la revolución de 1910?
1) Por la tierra, pero hoy la situación del campo mexicano no es nada boyante, adolece de pobreza extrema; 2) Por la educación, pero actualmente la educación está en manos de una mafia que atora en la ignorancia y la corrupción al país; 3) Por el movimiento obrero y la vigencia del Artículo 123 constitucional, pero al presente los trabajadores son explotados principalmente por extranjeros y el precepto es un mero deseo obrero.
La Constitución de 1917, producto de la revolución mexicana, ha sido violada sistemáticamente. Hoy más que nunca el orden constitucional y las garantías constitucionales de los ciudadanos han sido quebrantados en la guerra que vive México. Además hay un creciente desmantelamiento del legado histórico del movimiento popular revolucionario iniciado a principios del siglo XX.
¿Cuál es el futuro de México que se vislumbra en lo inmediato?
Más explotación de los mexicanos, más saqueo del país, más muertos y menos opciones de desarrollo.
¿Qué se debe celebrar entonces?
¡La esclavitud del pueblo mexicano!
¿Qué debemos hacer?
1) Enlistar a los traidores del país; 2) Reescribir la historia reciente de México; 3) Evaluación de las actuales potencialidades militares de la nación; 4) Rehacer el orden constitucional; 5) Terminar con la soterrada guerra civil; 6) Impulsar el desarrollo económico del país; y, 7) Refundar la patria.
Recuérdese que solo durante un tiempo (y sólo por un tiempo) se puede oprimir, obligar, sobornar, quebrantar o destrozar… Hay que luchar porque en todo el país la gente disfrute de prosperidad, bienestar y tranquilidad. Es seguro que los mexicanos alcanzaremos esa meta si adelantamos hacia un país que esté libre de la pobreza y de la violencia… En todo caso, la revolución se puede repetir con más terror, violencia, saña y virulencia que en el pasado…
martes, 26 de octubre de 2010
Premio Nobel de Economía 2010
El Premio Nobel de Economía ha sido entregado desde 1969. Formalmente el laurel siempre ha estado relacionado con economistas que han obtenido “logros” o aportaciones de economía de libre mercado, por lo que frecuentemente se han incluido entre los galardonados a matemáticos adosados de economistas, ingenieros económicos y otra pléyade de medioeconomistas o seudoeconomos.
El premio Nobel de Economía no es sufragado por la Fundación Nobel, sino por el Banco de Suecia, pero es dotado también con 10 millones de coronas suecas (1.5 millones de dólares), como los otros premios que otorga la academia.
Este año el premio Nobel de Economía 2010 fue otorgado a un matemático yanqui semilabrado en economía Peter Diamond y dos economistas académicos, uno también estadounidense Dale Mortensen y el otro un britanochipriota Christopher Pissarides.
¿Quiénes son los Nobel de Economía 2010?
Por la espontaneidad y necesaria brevedad de este artículo, a continuación se presentan algunos comentarios de carácter más o menos general, sin profundizar en detalles técnicos y mucho menos científicos. La motivación de este modo de ver las cosas, obedece más bien a las dificultades que muestra el pensamiento económico actual para entender y resolver el problema del desempleo.
El estadounidense Peter Diamond es profesor del MIT (Massachusetts Institute of Technology). El exconsejero en Seguridad Social nació en 1940, obtuvo el título en Matemáticas en la Universidad de Yale en 1960 y un doctorado en el MIT en 1963. Actualmente el matecónomo es candidato a consejero de la Fed (Sistema de Reserva Federal) de Estados Unidos.
La semblanza de la investigación del septuagenario institutor incluye temas sobre la deuda del Gobierno, óptima tributación, mercados de capitales y riesgo compartido, la exploración y equilibrio en mercados laborales, y sobre la seguridad social.
Según la agencia France Presse, el miteniano preceptor expresó, tras recibir la corona tripartita, que la recuperación después de la crisis será aún “dolorosa” y, además, defendió el salvataje de los bancos.
En rueda de prensa el neoyorkino dijo con esmero: “Partimos de un punto en que había una tasa de empleo particularmente elevada y creo que este proceso va a ser lento y eso es doloroso para toda la economía y obviamente doloroso para toda la gente que tiene dificultades en encontrar trabajo“. ¡Brillante descubrimiento del matemático-economista! Cabe mencionar que la historia de las crisis muestra superficial y analíticamente que la mayor carga de las crisis económicas recae sobre los trabajadores (véase p. e. Estey, Tratado sobre los Ciclos Económicos, Ed. FCE).
Sin recato el extrovertido profesor Diamond continuó enseñando: “el rescate de los bancos (tras la crisis de 2008) por molesto que resulte, era absolutamente esencial para mantener la economía en crecimiento”. El ínclito catedrático hace una defensa a ultranza de las tranzas de los capitalistas financieros. Don Peter remachaca su justificación: “Tendríamos una tasa de desempleo mucho más elevada si no fuese” por el rescate gubernamental a los bancos. Ya sabemos Sr. Diamond, sin necesidad de recurrir al análisis económico, que proverbialmente el Estado socializa las pérdidas para luego reprivatizar los beneficios. Aún más el cuasifuncionario del tesoro estadounidense pondera lo que plantea en su libro Pension Reform (Ed. Oxford press): “Pienso que la economía se adapta con facilidad. Los trabajadores y los empresarios se adaptan a aquello que hará funcionar la economía”. El geométrico keynesiano (su tributario teórico también se formó primero como matemático) debería saber que en el capitalismo las personas están sometidas a sus leyes objetivas, a las que se avienen independientemente de su voluntad (véase la ley general de la acumulación capitalista en Carlos Marx, El Capital, cap. XXIII del tomo I, Ed. Siglo XXI, 2010); por ejemplo, la competencia acicatea a los empresarios quiéranlo o no. Por lo demás su trabajo de análisis sobre “las bases de funcionamiento de ese tipo de mercados” rígidos, que muestra que los vendedores ajustan sus precios teniendo en cuenta las dificultades de los compradores durante sus búsquedas, no es más que una disertación de mercadología que no tiene nada que ver con las leyes de la ciencia económica.
Más derecho al galardón que este matemático tenía la profesora cambridiana Joan Robinson, también del mismo establo keynesiano, que injustamente nunca le dieron el discriminatorio Premio Nobel aunque poseía más méritos científicos que muchos “economistas” que han sido laureados.
El otro estadounidense premiado es Dale Mortensen, quien es doctor en Economía por la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh y, actualmente, es académico de la Northwestern University. El oregonés nació en 1939 y obtuvo el título de Economía en la Universidad Willamette de Oregon.
El profesor Dale Mortensen fue precursor en la “teoría” de investigación laboral e indagación de desempleo; luego desarrolló esos trabajos para escrutar sobre rotación laboral, búsqueda de empleo y desarrollo, relaciones personales y reubicación laboral.
El “músculo” económico del profesor septuagenario de Chicago se basa en el análisis de la dinámica del desempleo en la economía norteamericana (Véase su trabajo A theory of wage and employment dynamics, Reviews). La influencia de sus resultados indagatorios de que la fricción es equivalente a la llegada al azar de socios comerciales, se ha catequizado como la principal técnica para el análisis de los mercados laborales y los efectos de la política del mercado laboral.
Lo que no refiere el doctor estadounidense es que el fenómeno del paro estriba en que parte de los trabajadores no pueden emplearse en las empresas, se ven despedidos de la producción y no encuentran trabajo, como consecuencia de la acción de la ley económica vinculada a la acumulación de capitales y al ciclo económico. Mientras los salarios son la expresión monetaria (precio) del valor de la fuerza de trabajo vendida por los trabajadores asalariados a las empresas capitalistas. Por ejemplo, el avance tecnológico y el aumento de la intensidad del trabajo provocan que, con el aumento relativo del capital en comparación con el trabajo, se reduzca la demanda de fuerza de trabajo. Al haber creciente desocupación se eleva la intensidad del trabajo de la mano de obra ocupada, reduciéndose su salario. (Véase “El Proceso de Acumulación de Capital”, Marx opus citi supra Sec. 7ª, Vol. 3). Más allá del desempleo coyuntural, existe en la economía contemporánea un paro forzoso que responde a la mera naturaleza del régimen de producción. Por eso, sin estas herramientas de la ciencia económica, la laudable investigación del maestro de Illinois, sobre el empleo y los salarios no va allende de un profundo estudio de mercadología laboral.
El tercer premiado es el chipriota Christopher Pissarides, que obtuvo un título en Economía en 1970, la maestría en Economía en 1971 en la Universidad de Essex y posteriormente recibió un doctorado en Economía en 1973 de la London School of Economics (LSE), en la que actualmente es profesor.
A sus 62 años el profesor Pissarides se ha especializado también en la economía del desempleo, en la teoría de mercados laborales, las políticas del mercado laboral (Véase la 2da. ed. De su libro Equilibrium Unemployment Theory, MIT). La obra se centra en el modelado de las trasformaciones de entrada y salida del desempleo, teniendo en cuenta los procesos estocásticos (por el azar) que rompen con puestos de trabajo, llevando a la formación de nuevos empleos; además de las implicaciones de este enfoque para el equilibrio macroeconómico y la eficiencia del mercado de trabajo.
Aunque el anglochipriota recientemente ha escrito sobre crecimiento y cambio estructural, su fuerte ha sido la aproximación al equilibrio del mercado de trabajo, usando lo que él llama los determinantes de la tasa "natural" de desempleo y los nuevos datos sobre los flujos de trabajo. El trabajador en el modelado del mercado de trabajo “juega” en el ciclo de equilibrio de negocios y en los modelos de crecimiento y en el análisis de la política de bienestar.
El doctor Pissarides regresa a viejos postulados que ya había superado Keynes (Véase “Los postulados de la economía clásica”, cap. 2 de la Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero, Ed. FCE, 2010). El barón británico blandía que “la teoría clásica solamente es aplicable en un mundo con ocupación plena, un caso especial, en el que no existe el desempleo involuntario.”
¿Por qué los premiaron?
Según el jurado del galardón de prestigio mundial, la designación de la Fundación se consigue con las aportaciones que tras años de estudio y trabajo se trasladan a la sociedad para contribuir a su desarrollo (véase requisitos del Premio Nobel en http://nobelprize.org/).
El Premio Nobel de Economía ha ido a parar este año a los tres mencionados estudiosos del mercado laboral y el paro: Peter Diamond, Dale Mortensen y Christopher Pissarides. Los tres neokeynesianos o, al menos, tratan como aquél gran especulador de defender desesperadamente al doliente capitalismo, buscando lo que está mal —en este caso el desempleo— con el propósito de diseñar medios para salvarlo. Los tres premiados coinciden en que en el mundo hay ofertas de trabajo, pero no se encuentran por la rigidez del mercado laboral.
Una razón de peso de la galardónicante decisión, es que el alto nivel de desempleo o la situación del trabajador —en edad, condiciones y disposición de laborar—, que carece de empleo o puesto de trabajo y, por tanto, de sueldo o salario, se ha transformado en un dolor de cabeza para el capitalismo contemporáneo. Se estima que actualmente se necesitan crear 750 millones de puestos de empleo a nivel planetario y unos 22 millones de empleos para comenzar a recuperar los 213 millones que se perdieron por la crisis (según la OIT-Organización Internacional del Trabajo). En realidad el desempleo es un problema orgánico o estructural del capitalismo, que se agudiza con el desarrollo del capitalismo monopolista.
En el terreno “científico” la Academia sueca premió a Peter Diamond, Dale Mortensen y Christopher Pissarides, por sus teorías sobre las fricciones en el mercado laboral. ¿Qué son las “fricciones”? Según los concedidos: ¡Los impedimentos al buen funcionamiento del mercado de trabajo! En cristiano: Los desequilibrios. Bajo esta moldura: ¿Qué contribuciones de estos autores premiados son distintivamente significativas? Por ejemplo, el matecónomo Diamond demostró que no era necesario que los costos de búsqueda de empleo por parte de las empresas y de los trabajadores fueran muy altos, para que los resultados del mercado yacieran sensiblemente distintos a los que se desprendían del paradigma tradicional (¿?). El “hallazgo” de la triada de investigadores, dio envión y sostén a sus argumentos de que se podían observar situaciones persistentes de desempleo que posibilitaban un manejo de tipo keynesiano de la política económica (con disposiciones fiscales o monetarias que procuraran combatir el desempleo). ¡Se volvió al vetusto tema de los años 30 en tiempos de Keynes! Los elementos “nuevos” se vinculan a cosas como a que las normas de protección del empleo tienen impactos diferentes en el mercado según cómo se diseñen. Otra perla es que los costos de despido, que consisten básicamente en que la empresa le pague una indemnización al trabajador, no tienen un impacto significativo en la creación de empleos y en el nivel de desocupación estructural. En cambio, reviran que las regulaciones que dificultan los despidos sí tienen efectos negativos en el empleo, por lo que es más importante que la fijación de indemnizaciones por despido sea más eficiente que las normas que traben la concreción de despidos.
Al contestar la interrogante ¿Por qué hay tanta gente sin trabajo si en el mismo momento hay empresas que no logran contratar trabajadores?, los tres expertos en desempleo no toman en cuenta que el nivel del número de la relativa población trabajadora sobrante (paro forzoso) o superflua en relación con las necesidades que de ella tiene el capital (evolución de la acumulación); además omiten que el número de trabajadores se zarandea con las fluctuaciones cíclicas de la economía y de que aumenta en los periodos de crisis. Por ejemplo, en caso de la economía mexicana siempre ha tenido un nivel de población que no es ocupada. Considerando cifras del INEGI: Tenemos que en los últimos 25 años las tasas de desempleo van de poco más de 2 % hasta la más alta que se dio en 1987 donde alcanzó más de 20 %. Basado en la misma fuente estadística: Poco antes de la crisis de 2008, en 2007 la tasa de desempleo apenas llegaba a 2.8 % (unos 1.3 millones de los 47 de la PEA), pero en el primer trimestre de 2009, en la caída más drástica del ciclo capitalista, se disparó a más de 5.8 % (llegando a 2.7 millones de mexicanos desempleados); hubo un crecimiento porcentual de 107 % en términos relativos y de 1.4 millones en absoluto de gentes sin trabajo. ¡Por más que se “descubran” las fricciones, los desequilibrios o los impedimentos para que la oferta y la demanda se encuentren en el mercado, la economía es terca y transita por su inexorable sendero en el marco de sus leyes y tendencias! Otro ejemplo, es el caso del gobierno mexicano que en los últimos años ha venido haciendo “esfuerzos” por vincular, a través de la Secretaría del Trabajo, las fuentes de trabajo con los demandantes de empleo, sin resultados positivos a la vista; también las cifras del IMSS muestran cifras alegres porque, entre otras cosas, no distingue entre empleo productivo y empleo improductivo. Los más que estos doctores muestran es que “cuando la economía recibe un shock negativo el desempleo sube rápido (las empresas despiden trabajadores) mientras que cuando la economía recibe un shock positivo, el desempleo baja en forma más lenta”.
Con un camuflado “neo”keynesianismo y reivindicando el canon teórico clásico de la igualdad de la oferta y la demanda en equilibrio (sin “fricciones”), los honrados académicos con el galardón de reputación planetaria, contestan la pregunta de ¿Cómo influyen las políticas de protección del empleo o los seguros de paro? Los recompensados consideran que perjudican más las trabas burocráticas que las indemnizaciones. Igual que la intermediación laboral, o las políticas activas de empleo, son claves en la lucha contra el paro. También defienden que un salario mínimo correcto(¿?) puede ayudar a aumentar el empleo y el bienestar social. Todos sabemos que los salarios mínimos normalmente están en los límites de la subsistencia y de lo infrahumano. ¿Usted cree que un mexicano puede vivir con un salario mínimo de 55 pesos (promedio SAT) al día? Se argumenta que un incremento de los ayudas (seguro) por desempleo aminora los alicientes de los trabajadores a buscar trabajo o a aceptar ofertas concretas de las empresas o demandantes de empleo. ¿Y en los países atrasados (que son los muchos) que no se cuenta con esta red de protección?
Aun así la Academia Suiza considera que el modelo Diamond-Mortensen-Pissarides es la "herramienta más usada" para analizar el desempleo, cómo las compañías reclutan trabajadores y la formación de los salarios, y para disminuir los costos de búsqueda (¿agencia de colocaciones?). Según el jurado del nobel sus trabajos podrían explicar cómo la desocupación, las vacantes de empleo y los salarios, son afectados por la regulación y la política económica. Pero, además, considera (¡sorprendentemente!) que como la teoría de Diamond, Mortensen y Pissarides se sustenta en fórmulas matemáticas, es aplicable a más campos. Por ejemplo, al social, como en el caso concreto, de los divorcios. Más: ¿Por qué en una sociedad con pocos divorcios la tendencia es a que haya menos? La respuesta es sencilla: hay menos oportunidades de encontrar nueva pareja, así que se desincentivan los divorcios. ¡Sorprendente descubrimiento científico! ¿Qué quiere decir eso? ¿Cómo se relaciona con el mercado de trabajo?
El modelo económico de estos autores es una simplificación muy grande de sesudas nociones sin correspondencia cierta con la crítica situación económica relacionada con el desempleo. Los ofrendadores del nobilísimo premio, elevaron el modelo a fórmula mágica para revolver el desempleo que campea en el planeta. El desempleo es una realidad inevitable en todos los países del mundo. Mirando de cerca las cosas, el desempleo es un fenómeno orgánico del capitalismo. Además en la realidad no existen ni han constado situaciones de pleno empleo. El pleno empleo es una vacuidad sin sustento en el movimiento de las condiciones reales del proceso de reproducción en el marco de la atmósfera económica actual. Los académicos premiados usan la palabreja “fricciones” para sustituir la palabra desequilibrio, que negaría su postulado esencial, promoviendo un confusionismo extraordinario. Los recompensados trasladan “conceptos” económicos de una realidad histórica pasada a una situación contemporánea más compleja, como espigadores economizantes.
Sobre el desempleo los dómines presentan sus trabajos en el lenguaje indigerido de una salsa ecléctico-económica de la síntesis neoclasicokeynesiana y en una abigarrada y sofisticada ostentación matemática. Estos autores tratan de reimponer el algoritmo o procedimiento matemático como método de investigación en economía, en lugar de considerarlo un medio auxiliar para exponer e ilustrar sus ideas. Lo único que muestra el empleo de esquemas matemáticos es que los hechos de la vida económica se hallan sujetos a leyes tan exactas como los hechos de la naturaleza física. Dejando de lado el potaje de yerbajos teóricos, un camino correcto para abordar el problema económico podría ser partir del desempleo como fenómeno universal del capitalismo, reflejando mentalmente sus generalidades y particularidades, para ir construyendo un marco analítico lógico que pueda interpretar la realidad en la medida en que la refleja y la constata. Los principales organismos económicos del mundo, el FMI, el BM, la OECD entre otros, han pretendido solucionar el problema del desempleo como la verdadera salida de la crisis, cuando deberían de considerar más bien atenuarlo. Para que disminuya el desempleo se necesita crecer, pero el capitalismo no crece linealmente ni indefinidamente. Bien pensado el problema del empleo y su contraparte en desempleo, hay que considerar que solo partiendo de una masa de materiales históricos y actuales sobre el tema, analíticamente cribados y totalmente dominados, pude capacitarnos para dar una aconseja del alivio temporal del tamaño del problema a la luz de las actuales condiciones materiales del capitalismo contemporáneo.
En el selecto trío de los nobeles en economía de 2010 hay muchos planteamientos de baja aplicación, que parecen sacados de la imaginación de la matemática abstracta. Poco o nada se ha contribuido a entender el capitalismo monopolista contemporáneo, sobre las implicaciones de las políticas económicas y, mucho menos, sobre el fracaso de los organismos económicos multilaterales para la administración del sistema monetario internacional y en la lucha en contra de la pobreza. En la crisis económica que se vive, se hubiera esperado que el papel de un Premio Nobel vaya más allá de la compleja teoría, que hubiese profundizado en la ciencia económica y pasara a la aplicación práctica, que verdaderamente aportara mucho y transformara la vetusta política económica para crear una nueva tendencia en el manejo económico de los países.
El premio Nobel de Economía no es sufragado por la Fundación Nobel, sino por el Banco de Suecia, pero es dotado también con 10 millones de coronas suecas (1.5 millones de dólares), como los otros premios que otorga la academia.
Este año el premio Nobel de Economía 2010 fue otorgado a un matemático yanqui semilabrado en economía Peter Diamond y dos economistas académicos, uno también estadounidense Dale Mortensen y el otro un britanochipriota Christopher Pissarides.
¿Quiénes son los Nobel de Economía 2010?
Por la espontaneidad y necesaria brevedad de este artículo, a continuación se presentan algunos comentarios de carácter más o menos general, sin profundizar en detalles técnicos y mucho menos científicos. La motivación de este modo de ver las cosas, obedece más bien a las dificultades que muestra el pensamiento económico actual para entender y resolver el problema del desempleo.
El estadounidense Peter Diamond es profesor del MIT (Massachusetts Institute of Technology). El exconsejero en Seguridad Social nació en 1940, obtuvo el título en Matemáticas en la Universidad de Yale en 1960 y un doctorado en el MIT en 1963. Actualmente el matecónomo es candidato a consejero de la Fed (Sistema de Reserva Federal) de Estados Unidos.
La semblanza de la investigación del septuagenario institutor incluye temas sobre la deuda del Gobierno, óptima tributación, mercados de capitales y riesgo compartido, la exploración y equilibrio en mercados laborales, y sobre la seguridad social.
Según la agencia France Presse, el miteniano preceptor expresó, tras recibir la corona tripartita, que la recuperación después de la crisis será aún “dolorosa” y, además, defendió el salvataje de los bancos.
En rueda de prensa el neoyorkino dijo con esmero: “Partimos de un punto en que había una tasa de empleo particularmente elevada y creo que este proceso va a ser lento y eso es doloroso para toda la economía y obviamente doloroso para toda la gente que tiene dificultades en encontrar trabajo“. ¡Brillante descubrimiento del matemático-economista! Cabe mencionar que la historia de las crisis muestra superficial y analíticamente que la mayor carga de las crisis económicas recae sobre los trabajadores (véase p. e. Estey, Tratado sobre los Ciclos Económicos, Ed. FCE).
Sin recato el extrovertido profesor Diamond continuó enseñando: “el rescate de los bancos (tras la crisis de 2008) por molesto que resulte, era absolutamente esencial para mantener la economía en crecimiento”. El ínclito catedrático hace una defensa a ultranza de las tranzas de los capitalistas financieros. Don Peter remachaca su justificación: “Tendríamos una tasa de desempleo mucho más elevada si no fuese” por el rescate gubernamental a los bancos. Ya sabemos Sr. Diamond, sin necesidad de recurrir al análisis económico, que proverbialmente el Estado socializa las pérdidas para luego reprivatizar los beneficios. Aún más el cuasifuncionario del tesoro estadounidense pondera lo que plantea en su libro Pension Reform (Ed. Oxford press): “Pienso que la economía se adapta con facilidad. Los trabajadores y los empresarios se adaptan a aquello que hará funcionar la economía”. El geométrico keynesiano (su tributario teórico también se formó primero como matemático) debería saber que en el capitalismo las personas están sometidas a sus leyes objetivas, a las que se avienen independientemente de su voluntad (véase la ley general de la acumulación capitalista en Carlos Marx, El Capital, cap. XXIII del tomo I, Ed. Siglo XXI, 2010); por ejemplo, la competencia acicatea a los empresarios quiéranlo o no. Por lo demás su trabajo de análisis sobre “las bases de funcionamiento de ese tipo de mercados” rígidos, que muestra que los vendedores ajustan sus precios teniendo en cuenta las dificultades de los compradores durante sus búsquedas, no es más que una disertación de mercadología que no tiene nada que ver con las leyes de la ciencia económica.
Más derecho al galardón que este matemático tenía la profesora cambridiana Joan Robinson, también del mismo establo keynesiano, que injustamente nunca le dieron el discriminatorio Premio Nobel aunque poseía más méritos científicos que muchos “economistas” que han sido laureados.
El otro estadounidense premiado es Dale Mortensen, quien es doctor en Economía por la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh y, actualmente, es académico de la Northwestern University. El oregonés nació en 1939 y obtuvo el título de Economía en la Universidad Willamette de Oregon.
El profesor Dale Mortensen fue precursor en la “teoría” de investigación laboral e indagación de desempleo; luego desarrolló esos trabajos para escrutar sobre rotación laboral, búsqueda de empleo y desarrollo, relaciones personales y reubicación laboral.
El “músculo” económico del profesor septuagenario de Chicago se basa en el análisis de la dinámica del desempleo en la economía norteamericana (Véase su trabajo A theory of wage and employment dynamics, Reviews). La influencia de sus resultados indagatorios de que la fricción es equivalente a la llegada al azar de socios comerciales, se ha catequizado como la principal técnica para el análisis de los mercados laborales y los efectos de la política del mercado laboral.
Lo que no refiere el doctor estadounidense es que el fenómeno del paro estriba en que parte de los trabajadores no pueden emplearse en las empresas, se ven despedidos de la producción y no encuentran trabajo, como consecuencia de la acción de la ley económica vinculada a la acumulación de capitales y al ciclo económico. Mientras los salarios son la expresión monetaria (precio) del valor de la fuerza de trabajo vendida por los trabajadores asalariados a las empresas capitalistas. Por ejemplo, el avance tecnológico y el aumento de la intensidad del trabajo provocan que, con el aumento relativo del capital en comparación con el trabajo, se reduzca la demanda de fuerza de trabajo. Al haber creciente desocupación se eleva la intensidad del trabajo de la mano de obra ocupada, reduciéndose su salario. (Véase “El Proceso de Acumulación de Capital”, Marx opus citi supra Sec. 7ª, Vol. 3). Más allá del desempleo coyuntural, existe en la economía contemporánea un paro forzoso que responde a la mera naturaleza del régimen de producción. Por eso, sin estas herramientas de la ciencia económica, la laudable investigación del maestro de Illinois, sobre el empleo y los salarios no va allende de un profundo estudio de mercadología laboral.
El tercer premiado es el chipriota Christopher Pissarides, que obtuvo un título en Economía en 1970, la maestría en Economía en 1971 en la Universidad de Essex y posteriormente recibió un doctorado en Economía en 1973 de la London School of Economics (LSE), en la que actualmente es profesor.
A sus 62 años el profesor Pissarides se ha especializado también en la economía del desempleo, en la teoría de mercados laborales, las políticas del mercado laboral (Véase la 2da. ed. De su libro Equilibrium Unemployment Theory, MIT). La obra se centra en el modelado de las trasformaciones de entrada y salida del desempleo, teniendo en cuenta los procesos estocásticos (por el azar) que rompen con puestos de trabajo, llevando a la formación de nuevos empleos; además de las implicaciones de este enfoque para el equilibrio macroeconómico y la eficiencia del mercado de trabajo.
Aunque el anglochipriota recientemente ha escrito sobre crecimiento y cambio estructural, su fuerte ha sido la aproximación al equilibrio del mercado de trabajo, usando lo que él llama los determinantes de la tasa "natural" de desempleo y los nuevos datos sobre los flujos de trabajo. El trabajador en el modelado del mercado de trabajo “juega” en el ciclo de equilibrio de negocios y en los modelos de crecimiento y en el análisis de la política de bienestar.
El doctor Pissarides regresa a viejos postulados que ya había superado Keynes (Véase “Los postulados de la economía clásica”, cap. 2 de la Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero, Ed. FCE, 2010). El barón británico blandía que “la teoría clásica solamente es aplicable en un mundo con ocupación plena, un caso especial, en el que no existe el desempleo involuntario.”
¿Por qué los premiaron?
Según el jurado del galardón de prestigio mundial, la designación de la Fundación se consigue con las aportaciones que tras años de estudio y trabajo se trasladan a la sociedad para contribuir a su desarrollo (véase requisitos del Premio Nobel en http://nobelprize.org/).
El Premio Nobel de Economía ha ido a parar este año a los tres mencionados estudiosos del mercado laboral y el paro: Peter Diamond, Dale Mortensen y Christopher Pissarides. Los tres neokeynesianos o, al menos, tratan como aquél gran especulador de defender desesperadamente al doliente capitalismo, buscando lo que está mal —en este caso el desempleo— con el propósito de diseñar medios para salvarlo. Los tres premiados coinciden en que en el mundo hay ofertas de trabajo, pero no se encuentran por la rigidez del mercado laboral.
Una razón de peso de la galardónicante decisión, es que el alto nivel de desempleo o la situación del trabajador —en edad, condiciones y disposición de laborar—, que carece de empleo o puesto de trabajo y, por tanto, de sueldo o salario, se ha transformado en un dolor de cabeza para el capitalismo contemporáneo. Se estima que actualmente se necesitan crear 750 millones de puestos de empleo a nivel planetario y unos 22 millones de empleos para comenzar a recuperar los 213 millones que se perdieron por la crisis (según la OIT-Organización Internacional del Trabajo). En realidad el desempleo es un problema orgánico o estructural del capitalismo, que se agudiza con el desarrollo del capitalismo monopolista.
En el terreno “científico” la Academia sueca premió a Peter Diamond, Dale Mortensen y Christopher Pissarides, por sus teorías sobre las fricciones en el mercado laboral. ¿Qué son las “fricciones”? Según los concedidos: ¡Los impedimentos al buen funcionamiento del mercado de trabajo! En cristiano: Los desequilibrios. Bajo esta moldura: ¿Qué contribuciones de estos autores premiados son distintivamente significativas? Por ejemplo, el matecónomo Diamond demostró que no era necesario que los costos de búsqueda de empleo por parte de las empresas y de los trabajadores fueran muy altos, para que los resultados del mercado yacieran sensiblemente distintos a los que se desprendían del paradigma tradicional (¿?). El “hallazgo” de la triada de investigadores, dio envión y sostén a sus argumentos de que se podían observar situaciones persistentes de desempleo que posibilitaban un manejo de tipo keynesiano de la política económica (con disposiciones fiscales o monetarias que procuraran combatir el desempleo). ¡Se volvió al vetusto tema de los años 30 en tiempos de Keynes! Los elementos “nuevos” se vinculan a cosas como a que las normas de protección del empleo tienen impactos diferentes en el mercado según cómo se diseñen. Otra perla es que los costos de despido, que consisten básicamente en que la empresa le pague una indemnización al trabajador, no tienen un impacto significativo en la creación de empleos y en el nivel de desocupación estructural. En cambio, reviran que las regulaciones que dificultan los despidos sí tienen efectos negativos en el empleo, por lo que es más importante que la fijación de indemnizaciones por despido sea más eficiente que las normas que traben la concreción de despidos.
Al contestar la interrogante ¿Por qué hay tanta gente sin trabajo si en el mismo momento hay empresas que no logran contratar trabajadores?, los tres expertos en desempleo no toman en cuenta que el nivel del número de la relativa población trabajadora sobrante (paro forzoso) o superflua en relación con las necesidades que de ella tiene el capital (evolución de la acumulación); además omiten que el número de trabajadores se zarandea con las fluctuaciones cíclicas de la economía y de que aumenta en los periodos de crisis. Por ejemplo, en caso de la economía mexicana siempre ha tenido un nivel de población que no es ocupada. Considerando cifras del INEGI: Tenemos que en los últimos 25 años las tasas de desempleo van de poco más de 2 % hasta la más alta que se dio en 1987 donde alcanzó más de 20 %. Basado en la misma fuente estadística: Poco antes de la crisis de 2008, en 2007 la tasa de desempleo apenas llegaba a 2.8 % (unos 1.3 millones de los 47 de la PEA), pero en el primer trimestre de 2009, en la caída más drástica del ciclo capitalista, se disparó a más de 5.8 % (llegando a 2.7 millones de mexicanos desempleados); hubo un crecimiento porcentual de 107 % en términos relativos y de 1.4 millones en absoluto de gentes sin trabajo. ¡Por más que se “descubran” las fricciones, los desequilibrios o los impedimentos para que la oferta y la demanda se encuentren en el mercado, la economía es terca y transita por su inexorable sendero en el marco de sus leyes y tendencias! Otro ejemplo, es el caso del gobierno mexicano que en los últimos años ha venido haciendo “esfuerzos” por vincular, a través de la Secretaría del Trabajo, las fuentes de trabajo con los demandantes de empleo, sin resultados positivos a la vista; también las cifras del IMSS muestran cifras alegres porque, entre otras cosas, no distingue entre empleo productivo y empleo improductivo. Los más que estos doctores muestran es que “cuando la economía recibe un shock negativo el desempleo sube rápido (las empresas despiden trabajadores) mientras que cuando la economía recibe un shock positivo, el desempleo baja en forma más lenta”.
Con un camuflado “neo”keynesianismo y reivindicando el canon teórico clásico de la igualdad de la oferta y la demanda en equilibrio (sin “fricciones”), los honrados académicos con el galardón de reputación planetaria, contestan la pregunta de ¿Cómo influyen las políticas de protección del empleo o los seguros de paro? Los recompensados consideran que perjudican más las trabas burocráticas que las indemnizaciones. Igual que la intermediación laboral, o las políticas activas de empleo, son claves en la lucha contra el paro. También defienden que un salario mínimo correcto(¿?) puede ayudar a aumentar el empleo y el bienestar social. Todos sabemos que los salarios mínimos normalmente están en los límites de la subsistencia y de lo infrahumano. ¿Usted cree que un mexicano puede vivir con un salario mínimo de 55 pesos (promedio SAT) al día? Se argumenta que un incremento de los ayudas (seguro) por desempleo aminora los alicientes de los trabajadores a buscar trabajo o a aceptar ofertas concretas de las empresas o demandantes de empleo. ¿Y en los países atrasados (que son los muchos) que no se cuenta con esta red de protección?
Aun así la Academia Suiza considera que el modelo Diamond-Mortensen-Pissarides es la "herramienta más usada" para analizar el desempleo, cómo las compañías reclutan trabajadores y la formación de los salarios, y para disminuir los costos de búsqueda (¿agencia de colocaciones?). Según el jurado del nobel sus trabajos podrían explicar cómo la desocupación, las vacantes de empleo y los salarios, son afectados por la regulación y la política económica. Pero, además, considera (¡sorprendentemente!) que como la teoría de Diamond, Mortensen y Pissarides se sustenta en fórmulas matemáticas, es aplicable a más campos. Por ejemplo, al social, como en el caso concreto, de los divorcios. Más: ¿Por qué en una sociedad con pocos divorcios la tendencia es a que haya menos? La respuesta es sencilla: hay menos oportunidades de encontrar nueva pareja, así que se desincentivan los divorcios. ¡Sorprendente descubrimiento científico! ¿Qué quiere decir eso? ¿Cómo se relaciona con el mercado de trabajo?
El modelo económico de estos autores es una simplificación muy grande de sesudas nociones sin correspondencia cierta con la crítica situación económica relacionada con el desempleo. Los ofrendadores del nobilísimo premio, elevaron el modelo a fórmula mágica para revolver el desempleo que campea en el planeta. El desempleo es una realidad inevitable en todos los países del mundo. Mirando de cerca las cosas, el desempleo es un fenómeno orgánico del capitalismo. Además en la realidad no existen ni han constado situaciones de pleno empleo. El pleno empleo es una vacuidad sin sustento en el movimiento de las condiciones reales del proceso de reproducción en el marco de la atmósfera económica actual. Los académicos premiados usan la palabreja “fricciones” para sustituir la palabra desequilibrio, que negaría su postulado esencial, promoviendo un confusionismo extraordinario. Los recompensados trasladan “conceptos” económicos de una realidad histórica pasada a una situación contemporánea más compleja, como espigadores economizantes.
Sobre el desempleo los dómines presentan sus trabajos en el lenguaje indigerido de una salsa ecléctico-económica de la síntesis neoclasicokeynesiana y en una abigarrada y sofisticada ostentación matemática. Estos autores tratan de reimponer el algoritmo o procedimiento matemático como método de investigación en economía, en lugar de considerarlo un medio auxiliar para exponer e ilustrar sus ideas. Lo único que muestra el empleo de esquemas matemáticos es que los hechos de la vida económica se hallan sujetos a leyes tan exactas como los hechos de la naturaleza física. Dejando de lado el potaje de yerbajos teóricos, un camino correcto para abordar el problema económico podría ser partir del desempleo como fenómeno universal del capitalismo, reflejando mentalmente sus generalidades y particularidades, para ir construyendo un marco analítico lógico que pueda interpretar la realidad en la medida en que la refleja y la constata. Los principales organismos económicos del mundo, el FMI, el BM, la OECD entre otros, han pretendido solucionar el problema del desempleo como la verdadera salida de la crisis, cuando deberían de considerar más bien atenuarlo. Para que disminuya el desempleo se necesita crecer, pero el capitalismo no crece linealmente ni indefinidamente. Bien pensado el problema del empleo y su contraparte en desempleo, hay que considerar que solo partiendo de una masa de materiales históricos y actuales sobre el tema, analíticamente cribados y totalmente dominados, pude capacitarnos para dar una aconseja del alivio temporal del tamaño del problema a la luz de las actuales condiciones materiales del capitalismo contemporáneo.
En el selecto trío de los nobeles en economía de 2010 hay muchos planteamientos de baja aplicación, que parecen sacados de la imaginación de la matemática abstracta. Poco o nada se ha contribuido a entender el capitalismo monopolista contemporáneo, sobre las implicaciones de las políticas económicas y, mucho menos, sobre el fracaso de los organismos económicos multilaterales para la administración del sistema monetario internacional y en la lucha en contra de la pobreza. En la crisis económica que se vive, se hubiera esperado que el papel de un Premio Nobel vaya más allá de la compleja teoría, que hubiese profundizado en la ciencia económica y pasara a la aplicación práctica, que verdaderamente aportara mucho y transformara la vetusta política económica para crear una nueva tendencia en el manejo económico de los países.
lunes, 27 de septiembre de 2010
[In]dependencia económica
El concepto de “independencia” apareció entre las colonias para reaccionar contra el colonialismo. La independencia económica de un pueblo es la situación de un país que no está sometido a la economía de otro. Por otro lado, la dependencia económica es un entorno en la que la producción y riqueza de un país está condicionada por el desarrollo de otro u otros países a los cuales queda sometido. En la historia la dependencia económica se encuentra principalmente asociada al colonialismo y al imperialismo.
Además de la enorme porosa frontera con el país vecino, la economía mexicana tiene un alto grado de dependencia de la economía estadounidense. Se estima que el grado de Integración de la economía mexicana con la de Estados Unidos es de más de 1/3 de la economía. Las más de 4/5 partes del volumen de comercio exterior se hace con los estadounidenses. Los españoles controlan gran parte de la economía del país, como es el caso de los monopolios de alimentos, licores, bienes y raíces, bancos, hoteles y muchos más. La vida de la mayoría de los mexicanos depende de los intereses estadounidenses e hispanos.
¿Cómo es que se ha llegado ante tan sombría situación económica?
En el Continente del Poniente las personas que estaban unidas familiarmente formaban un clan, como era el caso de los chontales de la gran tribu olmeca. La economía de los olmecas estaba basada en los productos agrícolas, con los que comerciaban, tanto entre ellos como con otros pueblos vecinos. Los olmecas llevaban y traían diferentes mercancías para intercambiar con el hule, el cacao y el maíz que producían. El grano y el chocolate formaban parte de su dieta, en la que se incluían la carne de pescado, tortugas, venados y perros domesticados. El comercio olmeca se llevó hasta lugares apartados como Guerrero, el valle de México, Oaxaca y la zona Maya ─incluyendo Guatemala─, y más allá con los demás grupos americanos.
Posteriormente el pueblo azteca ─legatario de la estirpe americana─ dominó la región de México desde principios del siglo XIV hasta la invasión española. La mayor parte de la población del Anáhuac eran artesanos, agricultores, servidores públicos, soldados, etc., que se organizaban en grupos de parentesco o calpulli (tribu). El calpulli era una unidad social de los mexicas, en la que se ordenaba la vida familiar, política, económica y militar de un clan. La economía de los aztecas era doméstica y tribal, basada en la propiedad comunal de la tierra. La agricultura era la base de la vida mexicana junto con el maíz. Los mexicas completaban su alimentación con la caza y la pesca. Entre las actividades germinoindustriales merecen destacarse la textil (algodón, pelo de conejo, etc.), metalúrgica (trabajo con metales), cerámica y joyería. En todas las ciudades había un gran mercado donde comerciaban lo que producían utilizando como moneda metales y el trueque de productos. La economía azteca se sustentaba en las actividades agrarias y en complejas redes de intercambio que abarcaban todo el señorío.
Con la invasión española, los hispanos saquearon las riquezas y destruyeron sistemáticamente la economía azteca ─incluyendo todos los monumentos civiles y religiosos─, implantándose un feudocapitalismo colonial que duró tres siglos, borrando hasta los cimientos de toda manifestación de la economía americana. Dondequiera que los españoles ponían los pies, seguían la devastación y la despoblación. Los españoles redujeron a la población indígena a la servidumbre semejante al rancio feudalismo europeo de siglos pasados. Había comenzado el exterminio, la esclavización y el enclaustramiento del pueblo mexicano. El capitalismo medieval de la “Nueva España”, se basó en el despojo, la rapiña, el pillaje, el robo, la depredación. En México había enormes latifundios y minas de oro y plata que eran de los españoles por el latrocinio. El usufructo colonial se asentaba en la explotación colonial y la expoliación de la mano de obra mexicana esclavizada, sometida a crueldades, asesinatos y tortura. Se les impartió a los aztecas el cristianismo y, con este, el trabajo forzado en las minas y haciendas, palizas brutales y la muerte. Las relaciones económicas se caracterizaban por relaciones de traiciones, asesinatos, sobornos, masacres y vilezas. Las riquezas extraídas de México venían chorreando sangre y suciedad. Aunque el robo de la riqueza mexicana iba a engrosar las arcas de la ostentosa y podrida corona española, y el vaticano legalizaba el holocausto de los aztecas, la maldición de aquella la perseguiría por los siglos de los siglos.
A finales del siglo XVIII asciende la hacienda y el peonaje. Los ocupantes españoles ven a México como inagotable fuente de recursos. La minería, la agricultura, la ganadería y el comercio de México, atienden los requerimientos de España y han sostenido por siglos el florecimiento de las promiscuas monarquías europeas.
La expoliación de las riquezas del país por España, la penosa esclavitud de los mexicanos, la contradicción entre los estancos y el comercio, la evolución mundial del capitalismo hacia las guerras de las potencias por el control de las materias primas, el eco de las revoluciones burguesas, la expulsión de los jesuitas, la promiscua conducta de la monarquía borbónica y la invasión gala a península ibérica, presionaba e inducía la necesidad de hacer saltar en pedazos los candados del dominio colonial.
Se estima que a comienzos del siglo XIX, en la Nueva España se asentaban más de 6 millones de habitantes, de los cuales la décima parte conformada por españoles ─europeos y criollos─, detentaban la casi totalidad de las riquezas de México. El hambre, la esclavitud y la desesperación de millones de mexicanos, eran un caldo de cultivo libertario para su segundo momento constitutivo.
A pesar de las solapadas maniobras, las clases privilegiadas, principalmente los terratenientes criollos (nacidos en América pero no menos hispanos) y la burguesía indiana, con el apoyo como carne de cañón de ejércitos de campesinos mexicanos desposeídos que luchaban por su libertad y la devolución de las tierras, obtuvieron a sangre y fuego la “independencia”, que en el terreno económico se expresó en una serie de reformas de corte tímidamente liberal, las cuales dejaron intacto la propiedad de los españoles sobre las riquezas conculcadas a los aztecas, pero que le abrió paso a la formación del mercado interior.
La debilidad de la burguesía mexicana en ciernes, posibilitó el robo y la mutilación de la mitad del territorio nacional por los estadounidenses. Si España se había atragantado impunemente de las riquezas del país, Estados Unidos se agandayó y partió a México en dos, quedándose con una suculenta mitad del país. Como la tierra es la madre de la riqueza, a México no solo fue robado in situ sino que le castraron la posibilidad futura de creación de riqueza.
La profunda reforma juarista desamortiza gran parte de la riqueza en manos del clero, lo que impulsa la acumulación primitiva de capitales a favor del capitalismo agroindustrial, que fue interrumpida por la invasión y ocupación temporal gala al país. Derrotadas las tropas de los invasores francos, poco a poco continuó la evolución de la agricultura mercantil, el sistema fabril de la agricultura, la diferenciación del campesinado, la hacienda con la tienda de raya; fortaleciendo los procesos del capitalismo agroindustrial vinculado al mercado mundial, cuyo punto culminante se da en el porfiriato.
Rudimentaria pero al mismo tiempo remozadamente, dio comienzo la industrialización del país y se extendieron los cultivos, desarrollándose haciendas agrícolas, ganaderas y regadíos. El paulatino progreso material y la construcción de caminos y ferrocarriles, impulsaba inexorablemente la formación del mercado interno.
El progresivo avance económico, avivado por la formativa megatendencia mundial monopólica del capitalismo, trajo aparejada una diferenciación económica: 1) Una clase alta, formada por españoles, otros extranjeros y una burguesía criolla, cada vez más rica; y, 2) Un pueblo mexicano hambriento y analfabeto, cada vez más pobre. Una fuerte ola de descontento, que reclamaba otra vez libertad y restitución de las tierras, se extendía por el país.
La transformación de la economía agraria en industrial, necesitaba un fuerte y violento impulso, que le fue proporcionado con la revolución mexicana del primer tercio del siglo XX. La victoria revolucionaria impulsó el reparto de tierras, la reorganización del sistema educativo y se establecieron las condiciones propias de la relación capital-trabajo. El largo periodo reformista se acentúo con la nacionalización de los ferrocarriles y la industria petrolera. La Revolución Mexicana fue el triunfo definitivo del modo de producción capitalista sobre el feudocapitalismo.
México se encaminó por el cambio de una economía de producción primaria, basada en actividades agropecuarias y mineras, hacia una nación semindustrializada. Esta marcha fue robustecida por la demanda de materias primas mexicanas para la industria bélica estadounidense. Al mismo tiempo, las dificultades de abasto exterior favoreció el desarrollo de la industria ligera.
En el contexto planetario de la economía de Guerra Fría, a partir de la quinta década del siglo XX, el Capitalismo industrial se abre paso, basado en la industria doméstica, la incipiente manufactura, la industria maquinizada, el fomento de la explotación de nuevas riquezas y la consolidación del mercado interior. Este proceso es apoyado por el Estado ─que incluso nacionaliza la industria eléctrica─ y éste mismo actúa como capitalista estatal. El resultado es la erección de un capitalismo de Estado suigeneris en México.
En los años que siguen, se da un rápido crecimiento económico en un marco de reducida inflación, que pronto se trastoca en una creciente inflación y un fuerte aumento de la deuda externa, que culmina con la devaluación del peso en el segundo lustro de los años 70. En el marco de la tendencia critica del capitalismo mundial de posguerra, seguidamente se promovió fuertemente la industria petrolera, incrementando el gasto público y, por ende, la deuda externa, originando una escalada inflacionaria y el peso se devaluó de nuevo en 1982 ahora con una aguda fuga de capitales.
Resumiendo. Los factores que hicieron posible el crecimiento sostenido de la economía mexicana en las décadas siguientes a 1940, decantando en un capitalismo monopolista de Estado, fueron los siguientes: 1) El enorme volumen y la variedad de riquezas del país, con cuantiosos recursos naturales; 2) El potentísimo incremento de la población y el crecimiento urbano; 3) La reforma agraria y el reparto de tierras, y la construcción de obras hidráulicas y caminos; 4) La formación de enormes empresas públicas y la creación de infraestructura; 5) La demanda de guerra y la expansión del mercado mundial de posguerra; y, 6) La afluencia de capitales extranjeros, principalmente estadounidenses.
A principios de la década de los ochenta del siglo pasado, aprovechando la recurrencia de las crisis económicas, el elevado servicio de la deuda externa, las secuelas del desbastador terremoto de 1985 y la abrupta caída del precio del petróleo, el capitalismo monopolista privado define y construye su senda, con el crecimiento de las grandes fábricas y el desarrollo de complejos industriales, fortalecido con el proceso de transformación de la propiedad estatal en capital privado. En la frontera final de los años ochenta y principios de los noventa, Se reanuda el crecimiento sin provocar el resurgimiento de la inflación, pero la tendencia monopólica privada del capitalismo se acentúa y termina por consolidarse, aprovechando la crisis de las postrimerías agónicas de 1994.
Con el decisivo apoyo del financiamiento estadounidense y del marco comercial del TLC, se pudo “sortear” la crisis, especialmente el trance bancario, y se consolidó un núcleo exportador manufacturero, principalmente de bienes de consumo duradero y en menor medida de petróleo, para abastecer a la economía de Estados Unidos.
En el primer año del tercer milenio, los factores externos vinculados a la debilidad estructural interna de la economía (sin sectores o ramas estratégicas) provocaron una pequeña recesión con desempleo. La crisis intensifico la transnacionalización de la producción y la consolidación de la dominación monopólica capitalista sobre la economía.
Esta crisis constituyó la advertencia de la que vendría más adelante. A finales de 2008 la economía mexicana fue alcanzada por la crisis financiera mundial, que pronto derivó en recesión con desempleo que, poco a poco, fue resultando en estancamiento económico. Los principales factores detrás de la crisis mexicana, fueron: 1) La desaceleración del crecimiento de Estados Unidos por la tendencia a la sincronía del ciclo económico; 2) El grado de Integración de la economía mexicana con la estadounidense (alrededor del 40%); y, 3) El alto volumen de comercio exterior (cerca del 90 %) con los yanquis. Esencialmente el elemento causal sustancial fue una relativa sobreproducción nacional en relación a la demanda estadounidense.
La fase del ciclo económico en se encuentra la evolución de la economía mexicana es un periodo de estancamiento productivo, donde prácticamente se ha detenido el proceso de producción. De otro lado, la política económica repitió los mismos parámetros, por lo que las medidas económicas aplicadas han sido incapaces de sortear y atenuar la crisis económica del país.
Sintetizando: A medida de que el capitalismo se ha venido intensificando y ampliando extensivamente en el país, el comportamiento de la economía mexicana se ha hecho más cíclico y la política económica actúa de manera más coyuntural que de largo plazo.
¿Hoy qué tipo de economía es la que hay México?
El país ha quedado en manos de unos pocos grandes monopolios capitalistas. Esta situación ha traído como consecuencia que los pequeños capitalistas se han convertido en un cuerpo de hombres que ganan la subsistencia trabajando para otros. Las ciudades y las fábricas han aumentado, porque más personas se han desplazado a ellas, en busca de lugares y empleo. Del conjunto, los estratos inferiores humanos están siendo alterados en todos sentidos siempre para lo peor. De pequeños propietarios del capital, muchos mexicanos se verán reducidos al estado de subsidiarios del capital monopolista o, en el peor de los casos, en jornaleros y asalariados, engrosando las filas de la pobreza.
El capitalismo mexicano depende y está integrado, formal (TLC) y realmente (tecnología y mercado), al capitalismo estadounidense y en gran medida todavía a los monopolios del país hispano. ¡Lo que ha variado es la composición y disposición de los amos, los esclavos continúan siendo los mismos! Esto hay que tomarlo en cuenta a la hora de proyectar un futuro mejor para los mexicanos.
El escenario nacional es patético si miramos algunas otras aristas: 1) Millones de mexicanos habitan en terrenos de alto riesgo, sin una opción futura de reubicación en territorio adecuado para vivir sin desasosiego; 2) La población del país vive la pesadilla de la forma actual de combatir la delincuencia que no responde el supremo concepto de policía por el cual garantice la conservación de las personas, sus derechos y su propiedad, además de que no articula prevención con represión; 3) No hay formas reales de empleo para los jóvenes mexicanos y para los mayores, que garanticen una forma de vida legal y digna; 4) No se cuenta con una potente industria y mucho menos con desarrollo tecnológico doméstico, que permita sentar las bases endógenas del desarrollo económico; y, 5) La fuerte banca privada extranjera saquea el esfuerzo económico de los mexicanos. La zozobra de los pueblos puede urdir su violencia.
Del saqueo español y del robo gringo de la mitad del territorio, todavía no se repone el país. Los mexicanos continúan siendo esclavizados por los monopolios hispanos y yanquis. ¿Qué se debe celebrar entonces? Un pueblo que olvida las afrentas está condenado a repetir los mismos errores. Por eso: ¡Nunca jamás!
Además de la enorme porosa frontera con el país vecino, la economía mexicana tiene un alto grado de dependencia de la economía estadounidense. Se estima que el grado de Integración de la economía mexicana con la de Estados Unidos es de más de 1/3 de la economía. Las más de 4/5 partes del volumen de comercio exterior se hace con los estadounidenses. Los españoles controlan gran parte de la economía del país, como es el caso de los monopolios de alimentos, licores, bienes y raíces, bancos, hoteles y muchos más. La vida de la mayoría de los mexicanos depende de los intereses estadounidenses e hispanos.
¿Cómo es que se ha llegado ante tan sombría situación económica?
En el Continente del Poniente las personas que estaban unidas familiarmente formaban un clan, como era el caso de los chontales de la gran tribu olmeca. La economía de los olmecas estaba basada en los productos agrícolas, con los que comerciaban, tanto entre ellos como con otros pueblos vecinos. Los olmecas llevaban y traían diferentes mercancías para intercambiar con el hule, el cacao y el maíz que producían. El grano y el chocolate formaban parte de su dieta, en la que se incluían la carne de pescado, tortugas, venados y perros domesticados. El comercio olmeca se llevó hasta lugares apartados como Guerrero, el valle de México, Oaxaca y la zona Maya ─incluyendo Guatemala─, y más allá con los demás grupos americanos.
Posteriormente el pueblo azteca ─legatario de la estirpe americana─ dominó la región de México desde principios del siglo XIV hasta la invasión española. La mayor parte de la población del Anáhuac eran artesanos, agricultores, servidores públicos, soldados, etc., que se organizaban en grupos de parentesco o calpulli (tribu). El calpulli era una unidad social de los mexicas, en la que se ordenaba la vida familiar, política, económica y militar de un clan. La economía de los aztecas era doméstica y tribal, basada en la propiedad comunal de la tierra. La agricultura era la base de la vida mexicana junto con el maíz. Los mexicas completaban su alimentación con la caza y la pesca. Entre las actividades germinoindustriales merecen destacarse la textil (algodón, pelo de conejo, etc.), metalúrgica (trabajo con metales), cerámica y joyería. En todas las ciudades había un gran mercado donde comerciaban lo que producían utilizando como moneda metales y el trueque de productos. La economía azteca se sustentaba en las actividades agrarias y en complejas redes de intercambio que abarcaban todo el señorío.
Con la invasión española, los hispanos saquearon las riquezas y destruyeron sistemáticamente la economía azteca ─incluyendo todos los monumentos civiles y religiosos─, implantándose un feudocapitalismo colonial que duró tres siglos, borrando hasta los cimientos de toda manifestación de la economía americana. Dondequiera que los españoles ponían los pies, seguían la devastación y la despoblación. Los españoles redujeron a la población indígena a la servidumbre semejante al rancio feudalismo europeo de siglos pasados. Había comenzado el exterminio, la esclavización y el enclaustramiento del pueblo mexicano. El capitalismo medieval de la “Nueva España”, se basó en el despojo, la rapiña, el pillaje, el robo, la depredación. En México había enormes latifundios y minas de oro y plata que eran de los españoles por el latrocinio. El usufructo colonial se asentaba en la explotación colonial y la expoliación de la mano de obra mexicana esclavizada, sometida a crueldades, asesinatos y tortura. Se les impartió a los aztecas el cristianismo y, con este, el trabajo forzado en las minas y haciendas, palizas brutales y la muerte. Las relaciones económicas se caracterizaban por relaciones de traiciones, asesinatos, sobornos, masacres y vilezas. Las riquezas extraídas de México venían chorreando sangre y suciedad. Aunque el robo de la riqueza mexicana iba a engrosar las arcas de la ostentosa y podrida corona española, y el vaticano legalizaba el holocausto de los aztecas, la maldición de aquella la perseguiría por los siglos de los siglos.
A finales del siglo XVIII asciende la hacienda y el peonaje. Los ocupantes españoles ven a México como inagotable fuente de recursos. La minería, la agricultura, la ganadería y el comercio de México, atienden los requerimientos de España y han sostenido por siglos el florecimiento de las promiscuas monarquías europeas.
La expoliación de las riquezas del país por España, la penosa esclavitud de los mexicanos, la contradicción entre los estancos y el comercio, la evolución mundial del capitalismo hacia las guerras de las potencias por el control de las materias primas, el eco de las revoluciones burguesas, la expulsión de los jesuitas, la promiscua conducta de la monarquía borbónica y la invasión gala a península ibérica, presionaba e inducía la necesidad de hacer saltar en pedazos los candados del dominio colonial.
Se estima que a comienzos del siglo XIX, en la Nueva España se asentaban más de 6 millones de habitantes, de los cuales la décima parte conformada por españoles ─europeos y criollos─, detentaban la casi totalidad de las riquezas de México. El hambre, la esclavitud y la desesperación de millones de mexicanos, eran un caldo de cultivo libertario para su segundo momento constitutivo.
A pesar de las solapadas maniobras, las clases privilegiadas, principalmente los terratenientes criollos (nacidos en América pero no menos hispanos) y la burguesía indiana, con el apoyo como carne de cañón de ejércitos de campesinos mexicanos desposeídos que luchaban por su libertad y la devolución de las tierras, obtuvieron a sangre y fuego la “independencia”, que en el terreno económico se expresó en una serie de reformas de corte tímidamente liberal, las cuales dejaron intacto la propiedad de los españoles sobre las riquezas conculcadas a los aztecas, pero que le abrió paso a la formación del mercado interior.
La debilidad de la burguesía mexicana en ciernes, posibilitó el robo y la mutilación de la mitad del territorio nacional por los estadounidenses. Si España se había atragantado impunemente de las riquezas del país, Estados Unidos se agandayó y partió a México en dos, quedándose con una suculenta mitad del país. Como la tierra es la madre de la riqueza, a México no solo fue robado in situ sino que le castraron la posibilidad futura de creación de riqueza.
La profunda reforma juarista desamortiza gran parte de la riqueza en manos del clero, lo que impulsa la acumulación primitiva de capitales a favor del capitalismo agroindustrial, que fue interrumpida por la invasión y ocupación temporal gala al país. Derrotadas las tropas de los invasores francos, poco a poco continuó la evolución de la agricultura mercantil, el sistema fabril de la agricultura, la diferenciación del campesinado, la hacienda con la tienda de raya; fortaleciendo los procesos del capitalismo agroindustrial vinculado al mercado mundial, cuyo punto culminante se da en el porfiriato.
Rudimentaria pero al mismo tiempo remozadamente, dio comienzo la industrialización del país y se extendieron los cultivos, desarrollándose haciendas agrícolas, ganaderas y regadíos. El paulatino progreso material y la construcción de caminos y ferrocarriles, impulsaba inexorablemente la formación del mercado interno.
El progresivo avance económico, avivado por la formativa megatendencia mundial monopólica del capitalismo, trajo aparejada una diferenciación económica: 1) Una clase alta, formada por españoles, otros extranjeros y una burguesía criolla, cada vez más rica; y, 2) Un pueblo mexicano hambriento y analfabeto, cada vez más pobre. Una fuerte ola de descontento, que reclamaba otra vez libertad y restitución de las tierras, se extendía por el país.
La transformación de la economía agraria en industrial, necesitaba un fuerte y violento impulso, que le fue proporcionado con la revolución mexicana del primer tercio del siglo XX. La victoria revolucionaria impulsó el reparto de tierras, la reorganización del sistema educativo y se establecieron las condiciones propias de la relación capital-trabajo. El largo periodo reformista se acentúo con la nacionalización de los ferrocarriles y la industria petrolera. La Revolución Mexicana fue el triunfo definitivo del modo de producción capitalista sobre el feudocapitalismo.
México se encaminó por el cambio de una economía de producción primaria, basada en actividades agropecuarias y mineras, hacia una nación semindustrializada. Esta marcha fue robustecida por la demanda de materias primas mexicanas para la industria bélica estadounidense. Al mismo tiempo, las dificultades de abasto exterior favoreció el desarrollo de la industria ligera.
En el contexto planetario de la economía de Guerra Fría, a partir de la quinta década del siglo XX, el Capitalismo industrial se abre paso, basado en la industria doméstica, la incipiente manufactura, la industria maquinizada, el fomento de la explotación de nuevas riquezas y la consolidación del mercado interior. Este proceso es apoyado por el Estado ─que incluso nacionaliza la industria eléctrica─ y éste mismo actúa como capitalista estatal. El resultado es la erección de un capitalismo de Estado suigeneris en México.
En los años que siguen, se da un rápido crecimiento económico en un marco de reducida inflación, que pronto se trastoca en una creciente inflación y un fuerte aumento de la deuda externa, que culmina con la devaluación del peso en el segundo lustro de los años 70. En el marco de la tendencia critica del capitalismo mundial de posguerra, seguidamente se promovió fuertemente la industria petrolera, incrementando el gasto público y, por ende, la deuda externa, originando una escalada inflacionaria y el peso se devaluó de nuevo en 1982 ahora con una aguda fuga de capitales.
Resumiendo. Los factores que hicieron posible el crecimiento sostenido de la economía mexicana en las décadas siguientes a 1940, decantando en un capitalismo monopolista de Estado, fueron los siguientes: 1) El enorme volumen y la variedad de riquezas del país, con cuantiosos recursos naturales; 2) El potentísimo incremento de la población y el crecimiento urbano; 3) La reforma agraria y el reparto de tierras, y la construcción de obras hidráulicas y caminos; 4) La formación de enormes empresas públicas y la creación de infraestructura; 5) La demanda de guerra y la expansión del mercado mundial de posguerra; y, 6) La afluencia de capitales extranjeros, principalmente estadounidenses.
A principios de la década de los ochenta del siglo pasado, aprovechando la recurrencia de las crisis económicas, el elevado servicio de la deuda externa, las secuelas del desbastador terremoto de 1985 y la abrupta caída del precio del petróleo, el capitalismo monopolista privado define y construye su senda, con el crecimiento de las grandes fábricas y el desarrollo de complejos industriales, fortalecido con el proceso de transformación de la propiedad estatal en capital privado. En la frontera final de los años ochenta y principios de los noventa, Se reanuda el crecimiento sin provocar el resurgimiento de la inflación, pero la tendencia monopólica privada del capitalismo se acentúa y termina por consolidarse, aprovechando la crisis de las postrimerías agónicas de 1994.
Con el decisivo apoyo del financiamiento estadounidense y del marco comercial del TLC, se pudo “sortear” la crisis, especialmente el trance bancario, y se consolidó un núcleo exportador manufacturero, principalmente de bienes de consumo duradero y en menor medida de petróleo, para abastecer a la economía de Estados Unidos.
En el primer año del tercer milenio, los factores externos vinculados a la debilidad estructural interna de la economía (sin sectores o ramas estratégicas) provocaron una pequeña recesión con desempleo. La crisis intensifico la transnacionalización de la producción y la consolidación de la dominación monopólica capitalista sobre la economía.
Esta crisis constituyó la advertencia de la que vendría más adelante. A finales de 2008 la economía mexicana fue alcanzada por la crisis financiera mundial, que pronto derivó en recesión con desempleo que, poco a poco, fue resultando en estancamiento económico. Los principales factores detrás de la crisis mexicana, fueron: 1) La desaceleración del crecimiento de Estados Unidos por la tendencia a la sincronía del ciclo económico; 2) El grado de Integración de la economía mexicana con la estadounidense (alrededor del 40%); y, 3) El alto volumen de comercio exterior (cerca del 90 %) con los yanquis. Esencialmente el elemento causal sustancial fue una relativa sobreproducción nacional en relación a la demanda estadounidense.
La fase del ciclo económico en se encuentra la evolución de la economía mexicana es un periodo de estancamiento productivo, donde prácticamente se ha detenido el proceso de producción. De otro lado, la política económica repitió los mismos parámetros, por lo que las medidas económicas aplicadas han sido incapaces de sortear y atenuar la crisis económica del país.
Sintetizando: A medida de que el capitalismo se ha venido intensificando y ampliando extensivamente en el país, el comportamiento de la economía mexicana se ha hecho más cíclico y la política económica actúa de manera más coyuntural que de largo plazo.
¿Hoy qué tipo de economía es la que hay México?
El país ha quedado en manos de unos pocos grandes monopolios capitalistas. Esta situación ha traído como consecuencia que los pequeños capitalistas se han convertido en un cuerpo de hombres que ganan la subsistencia trabajando para otros. Las ciudades y las fábricas han aumentado, porque más personas se han desplazado a ellas, en busca de lugares y empleo. Del conjunto, los estratos inferiores humanos están siendo alterados en todos sentidos siempre para lo peor. De pequeños propietarios del capital, muchos mexicanos se verán reducidos al estado de subsidiarios del capital monopolista o, en el peor de los casos, en jornaleros y asalariados, engrosando las filas de la pobreza.
El capitalismo mexicano depende y está integrado, formal (TLC) y realmente (tecnología y mercado), al capitalismo estadounidense y en gran medida todavía a los monopolios del país hispano. ¡Lo que ha variado es la composición y disposición de los amos, los esclavos continúan siendo los mismos! Esto hay que tomarlo en cuenta a la hora de proyectar un futuro mejor para los mexicanos.
El escenario nacional es patético si miramos algunas otras aristas: 1) Millones de mexicanos habitan en terrenos de alto riesgo, sin una opción futura de reubicación en territorio adecuado para vivir sin desasosiego; 2) La población del país vive la pesadilla de la forma actual de combatir la delincuencia que no responde el supremo concepto de policía por el cual garantice la conservación de las personas, sus derechos y su propiedad, además de que no articula prevención con represión; 3) No hay formas reales de empleo para los jóvenes mexicanos y para los mayores, que garanticen una forma de vida legal y digna; 4) No se cuenta con una potente industria y mucho menos con desarrollo tecnológico doméstico, que permita sentar las bases endógenas del desarrollo económico; y, 5) La fuerte banca privada extranjera saquea el esfuerzo económico de los mexicanos. La zozobra de los pueblos puede urdir su violencia.
Del saqueo español y del robo gringo de la mitad del territorio, todavía no se repone el país. Los mexicanos continúan siendo esclavizados por los monopolios hispanos y yanquis. ¿Qué se debe celebrar entonces? Un pueblo que olvida las afrentas está condenado a repetir los mismos errores. Por eso: ¡Nunca jamás!
lunes, 23 de agosto de 2010
Estancamiento económico
El estancamiento económico es una forma grave de depresión económica que consiste en una gran disminución sostenida de la producción y del consumo, acompañada por altas tasas de desempleo y de quiebras empresariales. El suceso más conocido fue el de la crisis de 1929, aunque hubo otros momentos en la historia económica en que se reconoce la aparición de rasgos para este calificativo, la stagflation en 1965, el embargo petrolero de 1973, la crisis financiera de 1982, entre otros.
El estancamiento económico se caracteriza por la existencia de condiciones de inexistente o mínimo crecimiento de las actividades productivas como las que se están dando hoy en la economía mexicana.
Revisemos algunos destacables aspectos que muestran la atonía económica del país:
1) El INEGI informa jactanciosamente que el PIB aumentó 7.6% en el 2do. trimestre de 2010 frente al igual trimestre de 2009. Nada más que recuérdese que en el 1er trimestre de 2009 se dio una pronunciada caída de la economía de -7.9 %, es decir, que el “crecimiento” oficial actual, ni siquiera alcanza a recuperar lo perdido. La cosa parece aclararse cuando comparamos cifras respecto al primer trimestre del año y encontramos que la economía mexicana descendió un -3.2 %. Más aún si se observa el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), la producción del país presenta un crecimiento cada vez menor, derivando poco a poco, en los últimos meses, en un virtual estancamiento productivo.
2) El Indicador de Confianza del Productor (ICP) continúa siendo negativo, que es el que da cuenta de si éste es el momento adecuado para invertir. La contracción del mercado nacional y exterior, deprimió las expectativas de realización de los bienes y servicios, lo que impacta negativamente sobre las expectativas favorables de obtención de utilidades. Aludamos que la tendencia objetiva en todo capital gravita en dirección de la realización de los precios de producción según la tasa de ganancia media de la economía mexicana. Mientras la tasa de rentabilidad no se recobre las actividades económicas permanecerán empantanadas.
3) La Inversión Fija Bruta (que representa los gastos realizados en maquinaria y equipo de origen nacional e importado, así como los de construcción), apenas muestra ligerísimas variaciones. Recuérdese que mediante la disposición de los recursos los propietarios de los medios de producción deciden qué producir y a quién emplear, por lo que a través de sus decisiones de inversión fijan, en buena medida, el rumbo del crecimiento económico. En nuestro caso las inversiones están suspendidas o aplazadas en el tiempo. Mientras la inversión productiva no se reactive el carril del crecimiento económico estará estancado.
4) El desempleo es agobiante. La tasa de desempleo oficial que da el INEGI ya rebasa el 6 %, casi 3 millones de parados. Más allá de que si el creciente desempleo en el país, es una manifestación de las irregularidades de la política económica aplicada, cabe mencionar que el desempleo es un fenómeno vinculado a la acumulación del capital y su comportamiento cíclico. En México la caída de la producción de bienes y servicios, ha provocado que las empresas demanden actualmente menos mano de obra. Hay un desempleo crónico que acompaña el curso del proceso general de producción, pero en la fase de recesión del ciclo económico, la cesantía se convierte en franco paro. Los salarios se han mantenido prácticamente congelados en el país y se ha deteriorado su poder adquisitivo. El desempleo en México se tiñe de matices cada vez más preocupantes: es una fuente de enormes sufrimientos, ya que los trabajadores mexicanos desempleados tienen que sobrevivir con exiguos ingresos. El gobierno no se debe de cruzar de brazos ante el desempleo, antes de que afecte hondamente las emociones y la vida familiar del país, se debe evitar el despilfarro de valiosos recursos de la nación e impedir que éste pueda derivar en inestabilidad social.
4) Este año el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) del INEGI registra leves aumentos en los precios e incluso presenta en algunos meses índices negativos. La depresión de los mercados y el estancamiento de la producción, han debilitado la tendencia alcista, estancado en otros casos, y en algunos bajados los precios, salvo en productos de primera necesidad. Con la recesión de la producción desciende la demanda de materias primas y caen sus precios, como lo registra el Índice Nacional de Precios al Productor (INPP).
5) Las principales fuentes de ingresos externos del país, el petróleo y las remesas, siguen en caída libre. Según dantos de la U. S. Energy Information Administration, desde 2004 la producción petrolera mexicana comenzó a declinar. Pemex llegó a producir casi 3.4 millones de barriles diarios en promedio en 2004, hoy la plataforma de producción se ha reducido a 2.5. México llegó a tener ingresos por exportaciones de petróleo hasta por más de 50 mil millones de dólares en 2008, ahora estas entradas francamente se han retraído y con dificultades se esperan obtener unos 30 mil. Gran parte del consumo de energía está relacionado con el ciclo económico y con las condiciones naturales del cambio climático. La segunda mayor fuente de divisas para el país después del petróleo, el ingreso por remesas, también está declinando aceleradamente. En 2006 las remesas enviadas por los mexicanos que cruzaban la frontera hacia Estados Unidos llegaban a 23 mil millones de dólares, este año apenas se espera alcanzar unos 15 mil. Con las medidas contra el lavado de dinero “sucio”, también los ingresos externos de la economía prohibida han bajado, al grado que la disputa entre los envenenadores legales y los ilegales ha subido de tono.
6) Los monopolios en México afectan toda la vida económica de la nación. En los últimos 25 años grandes empresas, firmas o agrupaciones empresariales, nacionales y extranjeras, se han apoderado de una parte considerable de la producción y venta de productos, con la finalidad de extraer ganancias monopolistas. Unas 1,500 empresas de unas 200 familias concentran en sus manos 90 % de la riqueza nacional, cerca del 80 % de los activos y beneficios. Estos grandes monopolios se caracterizan por su estructura multiramal de su organización y comprende numerosas empresas y filiales. Las demás empresas, medianas y pequeñas, están encuadradas o son subsidiarias de los megamonoplios. Los 10 monopolios más grandes de México, en orden de importancia, son actualmente: 1. PEMEX.- Petróleo y gas; 2. América Móvil.- Telecomunicaciones; 3. CFE.- Electricidad; 4. Wal Mart de México.- Comercio; 5. Cemex.- Cemento; 6. Carso Global Telecom.- Telecomunicaciones; 7. FEMSA.- Alimentos y bebidas (CocaCola, Tecate y Oxxo); 8. Grupo Financiero BBVA-Bancomer.- Banca; 9. Telcel.- Telmóviles; 10. Telmex.- Telecomunicaciones y Comercio. Los 6 principales bancos del país, son: 1) BBVA Bancomer; 2) Banamex; 3) HSBC; 4) Santander; 5) Scotiabank, y 6) Banorte. El capital crea poder económico, que permite ejercer el poder a través de la disposición de los recursos. En tiempos de crisis las gigantescas empresas se tragan rapazmente como caníbales a las que sucumben; véase p. e. está el caso de la compañía estratégica Mexicana de Aviación que, a tono con el embozamiento policiaco-militar que se práctica en el país, un grupo “X” quiere apropiarse de ella. Estos monopolios son los amos de México. Cualquier decisión de política económica que se pretenda tomar deberá pasar necesariamente por estos organismos.
7) La salida de la crisis económica estadounidense no tiene para cuando. Debido a la alta integración y dependencia de la economía mexicana con los Estados Unidos, la atonía de la economía de ese país se expresa en una despiadada inconsistencia económica en México, donde la economía flaquea cada vez más.
8) La elaboración del presupuesto para el año 2011, se hará muy dificultosa y tortuosa. La repartición del pastel de los recursos públicos, de por sí tirante y espinosa cada año, será mayormente trabajosa esta vez porque la atmosfera y el escenario económico próximo se percibe muy poco prometedor. Esta circunstancia se hará más peliaguda, por las ambiciones del endiosado delfín que estará expuesto al traqueteo político. No se espera pues un presupuesto público a la altura de las deprimentes circunstancias económicas y de las necesidades de propulsión productiva.
¿Cómo podríamos sortear el estancamiento económico y reactivar la economía?
Algunas medidas pueden ser las siguientes: 1) El aprovechamiento pleno y rentable de la industria mexicana, restableciendo la posición preeminente del país en la economía, industria y finanzas en territorio mexicano; 2) Recuperar el acceso a las materias primas de las que México ha sido privado y controlar otros recursos necesarios, como la producción de alimentos; 3) Construir una flota mercante adecuada y modernos sistemas de transporte terrestre, ferroviario y aéreo; 4) Desarrollar y regular un moderno sistema de neoinformática y telecomunicaciones; 5) Reestructurar el sector industrial para obtener la mayor productividad y rentabilidad posible; y 6) Vincular factualmente la educación a las actividades productivas, privilegiando el desarrollo de tecnología para construir maquinaria y equipo.
Cabe mencionar que los cambios críticos, aunque previsibles, tienen siempre algún grado de incertidumbre en cuanto a su reversibilidad o grado de profundidad. No obstante, el progreso reside en el cambio, por eso hay que tomar conciencia de lo que no funciona y cambiarlo. La catarsis de la crisis económica hace el momento propicio para hacer una honda reflexión sobre nuestra economía, cómo está en el presente y vislumbrar un futuro económico más promisorio para nuestra nación. La patria económica representa el derecho incuestionable y sagrado de cada mexicano. Su restitución total a la nación es necesaria para poder establecer lo que debe ser…
El estancamiento económico se caracteriza por la existencia de condiciones de inexistente o mínimo crecimiento de las actividades productivas como las que se están dando hoy en la economía mexicana.
Revisemos algunos destacables aspectos que muestran la atonía económica del país:
1) El INEGI informa jactanciosamente que el PIB aumentó 7.6% en el 2do. trimestre de 2010 frente al igual trimestre de 2009. Nada más que recuérdese que en el 1er trimestre de 2009 se dio una pronunciada caída de la economía de -7.9 %, es decir, que el “crecimiento” oficial actual, ni siquiera alcanza a recuperar lo perdido. La cosa parece aclararse cuando comparamos cifras respecto al primer trimestre del año y encontramos que la economía mexicana descendió un -3.2 %. Más aún si se observa el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), la producción del país presenta un crecimiento cada vez menor, derivando poco a poco, en los últimos meses, en un virtual estancamiento productivo.
2) El Indicador de Confianza del Productor (ICP) continúa siendo negativo, que es el que da cuenta de si éste es el momento adecuado para invertir. La contracción del mercado nacional y exterior, deprimió las expectativas de realización de los bienes y servicios, lo que impacta negativamente sobre las expectativas favorables de obtención de utilidades. Aludamos que la tendencia objetiva en todo capital gravita en dirección de la realización de los precios de producción según la tasa de ganancia media de la economía mexicana. Mientras la tasa de rentabilidad no se recobre las actividades económicas permanecerán empantanadas.
3) La Inversión Fija Bruta (que representa los gastos realizados en maquinaria y equipo de origen nacional e importado, así como los de construcción), apenas muestra ligerísimas variaciones. Recuérdese que mediante la disposición de los recursos los propietarios de los medios de producción deciden qué producir y a quién emplear, por lo que a través de sus decisiones de inversión fijan, en buena medida, el rumbo del crecimiento económico. En nuestro caso las inversiones están suspendidas o aplazadas en el tiempo. Mientras la inversión productiva no se reactive el carril del crecimiento económico estará estancado.
4) El desempleo es agobiante. La tasa de desempleo oficial que da el INEGI ya rebasa el 6 %, casi 3 millones de parados. Más allá de que si el creciente desempleo en el país, es una manifestación de las irregularidades de la política económica aplicada, cabe mencionar que el desempleo es un fenómeno vinculado a la acumulación del capital y su comportamiento cíclico. En México la caída de la producción de bienes y servicios, ha provocado que las empresas demanden actualmente menos mano de obra. Hay un desempleo crónico que acompaña el curso del proceso general de producción, pero en la fase de recesión del ciclo económico, la cesantía se convierte en franco paro. Los salarios se han mantenido prácticamente congelados en el país y se ha deteriorado su poder adquisitivo. El desempleo en México se tiñe de matices cada vez más preocupantes: es una fuente de enormes sufrimientos, ya que los trabajadores mexicanos desempleados tienen que sobrevivir con exiguos ingresos. El gobierno no se debe de cruzar de brazos ante el desempleo, antes de que afecte hondamente las emociones y la vida familiar del país, se debe evitar el despilfarro de valiosos recursos de la nación e impedir que éste pueda derivar en inestabilidad social.
4) Este año el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) del INEGI registra leves aumentos en los precios e incluso presenta en algunos meses índices negativos. La depresión de los mercados y el estancamiento de la producción, han debilitado la tendencia alcista, estancado en otros casos, y en algunos bajados los precios, salvo en productos de primera necesidad. Con la recesión de la producción desciende la demanda de materias primas y caen sus precios, como lo registra el Índice Nacional de Precios al Productor (INPP).
5) Las principales fuentes de ingresos externos del país, el petróleo y las remesas, siguen en caída libre. Según dantos de la U. S. Energy Information Administration, desde 2004 la producción petrolera mexicana comenzó a declinar. Pemex llegó a producir casi 3.4 millones de barriles diarios en promedio en 2004, hoy la plataforma de producción se ha reducido a 2.5. México llegó a tener ingresos por exportaciones de petróleo hasta por más de 50 mil millones de dólares en 2008, ahora estas entradas francamente se han retraído y con dificultades se esperan obtener unos 30 mil. Gran parte del consumo de energía está relacionado con el ciclo económico y con las condiciones naturales del cambio climático. La segunda mayor fuente de divisas para el país después del petróleo, el ingreso por remesas, también está declinando aceleradamente. En 2006 las remesas enviadas por los mexicanos que cruzaban la frontera hacia Estados Unidos llegaban a 23 mil millones de dólares, este año apenas se espera alcanzar unos 15 mil. Con las medidas contra el lavado de dinero “sucio”, también los ingresos externos de la economía prohibida han bajado, al grado que la disputa entre los envenenadores legales y los ilegales ha subido de tono.
6) Los monopolios en México afectan toda la vida económica de la nación. En los últimos 25 años grandes empresas, firmas o agrupaciones empresariales, nacionales y extranjeras, se han apoderado de una parte considerable de la producción y venta de productos, con la finalidad de extraer ganancias monopolistas. Unas 1,500 empresas de unas 200 familias concentran en sus manos 90 % de la riqueza nacional, cerca del 80 % de los activos y beneficios. Estos grandes monopolios se caracterizan por su estructura multiramal de su organización y comprende numerosas empresas y filiales. Las demás empresas, medianas y pequeñas, están encuadradas o son subsidiarias de los megamonoplios. Los 10 monopolios más grandes de México, en orden de importancia, son actualmente: 1. PEMEX.- Petróleo y gas; 2. América Móvil.- Telecomunicaciones; 3. CFE.- Electricidad; 4. Wal Mart de México.- Comercio; 5. Cemex.- Cemento; 6. Carso Global Telecom.- Telecomunicaciones; 7. FEMSA.- Alimentos y bebidas (CocaCola, Tecate y Oxxo); 8. Grupo Financiero BBVA-Bancomer.- Banca; 9. Telcel.- Telmóviles; 10. Telmex.- Telecomunicaciones y Comercio. Los 6 principales bancos del país, son: 1) BBVA Bancomer; 2) Banamex; 3) HSBC; 4) Santander; 5) Scotiabank, y 6) Banorte. El capital crea poder económico, que permite ejercer el poder a través de la disposición de los recursos. En tiempos de crisis las gigantescas empresas se tragan rapazmente como caníbales a las que sucumben; véase p. e. está el caso de la compañía estratégica Mexicana de Aviación que, a tono con el embozamiento policiaco-militar que se práctica en el país, un grupo “X” quiere apropiarse de ella. Estos monopolios son los amos de México. Cualquier decisión de política económica que se pretenda tomar deberá pasar necesariamente por estos organismos.
7) La salida de la crisis económica estadounidense no tiene para cuando. Debido a la alta integración y dependencia de la economía mexicana con los Estados Unidos, la atonía de la economía de ese país se expresa en una despiadada inconsistencia económica en México, donde la economía flaquea cada vez más.
8) La elaboración del presupuesto para el año 2011, se hará muy dificultosa y tortuosa. La repartición del pastel de los recursos públicos, de por sí tirante y espinosa cada año, será mayormente trabajosa esta vez porque la atmosfera y el escenario económico próximo se percibe muy poco prometedor. Esta circunstancia se hará más peliaguda, por las ambiciones del endiosado delfín que estará expuesto al traqueteo político. No se espera pues un presupuesto público a la altura de las deprimentes circunstancias económicas y de las necesidades de propulsión productiva.
¿Cómo podríamos sortear el estancamiento económico y reactivar la economía?
Algunas medidas pueden ser las siguientes: 1) El aprovechamiento pleno y rentable de la industria mexicana, restableciendo la posición preeminente del país en la economía, industria y finanzas en territorio mexicano; 2) Recuperar el acceso a las materias primas de las que México ha sido privado y controlar otros recursos necesarios, como la producción de alimentos; 3) Construir una flota mercante adecuada y modernos sistemas de transporte terrestre, ferroviario y aéreo; 4) Desarrollar y regular un moderno sistema de neoinformática y telecomunicaciones; 5) Reestructurar el sector industrial para obtener la mayor productividad y rentabilidad posible; y 6) Vincular factualmente la educación a las actividades productivas, privilegiando el desarrollo de tecnología para construir maquinaria y equipo.
Cabe mencionar que los cambios críticos, aunque previsibles, tienen siempre algún grado de incertidumbre en cuanto a su reversibilidad o grado de profundidad. No obstante, el progreso reside en el cambio, por eso hay que tomar conciencia de lo que no funciona y cambiarlo. La catarsis de la crisis económica hace el momento propicio para hacer una honda reflexión sobre nuestra economía, cómo está en el presente y vislumbrar un futuro económico más promisorio para nuestra nación. La patria económica representa el derecho incuestionable y sagrado de cada mexicano. Su restitución total a la nación es necesaria para poder establecer lo que debe ser…
miércoles, 18 de agosto de 2010
Recesión o estancamiento
La recesión económica es el periodo de tiempo en el que desciende la actividad económica, medida a través del declive del producto. En la depresión económica se alcanza el fondo de la crisis, donde existe el peligro de que la economía se estanque. El estancamiento económico se caracteriza por condiciones de mínimo crecimiento de las actividades productivas o de crecimiento cero. Como el ciclo económico expresa los ritmos o tasas de crecimiento, la recesión es la fase descendente del curso del producto, mientras que el estancamiento es el lapso donde se da la detención del proceso de crecimiento. La primera faceta del ciclo ha durado históricamente un semestre, un año o más y el segundo instante puede durar de meses a varios años, un tiempo suficientemente prolongado.
¿Qué explica la duración de estás fases del ciclo económico? Aunque el movimiento cíclico de la producción capitalista tiene que ver con la renovación del capital fijo, en las fases particulares influyen decisivamente las expectativas de la tasa media de ganancia esperada. Si las tasas de rentabilidad no son favorables, por mucho esfuerzo que hagan las autoridades para reanimar la economía, ésta no responderá favorablemente hasta en tanto no se garanticen cuando menos lo niveles de utilidades anteriores a la crisis y de ahí para arriba. Cabe mencionar que en este proceso los monopolios llevan mano.
¿En qué punto del ciclo se encuentra la economía mexicana? Para poder responder, veamos algunas características de la crítica situación económica: 1) Hay un alto nivel de desempleo que rebasa más de la mitad de los 47 millones de personas que conforman la PEA del país: más allá de las cifras alegres del INEGI y de las ambiciones del hacendario cordero delamadrista, hay alrededor de 3 millones de desempleados (oficialmente 2.5), el número de ambulantes llega a los 16 millones, un millón de emigrantes están latentes o en proceso, subsisten un sin número de ninis (ni estudian ni trabajan) y unos 15 millones (de los 36 que son) de jóvenes entre los 15 y 29 años sin positivas expectativas reales de empleo, orillados a adoptar la cultura de la muerte para huir de la pobreza; 2) Campea una baja demanda de los consumidores en relación con la capacidad productiva: hay una caída de más de 20% en el consumo de bienes y servicios, por lo que la gente ya no va a la tiendita o al súper porque no tiene empleo, gana menos, gasta menos, lo cual provoca la caída del mercado interno; 3) Bajo esta misma vertiente, como consecuencia los precios han aparentemente bajado o permanecido estables. Las cifras oficiales apenas registran el incipiente movimiento del índice de los precios al consumidor; y 4) Aparece la quiebra de empresas como Mexicana de Aviación y otras que están en ciernes, porque el 32% de las empresas en concurso mercantil han llegado a la etapa de quiebra. Esta breve revista permite atestiguar que la economía mexicana está estancada en el punto más bajo del ciclo, además de que se encuentra en una posición muy vulnerable.
Varios elementos confirman la fragilidad económica de México: 1) El predominio de más de 70 % del sector servicios ─que los “neoliberales” han potenciado de sobremanera─, sobre el conjunto de las actividades económicas, cuya reactivación depende de la reacción de los sectores de la producción material y de la demanda externa, es como una monoeconomía que no garantiza futuro económico; 2) Los depredadores monopolios están como buitres al acecho ante el eclipse de los mercados, para succionar y capitalizar las ganancias del estancamiento productivo, en detrimento de las demás empresas; 3) La economía estadounidense está muy lejos de iniciar un proceso sostenido de recuperación, el desempleo araña el 10 % y la producción material no responde; 4) Las fuentes de ingresos del país, el petróleo y las remesas, siguen en caída libre; 5) Está en ciernes una crisis global de alimentos generada por los desastres naturales, que seguramente afectará la economía doméstica; 6) La crisis económica ha hecho más violento el país al avivar el crimen y el descontento civil, reforzados por la guerra antinarco en territorio mexicano dirigida por la DEA, donde el Estado “mexicano” combate a ciudadanos mexicanos (ya veremos —como ha sido siempre— que los bandidos de hoy en el futuro la historia los hará héroes); 7) La “sorprendente” actitud histriónica de los ricos al ofrecer una dádiva a los desposeídos y el impulso a una “iniciativa” basada en el esquema neoporfirista de los “científicos”, está anunciando el peligro económico nacional que pende sobre el país; 8) El creciente y testarudo empeño de los gobiernos en hacer la vida difícil a los mexicanos con restrictivas y aberrantes medidas expoliadoras de los ingresos ciudadanos; y 9) La pomposa macabra exhibición de los despojos de los españoles (del híbrido Pípila ni se acuerdan) que “participaron” en la “independencia”, además de ser una deliberada afrenta a la nación azteca, es un mal augurio en las actuales condiciones en que se encuentra el país, es muy posible que se de la unidad nacional bajo el grito de “¡Abajo el mal gobierno!”.
La convulsión del capitalismo monopolista mundial y su expresión doméstica, ha destruido la herencia mexicana y su increíble inestabilidad ha sumido al país en una seria crisis económica, en un contexto social de adjudicación papista de inconsensadas, desatinadas y erráticas acciones de Estado, punitivas y de exterminio excluyente, de los señores de la guerra contra el narcotráfico. México vive una etapa de crisis sin precedentes, que tiene como expresión constatable una recesión que inició hace cerca de dos años, mutando poco a poco en un estancamiento productivo, y que muestra debilidades estructurales que dificultan la toma de medidas adecuadas para superar esta difícil situación. ¿Qué hacer? Es urgente un emprendimiento público de acción e iniciativa ─algo más que maquillaje propagandista─ que oriente, organice y dirija la economía estatal y también la economía privada, en función de los intereses del país. En esta crítica trama cabe parafrasear a Francis Bacon: Hay muchos medios de hacerse rico, pero muy pocos de hacerlo con honradez; la economía es uno de los más seguros, a pesar de que tampoco es del todo inocente…
¿Qué explica la duración de estás fases del ciclo económico? Aunque el movimiento cíclico de la producción capitalista tiene que ver con la renovación del capital fijo, en las fases particulares influyen decisivamente las expectativas de la tasa media de ganancia esperada. Si las tasas de rentabilidad no son favorables, por mucho esfuerzo que hagan las autoridades para reanimar la economía, ésta no responderá favorablemente hasta en tanto no se garanticen cuando menos lo niveles de utilidades anteriores a la crisis y de ahí para arriba. Cabe mencionar que en este proceso los monopolios llevan mano.
¿En qué punto del ciclo se encuentra la economía mexicana? Para poder responder, veamos algunas características de la crítica situación económica: 1) Hay un alto nivel de desempleo que rebasa más de la mitad de los 47 millones de personas que conforman la PEA del país: más allá de las cifras alegres del INEGI y de las ambiciones del hacendario cordero delamadrista, hay alrededor de 3 millones de desempleados (oficialmente 2.5), el número de ambulantes llega a los 16 millones, un millón de emigrantes están latentes o en proceso, subsisten un sin número de ninis (ni estudian ni trabajan) y unos 15 millones (de los 36 que son) de jóvenes entre los 15 y 29 años sin positivas expectativas reales de empleo, orillados a adoptar la cultura de la muerte para huir de la pobreza; 2) Campea una baja demanda de los consumidores en relación con la capacidad productiva: hay una caída de más de 20% en el consumo de bienes y servicios, por lo que la gente ya no va a la tiendita o al súper porque no tiene empleo, gana menos, gasta menos, lo cual provoca la caída del mercado interno; 3) Bajo esta misma vertiente, como consecuencia los precios han aparentemente bajado o permanecido estables. Las cifras oficiales apenas registran el incipiente movimiento del índice de los precios al consumidor; y 4) Aparece la quiebra de empresas como Mexicana de Aviación y otras que están en ciernes, porque el 32% de las empresas en concurso mercantil han llegado a la etapa de quiebra. Esta breve revista permite atestiguar que la economía mexicana está estancada en el punto más bajo del ciclo, además de que se encuentra en una posición muy vulnerable.
Varios elementos confirman la fragilidad económica de México: 1) El predominio de más de 70 % del sector servicios ─que los “neoliberales” han potenciado de sobremanera─, sobre el conjunto de las actividades económicas, cuya reactivación depende de la reacción de los sectores de la producción material y de la demanda externa, es como una monoeconomía que no garantiza futuro económico; 2) Los depredadores monopolios están como buitres al acecho ante el eclipse de los mercados, para succionar y capitalizar las ganancias del estancamiento productivo, en detrimento de las demás empresas; 3) La economía estadounidense está muy lejos de iniciar un proceso sostenido de recuperación, el desempleo araña el 10 % y la producción material no responde; 4) Las fuentes de ingresos del país, el petróleo y las remesas, siguen en caída libre; 5) Está en ciernes una crisis global de alimentos generada por los desastres naturales, que seguramente afectará la economía doméstica; 6) La crisis económica ha hecho más violento el país al avivar el crimen y el descontento civil, reforzados por la guerra antinarco en territorio mexicano dirigida por la DEA, donde el Estado “mexicano” combate a ciudadanos mexicanos (ya veremos —como ha sido siempre— que los bandidos de hoy en el futuro la historia los hará héroes); 7) La “sorprendente” actitud histriónica de los ricos al ofrecer una dádiva a los desposeídos y el impulso a una “iniciativa” basada en el esquema neoporfirista de los “científicos”, está anunciando el peligro económico nacional que pende sobre el país; 8) El creciente y testarudo empeño de los gobiernos en hacer la vida difícil a los mexicanos con restrictivas y aberrantes medidas expoliadoras de los ingresos ciudadanos; y 9) La pomposa macabra exhibición de los despojos de los españoles (del híbrido Pípila ni se acuerdan) que “participaron” en la “independencia”, además de ser una deliberada afrenta a la nación azteca, es un mal augurio en las actuales condiciones en que se encuentra el país, es muy posible que se de la unidad nacional bajo el grito de “¡Abajo el mal gobierno!”.
La convulsión del capitalismo monopolista mundial y su expresión doméstica, ha destruido la herencia mexicana y su increíble inestabilidad ha sumido al país en una seria crisis económica, en un contexto social de adjudicación papista de inconsensadas, desatinadas y erráticas acciones de Estado, punitivas y de exterminio excluyente, de los señores de la guerra contra el narcotráfico. México vive una etapa de crisis sin precedentes, que tiene como expresión constatable una recesión que inició hace cerca de dos años, mutando poco a poco en un estancamiento productivo, y que muestra debilidades estructurales que dificultan la toma de medidas adecuadas para superar esta difícil situación. ¿Qué hacer? Es urgente un emprendimiento público de acción e iniciativa ─algo más que maquillaje propagandista─ que oriente, organice y dirija la economía estatal y también la economía privada, en función de los intereses del país. En esta crítica trama cabe parafrasear a Francis Bacon: Hay muchos medios de hacerse rico, pero muy pocos de hacerlo con honradez; la economía es uno de los más seguros, a pesar de que tampoco es del todo inocente…
miércoles, 9 de junio de 2010
Poderío económico Mex
La historia del dinero como riqueza va desde las piedras hasta el ciberdinero. Aunque sus formas han variado y las funciones dinerarias han evolucionado, el dinero esencialmente continúa siendo el mismo como signo de representación de riqueza. Aunque las mercancías son la forma elemental de la riqueza producto del trabajo. La evolución del dinero ha derivado en ser la encarnación por excelencia del capital financiero.
La actual crisis económica pone en la palestra el papel del Estado como regulador económico. Los vaivenes de la economía forja la idea de erigir ciertas proporciones estables entre el libre mercado y el interés del país. Por eso hay que comenzar a discutir el modo de regulación de la economía.
Según el INEGI, el ritmo de crecimiento del PIB continúa reduciéndose: durante el primer trimestre de 2010 el producto disminuyó en -0.4 % y la tasa de desempleo alcanzó el 5.3 % y crece desmesuradamente la ocupación informal. El ciclo económico continúa recargando su peso sobre la dinámica económica. En el mismo lapso, la economía estadounidense creció 3 %, menos de lo previsto informó el Departamento de Comercio, el desempleo aumentó considerablemente a 9.7 %. Mientras la eurozona creció apenas 0.2 % —informó Eurostat—, el nivel medio de desempleo se elevó a 9.4 %, no logra conjurar las deudas, le hostiga la agitación financiera del euro y es amagada por el fantasma recesivo; primero fue Grecia, ahora Hungría y después… posiblemente España. En el área de la OCDE el PIB sólo aumentó 0.7%. ¡Los momios de dos zonas significativas de la economía mundial no son nada prometedores!
Otras referencias económicas desventajosas: Los datos del Banco de México indican que el comercio continúa siendo exiguo y la cuenta corriente negativa. Cifras del INEGI y Pemex, muestran que la producción y exportación de petróleo declina leve pero constantemente, a cerca de 2.6 millones de barriles al presente, en comparación con los casi 3 millones de 2008. Las remesas provenientes del Estados Unidos han caído -10 %. Ante las turbulencias monetarias internacionales, el peso carga un incierto futuro. Más acá: para los más de 70 millones de pobres en México (53.7 acepta el gobierno federal) no hay ninguna expectativa de mejoramiento de sus condiciones de vida futuras.
Los gestores y responsables de aplicar la política económica, a pie juntillas con sus corifeos, algunas agencias portavoces del gobierno, ciertos ancien economistas al servicio del régimen, otros economistas —unos por interés, varios por equivocación y los menos por ignorancia—, no se cansan de decirnos que la crisis económica en México “ya tocó fondo” y que “ya merito” entraremos por la senda del crecimiento.
Entre otras, una de las bases cardinales para sostener tales afirmaciones se fortifica con la aparente estabilidad del peso, el hecho de que las reservas internacionales rebasan los 98 mil millones de dólares y la presencia perversa y hegemónica monetaria sobre la economía.
De otro lado, la gente cree por lo común que llevar mucho dinero en el bolsillo es ser rico. ¡Nada más ilusorio! Como veremos, el dinero es sólo expresión de riqueza, más no crea ni es riqueza en sí mismo.
El dinero es una cosa —billete, moneda, plástico, señal electrónica, entre otras— cuya función específica estriba en desempeñar la función de equivalente general en la que se expresa el valor de todas las mercancías y por la que todas se cambian. Ahora bien el precio es la expresión en dinero del valor de las mercancías; por ejemplo: un kilo de tortilla vale 10 pesos, un kilo de frijol 20, un kilo de azúcar 13, etc. El valor o las inversiones socialmente necesarias de trabajo, materializado en tal o cual mercancía, se expresa indirectamente a través del dinero.
Pero: ¿Qué hay detrás del dinero? ¿Por qué se le adora y rinde pleitesía hasta la ignominia? Parecería ser que el dinero adquiere voluntad propia. ¡La objetividad se mistifica! Veamos. La sola posesión del dinero significa poder (de compra) social. Esto deriva psicológicamente en la deificación del dinero. No obstante que atrás del dinero están las mercancías, la producción, la riqueza. Por eso, por ejemplo, los diamantes se usan como dinero en el tráfico de armas y las esmeraldas en el trasiego de estupefacientes.
Esta preeminencia del dinero omnipresente y omnipotente, es lo que posibilita la sobreestimación teórica del proceso de intercambio sobre el proceso de producción. De ahí el culto al mercado de parte de algunos economistas, que consideran a la oferta y la demanda como determinaciones fundamentales del movimiento de la economía, a través de la llamada la ley de la oferta y la demanda.
Si analizamos detenidamente el fenómeno, nos daremos cuenta que es sólo la utilización del dinero con fines de lucro lo que lo transforma en capital, en dinero que “produce” más dinero. Mas el dinero por sí mismo no es capital, aunque los bancos creen dinero. Entonces la riqueza no es el dinero. ¿Lo serán los bienes de capital, la maquinaria y equipo, los edificios, las materias primas? No. Este capital es producto del trabajo, es trabajo muerto materializado en esas cosas. La riqueza la produce el trabajo vivo, más instruidamente la fuerza de trabajo del hombre.
Volviendo a la senda analítica inicial. El peso mexicano, como dinero, cumple las funciones de 1) medida del valor, 2) medio de circulación, 3) medio de acumulación o de atesoramiento y 4) medio de pago. Pero no actúa como dinero mundial. ¿Por qué? Dejando de lado la historia del capitalismo y el curso forzoso del dinero, tenemos que el peso mexicano tiene como referente al dólar estadounidense como dinero mundial. El dólar es la divisa o moneda extranjera en que hace México sus pagos internacionales y solventa sus compromisos con el exterior; además de que, al mismo tiempo, permite a los extranjeros drenar valor y llevárselo de la economía en su beneficio. Habría que contrarrestar el comercio exterior a Estados Unidos con un mayor crecimiento interno, apuntalado por unos menores tipos de interés y el aumento en los precios del petróleo.
El respaldo de dinero circulante en pesos en el país lo resguarda y administra el Banco de México, principalmente en dólares (en menor medida en oro). Se calcula que el volumen de dinero circulante es de alrededor de 43 mil millones de dólares al tipo de cambio promedio de 13 pesos por dólar, que descontados de las reservas internacionales (98) nos quedan 55. Amén de que no se devalúe el peso. En realidad el peso depende, en gran medida, de las fluctuaciones de la divisa estadounidense. ¡Si se derrumba el dólar, el peso también se hunde!
Delante de la explicación de esta desfavorable vinculación, ¿Por qué esperar el desplome? El peso debe depender esencialmente de la producción en el país. México debe desvincular gradualmente sus instituciones financieras de la red internacional estadounidense y, de paso, de los intereses españoles. ¿Cómo se podría hacer esto? Hay que construir una estructura económica basada en el trabajo y la formación de capital. El dólar no debe primar sobre las fuerzas del espíritu mexicano. La riqueza no es el dólar sino el trabajo azteca.
¿Con qué elementos cuenta el país para afrontar un porvenir económico más equitativo y justo para los mexicanos? México posee la fuerza productiva del trabajo de los mexicanos. Ésta está determinada por múltiples circunstancias entre las que destacan: 1) el nivel medio de destreza de los casi 50 millones de mexicanos en edad de trabajar; 2) el nivel de desarrollo en que se hallan la ciencia y sus aplicaciones tecnológicas en el país, relativamente favorecido por la herencia chatarril estadounidense; 3) la coordinación social del proceso de producción, ahora bajo la égida de los monopolios; 4) la escala y la eficacia de los medios de producción, con grandes empresas predominantes; y, 5) las condiciones naturales del país, con abundantes recursos naturales asentados en los casi 2 millones de kilómetros cuadrados de territorio nacional. ¡Aquí está el poderío económico de México!
Los niveles de desocupación en México llegan a cotas desesperantes. Más la mitad de la población económicamente activa está virtualmente desocupada. ¡Hay que poner a trabajar a los desocupados! El dinero vendrá después como símbolo del valor intrínseco de la producción. Primero es el trabajo y el dinero después.
Emitir dinero es únicamente un problema de producción. Toda la cuestión es saber si los trabajadores producen en la medida de la fabricación de dinero. El valor del dinero depende de las mercancías que tiene detrás.
Un obstáculo que se debe enfrentar, es el hecho de que los monopolios, nacionales y extranjeros, constituyen la unidad económica típica de la economía mexicana. Es más la libre concurrencia ya ha sido desplazada en lo general. El Estado está bajo el imperio del capital monopolista, principalmente el financiero. Esta tendencia está alcanzando su pináculo.
La razón por la que no se acaba el desempleo es que si el banquero extranjero no presta el dinero, las obras no se pueden comenzar y los desocupados nunca pueden empezar a trabajar.
Una preocupación de la escuela económica neoclásica-monetarista, prevaleciente en Estados Unidos, adoptada por los economistas oficiales en México, es la creencia de que la inflación la provoca el aumento de dinero circulante. Lo que no se dice es que detrás de los movimientos de precios están los monopolios. En este sentido, hay que intervenir y regular los precios. Es más las utilidades excesivas deben abolirse de la economía mexicana.
El capital debe hallarse sometido a la soberanía del Estado, en vez de ser una potencia internacional independiente. Por lo demás el capital debe actuar a favor de la autoridad del Estado en vez de convertirse en amo de éste. Es intolerable que el capital pretenda regirse por leyes internacionales atendiendo únicamente a lograr su propio crecimiento y sus enormes beneficios.
La seudociencia económica que predomina en Estados Unidos, aplicada impunemente en México, sostiene la conveniencia utilitaria de que es más atractivo financiar a los especuladores que a los productores de víveres. La economía monopólica ha logrado imponerse libremente al interés de la colectividad. Es más cómodo amasar fortunas en sucias especulaciones, monopolios o transacciones de bolsa.
Se ha falsificado la economía política negando que el dinero no es más que la representación del trabajo y que allí donde el dinero no representa trabajo carece de valor. En México el pueblo existe para la economía monopólica y la economía monopólica para el gran capital (principalmente financiero) doméstico y extranjero.
Es tal la violación de las bases establecidas de la ciencia económica que los economistas oficiales en México, piensan que el valor del peso se encuentra determinado por las existencias o reservas en oro y dólares, depositadas en las cajas del banco del Estado o por cierto colocadas en el Tesoro estadounidense. El valor de la moneda azteca reside en el poder de producción del pueblo mexicano.
Hay que lograr establecer una estructura económica eficiente, dinámica y potente. La regulación en materia económica es de la mayor trascendencia para la economía mexicana. Hay que fortalecer la eficiencia económica y el interés de los mexicanos. Es necesario contribuir a una política mexicana de Estado con un principio económico moderno que impulse el desarrollo económico nacional.
Como decía el comediógrafo griego Menandro: “Bienaventurado el que tiene talento y dinero, porque empleará bien este último.” A lo que a tono podemos agregar: Un político que no puede manejar con éxito la economía de un país, generalmente no llega muy lejos…
La actual crisis económica pone en la palestra el papel del Estado como regulador económico. Los vaivenes de la economía forja la idea de erigir ciertas proporciones estables entre el libre mercado y el interés del país. Por eso hay que comenzar a discutir el modo de regulación de la economía.
Según el INEGI, el ritmo de crecimiento del PIB continúa reduciéndose: durante el primer trimestre de 2010 el producto disminuyó en -0.4 % y la tasa de desempleo alcanzó el 5.3 % y crece desmesuradamente la ocupación informal. El ciclo económico continúa recargando su peso sobre la dinámica económica. En el mismo lapso, la economía estadounidense creció 3 %, menos de lo previsto informó el Departamento de Comercio, el desempleo aumentó considerablemente a 9.7 %. Mientras la eurozona creció apenas 0.2 % —informó Eurostat—, el nivel medio de desempleo se elevó a 9.4 %, no logra conjurar las deudas, le hostiga la agitación financiera del euro y es amagada por el fantasma recesivo; primero fue Grecia, ahora Hungría y después… posiblemente España. En el área de la OCDE el PIB sólo aumentó 0.7%. ¡Los momios de dos zonas significativas de la economía mundial no son nada prometedores!
Otras referencias económicas desventajosas: Los datos del Banco de México indican que el comercio continúa siendo exiguo y la cuenta corriente negativa. Cifras del INEGI y Pemex, muestran que la producción y exportación de petróleo declina leve pero constantemente, a cerca de 2.6 millones de barriles al presente, en comparación con los casi 3 millones de 2008. Las remesas provenientes del Estados Unidos han caído -10 %. Ante las turbulencias monetarias internacionales, el peso carga un incierto futuro. Más acá: para los más de 70 millones de pobres en México (53.7 acepta el gobierno federal) no hay ninguna expectativa de mejoramiento de sus condiciones de vida futuras.
Los gestores y responsables de aplicar la política económica, a pie juntillas con sus corifeos, algunas agencias portavoces del gobierno, ciertos ancien economistas al servicio del régimen, otros economistas —unos por interés, varios por equivocación y los menos por ignorancia—, no se cansan de decirnos que la crisis económica en México “ya tocó fondo” y que “ya merito” entraremos por la senda del crecimiento.
Entre otras, una de las bases cardinales para sostener tales afirmaciones se fortifica con la aparente estabilidad del peso, el hecho de que las reservas internacionales rebasan los 98 mil millones de dólares y la presencia perversa y hegemónica monetaria sobre la economía.
De otro lado, la gente cree por lo común que llevar mucho dinero en el bolsillo es ser rico. ¡Nada más ilusorio! Como veremos, el dinero es sólo expresión de riqueza, más no crea ni es riqueza en sí mismo.
El dinero es una cosa —billete, moneda, plástico, señal electrónica, entre otras— cuya función específica estriba en desempeñar la función de equivalente general en la que se expresa el valor de todas las mercancías y por la que todas se cambian. Ahora bien el precio es la expresión en dinero del valor de las mercancías; por ejemplo: un kilo de tortilla vale 10 pesos, un kilo de frijol 20, un kilo de azúcar 13, etc. El valor o las inversiones socialmente necesarias de trabajo, materializado en tal o cual mercancía, se expresa indirectamente a través del dinero.
Pero: ¿Qué hay detrás del dinero? ¿Por qué se le adora y rinde pleitesía hasta la ignominia? Parecería ser que el dinero adquiere voluntad propia. ¡La objetividad se mistifica! Veamos. La sola posesión del dinero significa poder (de compra) social. Esto deriva psicológicamente en la deificación del dinero. No obstante que atrás del dinero están las mercancías, la producción, la riqueza. Por eso, por ejemplo, los diamantes se usan como dinero en el tráfico de armas y las esmeraldas en el trasiego de estupefacientes.
Esta preeminencia del dinero omnipresente y omnipotente, es lo que posibilita la sobreestimación teórica del proceso de intercambio sobre el proceso de producción. De ahí el culto al mercado de parte de algunos economistas, que consideran a la oferta y la demanda como determinaciones fundamentales del movimiento de la economía, a través de la llamada la ley de la oferta y la demanda.
Si analizamos detenidamente el fenómeno, nos daremos cuenta que es sólo la utilización del dinero con fines de lucro lo que lo transforma en capital, en dinero que “produce” más dinero. Mas el dinero por sí mismo no es capital, aunque los bancos creen dinero. Entonces la riqueza no es el dinero. ¿Lo serán los bienes de capital, la maquinaria y equipo, los edificios, las materias primas? No. Este capital es producto del trabajo, es trabajo muerto materializado en esas cosas. La riqueza la produce el trabajo vivo, más instruidamente la fuerza de trabajo del hombre.
Volviendo a la senda analítica inicial. El peso mexicano, como dinero, cumple las funciones de 1) medida del valor, 2) medio de circulación, 3) medio de acumulación o de atesoramiento y 4) medio de pago. Pero no actúa como dinero mundial. ¿Por qué? Dejando de lado la historia del capitalismo y el curso forzoso del dinero, tenemos que el peso mexicano tiene como referente al dólar estadounidense como dinero mundial. El dólar es la divisa o moneda extranjera en que hace México sus pagos internacionales y solventa sus compromisos con el exterior; además de que, al mismo tiempo, permite a los extranjeros drenar valor y llevárselo de la economía en su beneficio. Habría que contrarrestar el comercio exterior a Estados Unidos con un mayor crecimiento interno, apuntalado por unos menores tipos de interés y el aumento en los precios del petróleo.
El respaldo de dinero circulante en pesos en el país lo resguarda y administra el Banco de México, principalmente en dólares (en menor medida en oro). Se calcula que el volumen de dinero circulante es de alrededor de 43 mil millones de dólares al tipo de cambio promedio de 13 pesos por dólar, que descontados de las reservas internacionales (98) nos quedan 55. Amén de que no se devalúe el peso. En realidad el peso depende, en gran medida, de las fluctuaciones de la divisa estadounidense. ¡Si se derrumba el dólar, el peso también se hunde!
Delante de la explicación de esta desfavorable vinculación, ¿Por qué esperar el desplome? El peso debe depender esencialmente de la producción en el país. México debe desvincular gradualmente sus instituciones financieras de la red internacional estadounidense y, de paso, de los intereses españoles. ¿Cómo se podría hacer esto? Hay que construir una estructura económica basada en el trabajo y la formación de capital. El dólar no debe primar sobre las fuerzas del espíritu mexicano. La riqueza no es el dólar sino el trabajo azteca.
¿Con qué elementos cuenta el país para afrontar un porvenir económico más equitativo y justo para los mexicanos? México posee la fuerza productiva del trabajo de los mexicanos. Ésta está determinada por múltiples circunstancias entre las que destacan: 1) el nivel medio de destreza de los casi 50 millones de mexicanos en edad de trabajar; 2) el nivel de desarrollo en que se hallan la ciencia y sus aplicaciones tecnológicas en el país, relativamente favorecido por la herencia chatarril estadounidense; 3) la coordinación social del proceso de producción, ahora bajo la égida de los monopolios; 4) la escala y la eficacia de los medios de producción, con grandes empresas predominantes; y, 5) las condiciones naturales del país, con abundantes recursos naturales asentados en los casi 2 millones de kilómetros cuadrados de territorio nacional. ¡Aquí está el poderío económico de México!
Los niveles de desocupación en México llegan a cotas desesperantes. Más la mitad de la población económicamente activa está virtualmente desocupada. ¡Hay que poner a trabajar a los desocupados! El dinero vendrá después como símbolo del valor intrínseco de la producción. Primero es el trabajo y el dinero después.
Emitir dinero es únicamente un problema de producción. Toda la cuestión es saber si los trabajadores producen en la medida de la fabricación de dinero. El valor del dinero depende de las mercancías que tiene detrás.
Un obstáculo que se debe enfrentar, es el hecho de que los monopolios, nacionales y extranjeros, constituyen la unidad económica típica de la economía mexicana. Es más la libre concurrencia ya ha sido desplazada en lo general. El Estado está bajo el imperio del capital monopolista, principalmente el financiero. Esta tendencia está alcanzando su pináculo.
La razón por la que no se acaba el desempleo es que si el banquero extranjero no presta el dinero, las obras no se pueden comenzar y los desocupados nunca pueden empezar a trabajar.
Una preocupación de la escuela económica neoclásica-monetarista, prevaleciente en Estados Unidos, adoptada por los economistas oficiales en México, es la creencia de que la inflación la provoca el aumento de dinero circulante. Lo que no se dice es que detrás de los movimientos de precios están los monopolios. En este sentido, hay que intervenir y regular los precios. Es más las utilidades excesivas deben abolirse de la economía mexicana.
El capital debe hallarse sometido a la soberanía del Estado, en vez de ser una potencia internacional independiente. Por lo demás el capital debe actuar a favor de la autoridad del Estado en vez de convertirse en amo de éste. Es intolerable que el capital pretenda regirse por leyes internacionales atendiendo únicamente a lograr su propio crecimiento y sus enormes beneficios.
La seudociencia económica que predomina en Estados Unidos, aplicada impunemente en México, sostiene la conveniencia utilitaria de que es más atractivo financiar a los especuladores que a los productores de víveres. La economía monopólica ha logrado imponerse libremente al interés de la colectividad. Es más cómodo amasar fortunas en sucias especulaciones, monopolios o transacciones de bolsa.
Se ha falsificado la economía política negando que el dinero no es más que la representación del trabajo y que allí donde el dinero no representa trabajo carece de valor. En México el pueblo existe para la economía monopólica y la economía monopólica para el gran capital (principalmente financiero) doméstico y extranjero.
Es tal la violación de las bases establecidas de la ciencia económica que los economistas oficiales en México, piensan que el valor del peso se encuentra determinado por las existencias o reservas en oro y dólares, depositadas en las cajas del banco del Estado o por cierto colocadas en el Tesoro estadounidense. El valor de la moneda azteca reside en el poder de producción del pueblo mexicano.
Hay que lograr establecer una estructura económica eficiente, dinámica y potente. La regulación en materia económica es de la mayor trascendencia para la economía mexicana. Hay que fortalecer la eficiencia económica y el interés de los mexicanos. Es necesario contribuir a una política mexicana de Estado con un principio económico moderno que impulse el desarrollo económico nacional.
Como decía el comediógrafo griego Menandro: “Bienaventurado el que tiene talento y dinero, porque empleará bien este último.” A lo que a tono podemos agregar: Un político que no puede manejar con éxito la economía de un país, generalmente no llega muy lejos…
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