lunes, 27 de septiembre de 2010

[In]dependencia económica

El concepto de “independencia” apareció entre las colonias para reaccionar contra el colonialismo. La independencia económica de un pueblo es la situación de un país que no está sometido a la economía de otro. Por otro lado, la dependencia económica es un entorno en la que la producción y riqueza de un país está condicionada por el desarrollo de otro u otros países a los cuales queda sometido. En la historia la dependencia económica se encuentra principalmente asociada al colonialismo y al imperialismo.
Además de la enorme porosa frontera con el país vecino, la economía mexicana tiene un alto grado de dependencia de la economía estadounidense. Se estima que el grado de Integración de la economía mexicana con la de Estados Unidos es de más de 1/3 de la economía. Las más de 4/5 partes del volumen de comercio exterior se hace con los estadounidenses. Los españoles controlan gran parte de la economía del país, como es el caso de los monopolios de alimentos, licores, bienes y raíces, bancos, hoteles y muchos más. La vida de la mayoría de los mexicanos depende de los intereses estadounidenses e hispanos.
¿Cómo es que se ha llegado ante tan sombría situación económica?
En el Continente del Poniente las personas que estaban unidas familiarmente formaban un clan, como era el caso de los chontales de la gran tribu olmeca. La economía de los olmecas estaba basada en los productos agrícolas, con los que comerciaban, tanto entre ellos como con otros pueblos vecinos. Los olmecas llevaban y traían diferentes mercancías para intercambiar con el hule, el cacao y el maíz que producían. El grano y el chocolate formaban parte de su dieta, en la que se incluían la carne de pescado, tortugas, venados y perros domesticados. El comercio olmeca se llevó hasta lugares apartados como Guerrero, el valle de México, Oaxaca y la zona Maya ─incluyendo Guatemala─, y más allá con los demás grupos americanos.
Posteriormente el pueblo azteca ─legatario de la estirpe americana─ dominó la región de México desde principios del siglo XIV hasta la invasión española. La mayor parte de la población del Anáhuac eran artesanos, agricultores, servidores públicos, soldados, etc., que se organizaban en grupos de parentesco o calpulli (tribu). El calpulli era una unidad social de los mexicas, en la que se ordenaba la vida familiar, política, económica y militar de un clan. La economía de los aztecas era doméstica y tribal, basada en la propiedad comunal de la tierra. La agricultura era la base de la vida mexicana junto con el maíz. Los mexicas completaban su alimentación con la caza y la pesca. Entre las actividades germinoindustriales merecen destacarse la textil (algodón, pelo de conejo, etc.), metalúrgica (trabajo con metales), cerámica y joyería. En todas las ciudades había un gran mercado donde comerciaban lo que producían utilizando como moneda metales y el trueque de productos. La economía azteca se sustentaba en las actividades agrarias y en complejas redes de intercambio que abarcaban todo el señorío.
Con la invasión española, los hispanos saquearon las riquezas y destruyeron sistemáticamente la economía azteca ─incluyendo todos los monumentos civiles y religiosos─, implantándose un feudocapitalismo colonial que duró tres siglos, borrando hasta los cimientos de toda manifestación de la economía americana. Dondequiera que los españoles ponían los pies, seguían la devastación y la despoblación. Los españoles redujeron a la población indígena a la servidumbre semejante al rancio feudalismo europeo de siglos pasados. Había comenzado el exterminio, la esclavización y el enclaustramiento del pueblo mexicano. El capitalismo medieval de la “Nueva España”, se basó en el despojo, la rapiña, el pillaje, el robo, la depredación. En México había enormes latifundios y minas de oro y plata que eran de los españoles por el latrocinio. El usufructo colonial se asentaba en la explotación colonial y la expoliación de la mano de obra mexicana esclavizada, sometida a crueldades, asesinatos y tortura. Se les impartió a los aztecas el cristianismo y, con este, el trabajo forzado en las minas y haciendas, palizas brutales y la muerte. Las relaciones económicas se caracterizaban por relaciones de traiciones, asesinatos, sobornos, masacres y vilezas. Las riquezas extraídas de México venían chorreando sangre y suciedad. Aunque el robo de la riqueza mexicana iba a engrosar las arcas de la ostentosa y podrida corona española, y el vaticano legalizaba el holocausto de los aztecas, la maldición de aquella la perseguiría por los siglos de los siglos.
A finales del siglo XVIII asciende la hacienda y el peonaje. Los ocupantes españoles ven a México como inagotable fuente de recursos. La minería, la agricultura, la ganadería y el comercio de México, atienden los requerimientos de España y han sostenido por siglos el florecimiento de las promiscuas monarquías europeas.
La expoliación de las riquezas del país por España, la penosa esclavitud de los mexicanos, la contradicción entre los estancos y el comercio, la evolución mundial del capitalismo hacia las guerras de las potencias por el control de las materias primas, el eco de las revoluciones burguesas, la expulsión de los jesuitas, la promiscua conducta de la monarquía borbónica y la invasión gala a península ibérica, presionaba e inducía la necesidad de hacer saltar en pedazos los candados del dominio colonial.
Se estima que a comienzos del siglo XIX, en la Nueva España se asentaban más de 6 millones de habitantes, de los cuales la décima parte conformada por españoles ─europeos y criollos─, detentaban la casi totalidad de las riquezas de México. El hambre, la esclavitud y la desesperación de millones de mexicanos, eran un caldo de cultivo libertario para su segundo momento constitutivo.
A pesar de las solapadas maniobras, las clases privilegiadas, principalmente los terratenientes criollos (nacidos en América pero no menos hispanos) y la burguesía indiana, con el apoyo como carne de cañón de ejércitos de campesinos mexicanos desposeídos que luchaban por su libertad y la devolución de las tierras, obtuvieron a sangre y fuego la “independencia”, que en el terreno económico se expresó en una serie de reformas de corte tímidamente liberal, las cuales dejaron intacto la propiedad de los españoles sobre las riquezas conculcadas a los aztecas, pero que le abrió paso a la formación del mercado interior.
La debilidad de la burguesía mexicana en ciernes, posibilitó el robo y la mutilación de la mitad del territorio nacional por los estadounidenses. Si España se había atragantado impunemente de las riquezas del país, Estados Unidos se agandayó y partió a México en dos, quedándose con una suculenta mitad del país. Como la tierra es la madre de la riqueza, a México no solo fue robado in situ sino que le castraron la posibilidad futura de creación de riqueza.
La profunda reforma juarista desamortiza gran parte de la riqueza en manos del clero, lo que impulsa la acumulación primitiva de capitales a favor del capitalismo agroindustrial, que fue interrumpida por la invasión y ocupación temporal gala al país. Derrotadas las tropas de los invasores francos, poco a poco continuó la evolución de la agricultura mercantil, el sistema fabril de la agricultura, la diferenciación del campesinado, la hacienda con la tienda de raya; fortaleciendo los procesos del capitalismo agroindustrial vinculado al mercado mundial, cuyo punto culminante se da en el porfiriato.
Rudimentaria pero al mismo tiempo remozadamente, dio comienzo la industrialización del país y se extendieron los cultivos, desarrollándose haciendas agrícolas, ganaderas y regadíos. El paulatino progreso material y la construcción de caminos y ferrocarriles, impulsaba inexorablemente la formación del mercado interno.
El progresivo avance económico, avivado por la formativa megatendencia mundial monopólica del capitalismo, trajo aparejada una diferenciación económica: 1) Una clase alta, formada por españoles, otros extranjeros y una burguesía criolla, cada vez más rica; y, 2) Un pueblo mexicano hambriento y analfabeto, cada vez más pobre. Una fuerte ola de descontento, que reclamaba otra vez libertad y restitución de las tierras, se extendía por el país.
La transformación de la economía agraria en industrial, necesitaba un fuerte y violento impulso, que le fue proporcionado con la revolución mexicana del primer tercio del siglo XX. La victoria revolucionaria impulsó el reparto de tierras, la reorganización del sistema educativo y se establecieron las condiciones propias de la relación capital-trabajo. El largo periodo reformista se acentúo con la nacionalización de los ferrocarriles y la industria petrolera. La Revolución Mexicana fue el triunfo definitivo del modo de producción capitalista sobre el feudocapitalismo.
México se encaminó por el cambio de una economía de producción primaria, basada en actividades agropecuarias y mineras, hacia una nación semindustrializada. Esta marcha fue robustecida por la demanda de materias primas mexicanas para la industria bélica estadounidense. Al mismo tiempo, las dificultades de abasto exterior favoreció el desarrollo de la industria ligera.
En el contexto planetario de la economía de Guerra Fría, a partir de la quinta década del siglo XX, el Capitalismo industrial se abre paso, basado en la industria doméstica, la incipiente manufactura, la industria maquinizada, el fomento de la explotación de nuevas riquezas y la consolidación del mercado interior. Este proceso es apoyado por el Estado ─que incluso nacionaliza la industria eléctrica─ y éste mismo actúa como capitalista estatal. El resultado es la erección de un capitalismo de Estado suigeneris en México.
En los años que siguen, se da un rápido crecimiento económico en un marco de reducida inflación, que pronto se trastoca en una creciente inflación y un fuerte aumento de la deuda externa, que culmina con la devaluación del peso en el segundo lustro de los años 70. En el marco de la tendencia critica del capitalismo mundial de posguerra, seguidamente se promovió fuertemente la industria petrolera, incrementando el gasto público y, por ende, la deuda externa, originando una escalada inflacionaria y el peso se devaluó de nuevo en 1982 ahora con una aguda fuga de capitales.
Resumiendo. Los factores que hicieron posible el crecimiento sostenido de la economía mexicana en las décadas siguientes a 1940, decantando en un capitalismo monopolista de Estado, fueron los siguientes: 1) El enorme volumen y la variedad de riquezas del país, con cuantiosos recursos naturales; 2) El potentísimo incremento de la población y el crecimiento urbano; 3) La reforma agraria y el reparto de tierras, y la construcción de obras hidráulicas y caminos; 4) La formación de enormes empresas públicas y la creación de infraestructura; 5) La demanda de guerra y la expansión del mercado mundial de posguerra; y, 6) La afluencia de capitales extranjeros, principalmente estadounidenses.
A principios de la década de los ochenta del siglo pasado, aprovechando la recurrencia de las crisis económicas, el elevado servicio de la deuda externa, las secuelas del desbastador terremoto de 1985 y la abrupta caída del precio del petróleo, el capitalismo monopolista privado define y construye su senda, con el crecimiento de las grandes fábricas y el desarrollo de complejos industriales, fortalecido con el proceso de transformación de la propiedad estatal en capital privado. En la frontera final de los años ochenta y principios de los noventa, Se reanuda el crecimiento sin provocar el resurgimiento de la inflación, pero la tendencia monopólica privada del capitalismo se acentúa y termina por consolidarse, aprovechando la crisis de las postrimerías agónicas de 1994.
Con el decisivo apoyo del financiamiento estadounidense y del marco comercial del TLC, se pudo “sortear” la crisis, especialmente el trance bancario, y se consolidó un núcleo exportador manufacturero, principalmente de bienes de consumo duradero y en menor medida de petróleo, para abastecer a la economía de Estados Unidos.
En el primer año del tercer milenio, los factores externos vinculados a la debilidad estructural interna de la economía (sin sectores o ramas estratégicas) provocaron una pequeña recesión con desempleo. La crisis intensifico la transnacionalización de la producción y la consolidación de la dominación monopólica capitalista sobre la economía.
Esta crisis constituyó la advertencia de la que vendría más adelante. A finales de 2008 la economía mexicana fue alcanzada por la crisis financiera mundial, que pronto derivó en recesión con desempleo que, poco a poco, fue resultando en estancamiento económico. Los principales factores detrás de la crisis mexicana, fueron: 1) La desaceleración del crecimiento de Estados Unidos por la tendencia a la sincronía del ciclo económico; 2) El grado de Integración de la economía mexicana con la estadounidense (alrededor del 40%); y, 3) El alto volumen de comercio exterior (cerca del 90 %) con los yanquis. Esencialmente el elemento causal sustancial fue una relativa sobreproducción nacional en relación a la demanda estadounidense.
La fase del ciclo económico en se encuentra la evolución de la economía mexicana es un periodo de estancamiento productivo, donde prácticamente se ha detenido el proceso de producción. De otro lado, la política económica repitió los mismos parámetros, por lo que las medidas económicas aplicadas han sido incapaces de sortear y atenuar la crisis económica del país.
Sintetizando: A medida de que el capitalismo se ha venido intensificando y ampliando extensivamente en el país, el comportamiento de la economía mexicana se ha hecho más cíclico y la política económica actúa de manera más coyuntural que de largo plazo.
¿Hoy qué tipo de economía es la que hay México?
El país ha quedado en manos de unos pocos grandes monopolios capitalistas. Esta situación ha traído como consecuencia que los pequeños capitalistas se han convertido en un cuerpo de hombres que ganan la subsistencia trabajando para otros. Las ciudades y las fábricas han aumentado, porque más personas se han desplazado a ellas, en busca de lugares y empleo. Del conjunto, los estratos inferiores humanos están siendo alterados en todos sentidos siempre para lo peor. De pequeños propietarios del capital, muchos mexicanos se verán reducidos al estado de subsidiarios del capital monopolista o, en el peor de los casos, en jornaleros y asalariados, engrosando las filas de la pobreza.
El capitalismo mexicano depende y está integrado, formal (TLC) y realmente (tecnología y mercado), al capitalismo estadounidense y en gran medida todavía a los monopolios del país hispano. ¡Lo que ha variado es la composición y disposición de los amos, los esclavos continúan siendo los mismos! Esto hay que tomarlo en cuenta a la hora de proyectar un futuro mejor para los mexicanos.
El escenario nacional es patético si miramos algunas otras aristas: 1) Millones de mexicanos habitan en terrenos de alto riesgo, sin una opción futura de reubicación en territorio adecuado para vivir sin desasosiego; 2) La población del país vive la pesadilla de la forma actual de combatir la delincuencia que no responde el supremo concepto de policía por el cual garantice la conservación de las personas, sus derechos y su propiedad, además de que no articula prevención con represión; 3) No hay formas reales de empleo para los jóvenes mexicanos y para los mayores, que garanticen una forma de vida legal y digna; 4) No se cuenta con una potente industria y mucho menos con desarrollo tecnológico doméstico, que permita sentar las bases endógenas del desarrollo económico; y, 5) La fuerte banca privada extranjera saquea el esfuerzo económico de los mexicanos. La zozobra de los pueblos puede urdir su violencia.
Del saqueo español y del robo gringo de la mitad del territorio, todavía no se repone el país. Los mexicanos continúan siendo esclavizados por los monopolios hispanos y yanquis. ¿Qué se debe celebrar entonces? Un pueblo que olvida las afrentas está condenado a repetir los mismos errores. Por eso: ¡Nunca jamás!

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