La historia muestra que la criminalización económica menoscaba la gobernabilidad política. Ante la legislación contra los juegos de azar en la historia del mundo y la prohibición del alcohol en Estados Unidos de 1920 a 1933, después del endurecimiento de las leyes y de los baños de sangre, se impuso la lógica de la economía de mercado. Sin embargo, el costo lo pagó la sociedad.
Los confesionales gobernantes de México han criminalizado la economía del país, en algunos casos con la anuencia de unos, con la traba de pocos o con la indiferencia de otros. El fenómeno criminal afecta, en mayor o menor medida, a toda la sociedad mexicana y al propio gobierno en todos sus niveles.
En lugar de que los contendientes del gobierno procedan con determinación y velocidad, los cuerpos de seguridad actúan como si estuviéramos en un estado de excepción, se conculcan derechos, ahora primero se castiga y luego se averigua, e incluso llegan a la “muerte ejemplar”. Ahora existe la presencia de grupos paramilitares y el latente peligro de la criminalización de la protesta social, además de que se cree en el alto mando policiaco federal que el crimen organizado cuenta con base social (¡entonces es narcoguerrilla!).
Con el acoso y la presión sobre el narco, los combatientes gubernamentales se aprovechan porque, ante la violencia endémica que azota al país, la papaloteada sociedad inmersa en la crispación y la zozobra, sacrifica su libertad en aras de la seguridad, aparte de que el ánimo social está contenido. Sólo a los miembros de las élites, una minoría privilegiada, se les garantiza seguridad.
Mientras tanto ante una mayoritaria población desesperada y una mórbida economía, la criminalidad organizada alimenta el miedo cerval, intensifica la perversa corrupción y copta el apoyo institucional –ambos con la ley de “plata o plomo”-, para someter a la población a los -aunque fragmentados- poderes mafiosos y fortalecer la estructura de su empresa sistematizada. No obstante, la virtual desesperación, los potenciales errores e incluso las manifestaciones de terrorismo, también la corporación del crimen, ante la pobreza endémica, se opciona como medio de vida (las gentes pobres son los siervos), alcanzando una dimensión sin precedentes, como negocio que recaba anualmente entre 30 y 50 mil millones de dólares.
En algunos casos la situación de la población, que está enmedio de la guerra que sostiene el gobierno en contra del narco, es francamente desesperada. Por ejemplo está la cuestión de la Ciudad del Miedo, en la periferia de los centros vitales del país, de Paso del Norte o Ciudad Juárez. Este lugar tiene una significativa importancia en la historia de México. El Paso del Norte (El Camino Real) fue el último bastión de la ocupación española a México. También cuando la invasión francesa a México el presidente Juárez se refugió en Paso del Norte y desde allí condujo la guerra de liberación (de allí su nombre). Asimismo fue en Cd. Juárez donde se libró la batalla final de la Revolución Mexicana y, hoy por hoy, libra la batalla del México del siglo XXI. En la actualidad los juarenses son atrapados en las redes criminales, y sufren el embate de las esquizofrénicas fuerzas policíacas y castrenses que los tratan como delincuentes. Aún así, en este momento en la batalla de Cd. Juárez los habitantes de Paso del Norte no se arredran ante nada y parecen apuntar: “Cd. Juárez es para los juarenses”.
En los últimos tres años, de ofensiva estatal y defensiva criminal, van más de 17 mil ejecutados, una cifra no revelada en su totalidad de policías y militares que han perdido la vida, un sin número de víctimas civiles y cuantiosos daños colaterales. La guerra sin cuartel ha aumentado inevitablemente el número de mexicanos que mueren en combate. Las huestes en conflicto ascienden, del lado del crimen, a más de 40 mil sicarios y, del lado de las fuerzas gubernamentales que los persiguen, a cerca de 300 mil combatientes entre policías de todo tipo y militares.
Los contendientes de ambos bandos bañan de sangre a la sociedad mexicana. Las sanguinarias acciones de los criminales no tienen precedente en el país y en el continente. Mientras las catoblepas fuerzas policiales actúan militarizadamente con arrogancia, prepotencia, autoritarismo, soberbia, podridamente, absurdamente, con impunidad, violando las leyes, trasponiendo la jurisdicción policial, irracionalmente y sin medida, y desgraciadamente han reinstalado la tortura en su acepción atávica y moderna. La deplorable actuación policial obedece a una visión ingenieril de la estrategia policíaca y a la impreparación castrense de los altos mandos. Aunque no es lo mismo la formación militar que la policiaca, en estos casos es conveniente que la primera constituya la base de la segunda.
El hecho es que las la pesadilla de las muertes, capturas, heridos, carnicerías, exterminios, eliminaciones, presos, extraditados, desaparecidos, combates, operativos, retenes, disputas por territorios, allanamientos, armas de todo tipo, destrucción de laboratorios, supresión de almacenes, control de rutas, protección de altos funcionarios junto con sus familias, exorbitantes recompensas por venecianas delaciones, problemas personales, etc., todo tiene un altísimo costo económico y un profundo costo social para el país.
En realidad, lo que está debajo de la guerra antinarco son grandes intereses económicos legales e ilegales. Algunas estimaciones –incluso oficiales- consideran que al año se “lavan” más de 25 mil millones de dólares en el sistema financiero “mexicano” (¡y se quedan cortos!). ¿Quiénes son los otros beneficiados? Adivinó: los banqueros extranjeros. Para muestra un botón (ANB): las utilidades declaradas en 2009 de la banca extranjera llegaron a casi 64 mil millones de pesos (16 % más que en 2008). Por lo demás, tal pasa en todos lados del planeta, como un vampiro el capital financiero parasitario chupa sangre (ganancias) del capitalismo y, de paso, lo está destruyendo.
Además también se estima que en México aproximadamente del 70% de las ganancias que obtiene el crimen organizado y las mafias del narcotráfico ingresan a la economía formal. Asimismo, se calcula que en el país la delincuencia organizada emplea alrededor de 10% de la población económicamente activa en sus actividades y que más de medio millón de personas están vinculadas directamente a las redes mafiosas. Del otro lado, según cifras de la OECD en cuatro años —de 2004 a 2007— los aseguramientos de la PGR vinculados al blanqueo de recursos sobrepasan los 253 mil millones de dólares, más de 25 mil millones al año, más los cuantiosos “decomisos” y “extinciones de dominio”; de todo los cuales no da cuenta pública de su destino (parecería ser que es “botín de guerra”).
Así como los monopolios, nacionales y extranjeros, dominan la vida en México, el país tiene el monopolio del narcotráfico, de la violencia, la inseguridad, de la corrupción y la pobreza, porque es un “status quo” que beneficia a muchos. Por ejemplo, tras el futbol existen muchos intereses económicos, como el de los monopolios de las televisoras, de mal nacidos sudamericanos y hasta del narcotráfico.
Recientemente en el país se han hecho modificaciones a las leyes contra la delincuencia, tipificando delitos y endureciendo crecientemente las penas. Se figuran arbitrariamente conductas criminales aberrantes y se condena sádicamente a priori a presuntos delincuentes que no han sido juzgados. Aunque en algunos casos como en la trata de personas se dificulta establecer los límites de los hilos divisorios entre lo legal y lo ilegal. La tentación de darle más atribuciones “legales” a la Armada de México para “combatir” el narco está latente. Algunos miembros macartistas de los partidos políticos han medrado cínica y desvergonzadamente con el miedo de las gentes que, ante la promesa de garantizar su seguridad o abatir la inseguridad de su existencia, venden su alma al diablo, apoyando hasta la pena de muerte.
La ley castiga el enriquecimiento ilícito hasta cierto nivel social, pero no se sancionan a los encumbrados amos o vendepatrias que han saqueado y continúan despojando el país.
A más de que la ley considera que cuando tres o más personas se organicen podrá haber conductas delictivas que tengan que ver con el crimen organizado, por ejemplo, para la producción y el comercio de estupefacientes, o el lavado o blanqueo de dinero. Amén de que los órganos de procuración de justicia, sin ninguna intervención enjuiciadora, “arraigan” (oficializando el secuestro) a los “presuntos”, sometiéndolos a procesos inquisitoriales y a toda clase de torturas, con el pretexto de evitar el lavado de dinero en el país o implantarles los delitos de todo tipo.
El “desarrollo” del capitalismo monopolista en México ha producido un inequitativo, injusto e inadecuado sistema económico en que 2/3 de la población mexicana vive en la pobreza, mientras que un puñado de extranjeros dueños de los monopolios, que esclavizan al país, gozan de la opulencia. Esta terrible situación de indigencia de la mayoría de los mexicanos hace que la desigualdad social actué como base del delito criminalizando la pobreza. En este caso es el "delito" como estrategia de supervivencia y pertenencia de los pobres. Ser pobre es un crimen. Las leyes están hechas para aplicarlas a los pobres por eso, aunque se endurezcan las penas, quien pueda pagar no irá a la cárcel o gozará de leves condenas.
La alarmante penalización de conductas colectivas surgidas contra un inadecuado orden, en que parte de la sociedad está excluida, han llevado a la criminalización de la protesta social o del activismo social. La penalización individual de conductas colectivas surgidas del estado de degradación económica que vive nuestro país, muestran un endurecimiento clasista y discriminatorio. Bajo esta deformación, es posible considerar que la contención social mediante la penalización puede llevar a una explosión social general.
A la par del deterioro económico aumenta la descomposición social. La única ideología es: $$$. ¡Tan es así que, ante esta deidad, hasta los extremos se tocan! Y… algunos sin dignidad se aferran tenazmente al “hueso”. El poder del dinero viene de su uso (o maluso) o del beneficio o la amenaza que significa para otros. El verdadero capo es el DINERO, y… ante él se inclinan todos. La modalidad que asume en el mundo del trasiego de estupefacientes es el de narcodólar.
El endurecimiento de la ley para la criminalización económica responde a las pautas que impone la lógica de la economía capitalista. Se criminaliza la pobreza, pero se descriminalizan las grandes riquezas, presupuestamente obtenidas legalmente (p. e. véanse las tranzas del pasado con las que se robaron las empresas del Estado).
La crisis capitalista agudiza las actitudes “criminales” en el seno de la sociedad. No cabe duda de que hay una conexión directa entre crisis económica y delincuencia (organizada o no). No se necesita ser muy intuitivo para ver que dos fenómenos sociales recorren y continuarán recorriendo el país, de frontera a frontera: la crisis económica y la delincuencia galopante. ¿Existe correlación entre desempleo y delincuencia? La crisis económica y, sobre todo, el desempleo está provocando un progresivo y aterrador aumento de la delincuencia. Ante la cancelación de opciones de vida natural o reglamentaria, la población opta por el modus criminali, ¡no se va a morir de hambre mientras haya a quien quitarle el bocado! Paradójicamente y a contrapelo, el Estado debe velar, al mismo tiempo, por los derechos humanos y la seguridad de las familias mexicanas, aumentando la violencia, los castigos punitivos, los arrestos y las reclusiones, y los asesinatos nomológicos o “constitucionales”.
La crisis económica no ha concluido, aunque el reducido horizonte visual de las instituciones que gestionan e instrumentan la política económica digan lo contrario, y señalen que en 2010 vamos a crecer entre un rango de 3.2 y 4.2 %. Varias observaciones sustentan esta apreciación.
Las señales en el horizonte económico son negativas: el retraimiento del mercado interno y estadounidense, la contracción de la demanda, la caída de las tasas de rentabilidad del capital, el progresivo aumento de precios, el creciente desempleo, el ascendente endeudamiento gubernamental disfrazado, entre otros.
Más aún, según los microempresarios, las operaciones de los negocios formales se encuentran al 40 % de su capacidad y el 20 % de empresas no puede pagar impuestos. El latente invierno económico está intimidando a las empresas.
Aparte de que se espera un impacto mayor por los deslices mensuales en los precios de las gasolinas, el gas y la electricidad. Y quizá una posible reversión de los flujos de capital que incida sobre el tipo de cambio. Punto en boca de las —hasta cierto punto— impredecibles condiciones climatológicas que afecten la oferta de alimentos.
No hay que hacer caso a las falencias, conscientes o no. La depresión mundial no ha terminado, la tragedia de Grecia muestra lo contrario. La economía internacional todavía continuará desfondándose. Desgraciadamente, todo indica, que la crisis económica en nuestro país continuara y se prolongará más allá de las visiones de simple descripción externa de las formas económicas.
En 2010 nuestro país conmemorará doscientos años del inicio de la Independencia y cien años del comienzo de la Revolución, ante la indiferencia de los mexicanos para que extranjeros con vende patrias continúen saqueando el país. Es el bicentenario de las desgracias de los mexicanos. Por ejemplo, en ninguno de ambos episodios, donde se derramó sangre mexicana, los intereses, tierras y propiedades (robadas a los aztecas) de los españoles han sido tocadas. ¡La ley en eso no se fija! Además necesitamos liberarnos de los conquistadores modernos.
La adicción a la droga que nuestra economía ha alcanzado niveles exorbitantes y es impresionantemente enorme. De un lado, por la cercanía fronteriza con el coloso económico del norte, está el hecho de que gran parte de la población se ha dedicado tradicionalmente al contrabando, en mayor menor medida, dependiendo de la situación histórica particular ha sido un modus vivendi de existencia. Además de las raíces históricas, por otra parte, las transacciones económicas aunque sean ilegales no dejan de ser economía. Pero ¿Qué pasaría si repentinamente se erradicara este inmenso sector de la economía? ¿Cuántos mexicanos dejarían de recibir ingresos de la ilegalidad? Este segmento de la economía mexicana aporta tantos ingresos como el turismo y poco menos que el petróleo o… más aún.
Una parte importante del PIB se forma de la economía ilegal, no sólo proveniente del narcotráfico, sino de contratos públicos adjudicados fraudulentamente, de la usura, del fraude, cobros indebidos, de los suculentos puestos gubernamentales, de la falsificación, de estafadores, asesinos a sueldo, chantajistas, jugadores, proxenetas, prostitución, control de territorios, extorsionadores, de secuestros, robo de coches, blanqueadores de dinero, vendedores ambulantes, precios de monopolio, mercado negro, de traficantes de personas en masa de poblaciones desarraigadas y de armas, entre otras lindezas. Si estimáramos el porcentaje del PIB por estos “conceptos” la cifra sería escalofriante porque podría llegar al 25 %. Si se retiraran del mercado el dinero sucio y los capitales turbios, se conjetura que la economía podría caer hasta en un 15 %.
El hecho palpable es que las mafias de todo tipo, se han apoderado del país, comprando a la clase gobernante, saqueándolo sistemáticamente, paralizando su capacidad económica y asfixiando su voluntad política. Y algo inquietante es que hay un fundado sentimiento general de la población: no confía en sus gobernantes y menos en las policías
¿Qué nos queda?
En la encrucijada de la historia de México hay un momento cada cien años. La única fuerza que puede unificar el país en cien años es un hombre nacido en México y con suficiente sangre autóctona. Aunque un hombre tan grande no siempre se crea fácilmente, es de esperar que este Mex ya esté entre nosotros…
sábado, 20 de febrero de 2010
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