La revolución económica es un cambio o transformación respecto al pasado económico inmediato, mientras que la evolución económica es el desarrollo económico o el paso gradual espiraleado de un estado económico inferior a otro estadio superior. Una muestra de la primera lo fue históricamente la revolución Industrial de la segunda mitad del siglo XVIII y principios del siglo XIX, que tuvo lugar en Inglaterra y luego en el resto de Europa, en especial por las transformaciones referentes a los cambios principalmente tecnológicos. Un ejemplo de la segunda, es el proceso de sustitución paulatina del feudalismo por el capitalismo durante el periodo histórico que va del siglo XVI al XVIII.
En México la revolución económica del primer tercio del siglo XX, le dio un fuerte y violento impulso al capitalismo agroindustrial, para la transformación de la economía agraria en industrial, su encauce evolutivo hacia un capitalismo monopolista de Estado y la formación de las bases del capitalismo monopolista privado que hoy en día vive el país.
El progresivo avance económico, avivado por la formativa megatendencia mundial monopólica del capitalismo (Véase Hans Jürgen Harrer, 1910-1917 Raíces Económicas de la Revolución Mexicana, Ediciones Taller Abierto, México 1983) trajo aparejada una diferenciación económica: 1) Una clase alta, formada por españoles, otros extranjeros y una burguesía criolla, cada vez más rica; y, 2) Un pueblo mexicano hambriento y analfabeto, cada vez más pobre (Véase Friedrich Katz, La Servidumbre Agraria en México, Ed. Era, México 1980) Una fuerte ola de descontento, que reclamaba otra vez libertad y restitución de las tierras, se extendía por el país.
La transformación de la economía agraria en industrial (Véase Et. Al. Historia de la Cuestión Agraria, 9 tomos, Ed. Siglo XXI, México 1988) necesitaba un fuerte y violento impulso, que le fue proporcionado con la revolución mexicana del primer tercio del siglo XX.
En 1910 estalló la revolución al bramido de la restitución de tierras y hambre de pan. Comenzó la marcha ascendente de la revolución, principalmente bajo el empuje en masa de los campemin (campesinos y mineros). La muchedumbre revolucionaria de los campemin estaba conformada por gran parte de la miserable clase social popular: De un lado, los campesinos desposeídos de sus tierras (Véase Adolfo Gilly, La revolución Interrumpida, Ed. Caballito, México 1977), sujetos a míseros ingresos y víctimas de la arbitrariedad de los hacendados; y, de otro lado, la porción los mineros explotados por empresas extranjeras (Véase Jesús Silva Herzog, El Pensamiento Económico, Social y Político de México 1810-1964, Ed. FCE, México 1967 p.19)
El trasfondo económico del malestar agrario que da origen al cambio radical revolucionario, son, entre otros, las haciendas y los latifundios, las infrahumanas condiciones de vida de los peones y campesinos, el despojo de tierras y las tiendas de raya (Véase Jesús Silva Herzog, Breve Historia de la revolución Méxicana, 2 tomos, Ed. FCE, México 1973).
En el plano económico el Plan de San Luis (Documento promulgado desde San Antonio, Texas, por el hacendado Francisco I. Madero) que convocó formalmente a la revolución, se comprometía a restituir a los campesinos las tierras que les habían sido arrebatadas por los hacendados.
Comenzaron a surgir levantamientos armados a lo largo de México en 1910 y se alteró la vida económica. Zapata se sublevó porque Madero incumplió con el reparto de tierras y proclamó el Plan de Ayala, exigiendo la restauración de los derechos agrarios y reivindicando el reparto inmediato de tierras.
A principios de 1913, los intereses económicos de las compañías estadounidenses en México, decidieron pactar la muerte de Madero. Prontamente apareció un oportunista ranchero-empresario (Venustiano Carranza) con el Plan de Guadalupe (26 de marzo de 1913) que tenía como único fin remover el gobierno ilegal de Victoriano Huerta y no contenía ninguna reivindicación económica. Al caer el gobierno de Huerta y tomar el ejército constitucionalista la ciudad de México, el ejército federal estaba vencido y deshecho.
Inmediatamente se convocó a una Convención Republicana, que decide remover del cargo a Venustiano Carranza y nombra al comerciante y minero Eulalio Gutiérrez Ortiz presidente interno, por lo cual Venustiano Carranza sale de la ciudad de México y establece su gobierno en Veracruz durante el resto de 1913, 1914 y 1915.
Mientras tanto con la alianza entre Emiliano Zapata y Pancho Villa formalizada en el Pacto de Xochimilco, firmado el 4 de diciembre de 1914, se tomó la Ciudad de México por parte de los ejércitos revolucionarios campesinos-populares, que reivindicaban el reparto de tierras y mejores condiciones de vida.
Con la dirección de Carranza y Obregón, el ejército constitucionalista, contraatacó a los ejércitos revolucionarios lidereados por los caudillos revolucionarios Villa y zapata. Durante 1915 Villa fue derrotado por Álvaro Obregón y los constitucionalistas en la famosa Batalla de Celaya, perdería después la batalla de Trinidad, la batalla de León y la batalla de Aguascalientes, por lo que tendría que replegarse otra vez hacia el norte del país. A fines de ese año decidió invadir el estado de Sonora, pero los constitucionalistas, mejor pertrechados, los repelieron, derrotándolo en Agua Prieta, bajo el mando de Plutarco Elías Calles y en el Alamito comandados por el general Manuel M. Diéguez.
A principios de 1916 Villa invadió Estados Unidos. Entretanto Zapata, el caudillo del Sur, y su ejército fue acorralado en Morelos, donde ínterin implantaron un gobierno campesino comunitario sobre la base de la economía ejidal.
Instalado Carranza en la Ciudad de México, el 15 de septiembre de 1916, ya derrotados Villa y Zapata, y “restablecida” la paz, declara una Reforma al Plan de Guadalupe, donde se convoca a un Congreso Constituyente para que modifique la constitución del país.
La nueva Constitución Política del 5 de febrero de 1917, en su artículo 27 sentó la base de la reforma agraria y de la nacionalización del subsuelo; el precepto 123 estableció el esquema de la legislación obrero-patronal. Estos dos artículos constitucionales cristalizaban los anhelos populares campesinos y obreros, y establecieron el marco normativo de la convivencia económica de las clases fundamentales del país (Véase Arnaldo Córdova en La Ideología de la Revolución Mexicana, Ed. Era, México 1977).
Así la victoria revolucionaria impulsó el reparto de tierras que, de un lado, afectó las haciendas y las compañías agrícolas y, de otro, comenzó a beneficiar a los campesinos sin tierra (véase Esperanza Fujigaki Cruz, Modernización Agrícola y Revolución, Ed. UNAM, México 2001).
Se establecieron las condiciones propias de la relación capital-trabajo. La nueva Constitución reconocía el derecho al trabajo digno y socialmente útil. Además implantaba la jornada de trabajo máxima de 8 horas y se reconocían las libertades de expresión, de huelga y asociación de los trabajadores, y abolía la esclavitud.
Complementariamente se procedió a la reorganización del sistema educativo y se estableció el derecho a la educación, siendo ésta otorgada por el Estado de manera laica y gratuita.
La lucha armada de la revolución mexicana que reclamaba al inicio una mejora en las condiciones de vida y de trabajo para las clases marginadas, como obreros y campesinos, duró alrededor de una década y cobró la vida de cientos de miles de mexicanos.
Durante el transcurso de la lucha armada de la revolución, aunque el desorden y la violencia ocasionaron un atoramiento en la economía mexicana y por lo tanto un estancamiento económico en casi todas las actividades productivas, principalmente en la agricultura. Este fenómeno evidentemente adquirió diversas magnitudes de acuerdo a las regiones en donde, en algunas, continuaron las actividades económicas, aunque alteradas por el marco de la contienda y la consecuente inestabilidad que se generó (Véase John Womack, “La economía de México durante la revolución 1910-1920”, Revista Argumentos, UAM, Junio de 1987.
La Revolución Mexicana de 1910-1917 fue la primera gran revolución del Siglo XX, espoleada por la población explotada y dirigida por sus caudillos y personajes destacados de la pequeña burguesía y los intelectuales (Véase John Reed México Insurgente, Ed. Ariel, México 1977).
La dupla Carranza-Obregón asesinó a traición al guerrillero del mediodía: el caudillo campesino Emiliano Zapata fue eliminado el 10 de abril de 1919. Abrazando la tierra que tanto amó murió el gran Caudillo del Sur.
Sin embargo, el enfrentamiento endógeno en el constitucionalismo se dio y marcó la poslucha armada con crueles enfrentamientos y el inicio de arteros asesinatos. El manco de Celaya aliándose con un sujeto apodado “El Turco”, proclamó el Plan de Agua Prieta el 23 de abril de 1920 en contra de Carranza, desconociendo su gobierno. El jefe constitucionalista Venustiano Carranza también fue asesinado el 21 de mayo de 1920 mientras dormía en un jacal en la región del estado de Puebla.
Durante su gestión presidencial Obregón a partir de 1920 comenzó la repartición de tierras a los campesinos del Estado de México y Morelos y la fundación de escuelas rurales. Además dio concesiones a Estados Unidos, en materia agraria y del petróleo, porque la política nacionalista del artículo 27 constitucional afectaba los intereses de las compañías extranjeras en México.
El magnate petrolero William F. Buckley y el banquero Thomas W. Lamont de J.P. Morgan, formaron la Asociación Americana de México en 1921, para oponerse a la expropiación del petróleo por parte del Gobierno mexicano. Lamont también presidía el Comité Internacional de Banqueros, mismo que exigía que México garantizara el pago de su deuda externa a los bancos.
Para allanarle el camino a Plutarco Elías Calles, Obregón y éste fraguaron la supresión de Villa: El Centauro del Norte Pancho Villa fue arteramente asesinado por el “servicio secreto” del “El Turco” el 20 de julio de 1923 cuando mientras se dirigía manejando un auto a una fiesta familiar en Parral. A fines de 1923 dio inicio la rebelión delahuertista, pero sus integrantes fueron derrotados rápidamente y su líder, Adolfo de la Huerta, huyó a Panamá en 1924, mismo año en que Calles fue hecho presidente.
En 1925 se creó el Banco de México, se ordenó la construcción de carreteras, se creó la primera línea aérea, se fundó los bancos Ejidal y Agrícola, restauró la Escuela de Agronomía de Chapingo y fundó la Escuela Médico-Veterinaria, construyó presas, sistemas de riego y numerosas escuelas rurales, además de la Reforma fiscal de 1925 relacionada con el Impuesto sobre la Renta.
Durante su mandato también se inicia en 1926 la llamada Guerra Cristera en un intento de elementos feudales ultramontanos de la Iglesia católica mexicana controlada por los jesuitas, con ayuda de bancos y empresas petroleras extranjeras, por derrocar la Revolución Mexicana de 1910 y su Constitución de 1917. Aunque se hablaba que esta lucha armada se debía al artículo 27 de la Constitución y porque la iglesia debía registrarse para poder ser oficial y pagar cuota al gobierno.
Abusando de su pupilo Álvaro Obregón se reeligió como presidente de México y, durante la celebración del triunfo, fue asesinado en 1928. El Turco aplicó su maximato de 1928 a 1934. Sin embargo, al designar a su cuarto sucesor, al purépecha (Lázaro Cárdenas) se indisciplina y lo expulsa del país.
En el segundo lustro de la década de los 30, se aplicaron acciones económicas por la reforma agraria y la creación de los "ejidos" en el agro mexicano; y por la nacionalización de los recursos del subsuelo, en especial, del petróleo, que originó la última sedición, vinculada directamente a intereses económicos, la rebelión cedillista de 1938, que fue promovida de la mano de las empresas petroleras estadounidenses.
Los grupos económicos imperialistas, apoyados por las principales potencias mundiales, influyeron en el curso de la revolución (Véase Friedrich Katz, La Guerra Secreta en México, Ed. Era, México 1982).
El largo periodo reformista (véase Anatoli Shulgovsky, México en la encrucijada de su historia, Ediciones de Cultura Popular, México 1977) se acentúo con la nacionalización de los ferrocarriles y la industria petrolera (véase op. cit. infra de Hans Jürgen.). La Revolución Mexicana fue el triunfo definitivo del modo de producción capitalista sobre el feudocapitalismo (Algunas interpretaciones sobre la revolución mexicana se encuentran en Et. Al. Interpretaciones de la Revolución Mexicana, Ed. Nueva Imagen, México 1981). El camino del capitalismo industrial estaba allanado.
A partir de 1940 comienza un retorno de las inversiones extranjeras y contrarreformas que atemperan las reformas y México se encaminó por el cambio de una economía de producción primaria, basada en actividades agropecuarias (Véase Michel Gutelman en Capitalismo y Reforma Agraria en México, Ed. Era, México 1974) y mineras, hacia una nación semindustrializada. Esta marcha fue robustecida por la demanda de materias primas mexicanas para la industria bélica estadounidense. Al mismo tiempo, las dificultades de abasto exterior favoreció el desarrollo de la industria ligera (Véase Raymond Vernon, El dilema del desarrollo económico de México, Ed. Diana, México 1970).
En el contexto planetario de la economía de Guerra Fría, durante 20 años la factoría se hace presente. A partir de la quinta década del siglo XX, el capitalismo industrial se abre paso, basado en la industria doméstica, la incipiente manufactura, la industria maquinizada, el fomento de la explotación de nuevas riquezas y la consolidación del mercado interior.
En los años 60 que siguen este proceso es apoyado por el Estado que nacionaliza la industria eléctrica y al mismo tiempo actúa como capitalista estatal impulsando, entre otras, la industria automotriz.
El resultado es la erección de un capitalismo de Estado suigeneris en México.
La integración más formal entre México y Estados Unidos comenzó a materializarse de una manera más clara en 1965, cuando se establece el programa de las maquiladoras en el norte de México vinculadas a la industria automotriz.
En los años que siguen, se da un rápido crecimiento económico en un marco de reducida inflación. Por más de 30 años la economía mexicana creció a tasas mayores a 6 % anual (Véase Roger D. Hansen La Política del Desarrollo Mexicano, Ed. Siglo XXI, México 1979). Sin embargo, este crecimiento pronto se trastoca en una creciente inflación y un fuerte aumento de la deuda externa, cuyo estallido se da con el movimiento de 1968 y en la crisis de 1971.
Este crítico lapso culmina con la fragor de la crisis económica (Véase Raúl González Soriano, Ensayos sobre la acumulación de capital en México, Ed. UAP, México 1983) con la devaluación del peso en el segundo lustro de los años 70. En el marco de la tendencia critica (Véase Pedro López y otros, Capitalismo y Crisis en México, Ediciones de Cultura Popular, México 1979) del capitalismo mundial de posguerra, seguidamente se promovió fuertemente la industria petrolera, incrementando el gasto público y, por ende, la deuda externa, originando una escalada inflacionaria y el peso se devaluó de nuevo en 1982 ahora con una aguda fuga de capitales.
Resumiendo. Los factores que hicieron posible el crecimiento sostenido de la economía mexicana en las décadas siguientes a 1940, decantando en un capitalismo monopolista de Estado, fueron los siguientes: 1) El enorme volumen y la variedad de riquezas del país, con cuantiosos recursos naturales; 2) El potentísimo incremento de la población y el crecimiento urbano; 3) La reforma agraria y el reparto de tierras (Veáse Et. Al. Historia de las Ligas de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos, 5 tomos, Ed. CNC-CEHAM, México 1988), y la construcción de obras hidráulicas y caminos; 4) La formación de enormes empresas públicas y la creación de infraestructura; 5) La demanda de guerra y la expansión del mercado mundial de posguerra; y, 6) La afluencia de capitales extranjeros, principalmente estadounidenses.
El detonador de la crisis económica de 1982 en México fue la moratoria de pagos de la deuda externa y su causa una sobreproducción de petróleo a nivel mundial que redujo los precios del crudo, impactando negativamente los ingresos públicos del país por ese concepto (véase NAFINSA. Testimonios del Mercado de Valores. Tomo II: El Desarrollo Económico y Participación del Estado en la Economía Nacional, México 1990. Carta de Intención de México al Fondo Monetario Internacional (FMI) del 22 noviembre de 1982, pp. 240-245).
A principios de la década de los ochenta del siglo pasado, aprovechando la recurrencia de las crisis económicas, el elevado servicio de la deuda externa, las secuelas del desbastador terremoto de 1985 y la abrupta caída del precio del petróleo, el capitalismo monopolista privado define y construye su senda(Miguel Basáñez, refiere en La lucha por la Hegemonía en México 1968-1990, Ed. Siglo XXI, México 1990), con el crecimiento de las grandes fábricas y el desarrollo de complejos industriales, fortalecido con el proceso de transformación de la propiedad estatal en capital privado (Véase Et Al. México, presente y futuro, Ediciones de Cultura Popular, México 1985).
La crisis de 1982 origina un quiebre en la senda del desarrollo del capitalismo en México (Véanse al respecto Pablo González Casanova y otros, México ante la crisis, Tomo I, Ed. Siglo XXI, México 1985; Et. al México, auge, crisis y ajuste, Lecturas No. 73 Tomo II, Ed. FCE, México 1992; y, Et. al. Estancamiento económico y crisis social en México 1983-1988, Tomo I, Ed. UAM, México 1989), iniciándose un proceso de transformación del capital público en capital privado.
En la frontera final de los años ochenta y principios de los noventa, se inician reformas económicas (Véase Et. Al. Reformas económicas en México 1982-1999, Lecturas No. 92, Ed. FCE, México 2000) y se reanuda el crecimiento sin provocar el resurgimiento de la inflación, pero la tendencia monopólica privada del capitalismo se acentúa y termina por consolidarse, aprovechando la crisis de las postrimerías agónicas de 1994.
Con el decisivo apoyo del financiamiento estadounidense y del marco comercial del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), se pudo “sortear” la crisis, especialmente el trance bancario, y se consolidó un núcleo exportador manufacturero, principalmente de bienes de consumo duradero y en menor medida de petróleo, para abastecer de bienes de consumo a la economía de Estados Unidos.
En el primer año del tercer milenio, los factores externos vinculados a la debilidad estructural interna de la economía (sin sectores o ramas estratégicas) provocaron una pequeña recesión con desempleo, pero que generó un lapso de atasco productivo (El PIB decreció en -0.2 % en 2000, en 0.8 % en 2001 y en 1.4 % en 2002; véase la variación porcentual del PIB en INEGI, BID). La crisis intensifico la transnacionalización de la producción y la consolidación de la dominación monopólica capitalista sobre la economía.
Esta crisis constituyó la advertencia de la complicación que vendría más adelante. A finales de 2008 la economía mexicana fue alcanzada por la crisis financiera mundial, que pronto derivó en recesión con desempleo. La dificultad poco a poco, ha venido resultando en un estancamiento económico.
Los principales factores detrás de la crisis mexicana que la impacto a partir de agosto de 2008, fueron: 1) La desaceleración del crecimiento de Estados Unidos por la tendencia a la sincronía del ciclo económico; 2) El grado de Integración de la economía mexicana con la estadounidense (alrededor del 40%: Para crecer la economía mexicana tiene que importar maquinaria, equipo y materias primas. Además más del 95 % de las patentes son extranjeras. La mayor parte de la tecnología y los procedimientos científicos que se usan son extranjeros); y, 3) El alto volumen de comercio exterior (cerca del 90 %: Véanse las cifras de comercio exterior en el BID del INEGI) con los yanquis. Esencialmente el elemento causal sustancial fue una relativa sobreproducción nacional en relación a la demanda estadounidense.
Durante 2009 la economía mexicana cayó en una fase recesiva (Según el INEGI en 2009 el PIB cayó en 6.5 %). En 2010 la fase del ciclo económico en se encuentra la evolución de la economía mexicana es un periodo de estancamiento productivo, donde prácticamente se ha detenido el proceso de producción o las condiciones de crecimiento son mínimas o casi cero. De otro lado, la política económica repitió los mismos parámetros, por lo que las medidas económicas aplicadas han sido incapaces de sortear y atenuar la crisis económica del país.
Sintetizando: A medida de que el capitalismo se ha venido intensificando profundamente y ampliando extensivamente en el país, el comportamiento de la economía mexicana se ha hecho más cíclico y la política económica actúa de manera más coyuntural que de largo plazo.
¿Hoy qué tipo de economía es la que hay México?
El país ha quedado en manos de unos pocos grandes monopolios capitalistas propiedad principalmente de extranjeros (camuflados o disfrazados: Véase “Las 500 empresas más grandes de México” en el suplemento de la Revista Expansión de 2010) beneficiarios del estatismo económico del pasado reciente. Esta situación ha traído como consecuencia que los pequeños capitalistas se han convertido en un cuerpo de hombres que ganan la subsistencia trabajando para otros. Las ciudades y las fábricas han aumentado, porque más personas se han desplazado a ellas, en busca de lugares y empleo. Del conjunto, los estratos inferiores humanos están siendo alterados en todos sentidos siempre para lo peor. De pequeños propietarios del capital, muchos mexicanos se verán reducidos al estado de subsidiarios del capital monopolista o, en el peor de los casos, en jornaleros y asalariados, engrosando las filas de la pobreza.
El capitalismo mexicano depende y está integrado, formal (TLC) y realmente (tecnología y mercado), al capitalismo estadounidense y en gran medida todavía a los monopolios del país hispano (Véase como los españoles monopolizan la producción y venta de alcohol, y envenenan genocidamente al pueblo mexicano). ¡Lo que ha variado es la composición y disposición de los amos, los esclavos continúan siendo los mismos! Esto hay que tomarlo en cuenta a la hora de proyectar un futuro mejor para los mexicanos.
El escenario nacional es patético y nada halagüeño si miramos algunas otras aristas: 1) Millones de mexicanos habitan en terrenos de alto riesgo, sin una opción futura de reubicación en territorio adecuado para vivir sin desasosiego (Adviértase lo que pasa cuando el país sufre los estragos de huracanes y otras inclemencias naturales); 2) La población del país vive la pesadilla de la forma actual de combatir la delincuencia que no responde el supremo concepto de policía por el cual garantice la conservación de las personas, sus derechos y su propiedad, además de que no articula prevención con represión (Los muertos de la guerra que sostiene el gobierno federal contra el narcotráfico rebasa ya los 30 mil mexicanos); 3) No hay formas reales de empleo para los jóvenes mexicanos y para los mayores, que garanticen una forma de vida legal y digna (El desempleo es agobiante. La tasa de desempleo oficial que da el INEGI ya rebasa el 6 %, casi 3 millones de parados); 4) No se cuenta con una potente industria y mucho menos con desarrollo tecnológico doméstico, que permita sentar las bases endógenas del desarrollo económico, básicamente las manufacturas producen bienes de consumo (Véase la composición del PIB industrial por subsectores en el BID del INEGI); 5) La fuerte banca privada extranjera saquea el esfuerzo económico de los mexicanos y, 6) la guerra civil está destrozando las pocas burbujas económicas del país (La economía no por ser ilegal deja de ser economía). La zozobra de pueblo mexicano puede urdir su violencia.
Del saqueo español y del robo gringo de la mitad del territorio, todavía no se repone el país. Incluso algunos corifeos de los españoles han venal y descaradamente regalado los activos de país, como fue el caso del prevaricador cedillista trajinando impunemente los ferrocarriles que impulsaron al país por la senda del capitalismo primario exportador y sirvieron a los mexicanos que hicieron la revolución. Hoy en día los mexicanos todavía continúan siendo esclavizados por los monopolios hispanos y yanquis.
¿Por qué luchó la revolución de 1910?
1) Por la tierra, pero hoy la situación del campo mexicano no es nada boyante, adolece de pobreza extrema; 2) Por la educación, pero actualmente la educación está en manos de una mafia que atora en la ignorancia y la corrupción al país; 3) Por el movimiento obrero y la vigencia del Artículo 123 constitucional, pero al presente los trabajadores son explotados principalmente por extranjeros y el precepto es un mero deseo obrero.
La Constitución de 1917, producto de la revolución mexicana, ha sido violada sistemáticamente. Hoy más que nunca el orden constitucional y las garantías constitucionales de los ciudadanos han sido quebrantados en la guerra que vive México. Además hay un creciente desmantelamiento del legado histórico del movimiento popular revolucionario iniciado a principios del siglo XX.
¿Cuál es el futuro de México que se vislumbra en lo inmediato?
Más explotación de los mexicanos, más saqueo del país, más muertos y menos opciones de desarrollo.
¿Qué se debe celebrar entonces?
¡La esclavitud del pueblo mexicano!
¿Qué debemos hacer?
1) Enlistar a los traidores del país; 2) Reescribir la historia reciente de México; 3) Evaluación de las actuales potencialidades militares de la nación; 4) Rehacer el orden constitucional; 5) Terminar con la soterrada guerra civil; 6) Impulsar el desarrollo económico del país; y, 7) Refundar la patria.
Recuérdese que solo durante un tiempo (y sólo por un tiempo) se puede oprimir, obligar, sobornar, quebrantar o destrozar… Hay que luchar porque en todo el país la gente disfrute de prosperidad, bienestar y tranquilidad. Es seguro que los mexicanos alcanzaremos esa meta si adelantamos hacia un país que esté libre de la pobreza y de la violencia… En todo caso, la revolución se puede repetir con más terror, violencia, saña y virulencia que en el pasado…
martes, 23 de noviembre de 2010
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