La cuestión de que si Carlos V de España o Francisco I de Francia debía ceñir la corona del Sacro Imperio Romano fue resuelta por el banquero alemán Jacob Fugger y luego mucho oro de México llegó a sus manos. En la historia mexicana, con enriquecimiento licito o arbitrario algunos han llegado a ser los entes más ricos de México, con la capacidad de poner en jaque la política y crear conflictos guerreros. Lo ilustran los casos de Alonso de Villaseca en la ocupación colonial y de Carlota de Habsburgo durante la invasión francesa.
La cronología de las riquezas desmesuradas a través de la historia muestra como el hombre en su afán de ser más rico que el otro, ha participado en la destrucción de la naturaleza, en detrimento del bienestar de los pueblos.
“No te deslumbres con lo que te he dado”, dice la evangélica cita. ¡La pobreza es llave del cielo! Un salmo reza: “Los leoncillos pasan necesidad y tienen hambre, más los que buscan al Señor no carecerán de bien alguno.” Pero la escasez no es solo una devota percepción, es un instrumento del capitalismo monopolista.
La variación del indicador global de la actividad económica del INEGI, se mostró negativo -1 % en enero de 2010 y en febrero apenas despuntó pálidamente en 0.5 %; es más el índice ha venido a menos. La caída del PIB ha sido la más fuerte desde que se tienen registros estadísticos confiables: después de la gran caída de -10 % en el primer trimestre de 2009, el producto no alcanza a repuntar. Sólo los núcleos monopólicos han disfrutado de una preservación de sus privilegios. Frente a la caída del producto interno de Estados Unidos de -2.4 % en 2009 —según cifras de la CIA—, no se ven signos sólidos de la recuperación económica de ese país. Las secuelas del seco golpe de la catástrofe financiera de 2008 que llevó al mundo al borde del abismo económico todavía no se conjuran y, quizá, se continuarán diseminando.
La creciente integración y sincronización cíclica de la economía mexicana, subordina la posible recuperación doméstica al desempeño económico estadounidense. Además, los efectos de la provocada “tragedia griega”, en el marco de la guerra económica, no se han alcanzado a contener del todo y es posible que las regiones económicas del planeta sean puestas en jaque por la secuela dominó y el trepacae eurogringo. Por más que se empeñan, los altos funcionarios federales no consiguen convencer a nadie de que la recuperación incipiente podrá ser del todo distinta a la pauta que se impone en Estados Unidos y Europa.
Más allá del estrecho horizonte que impone la propia crisis y la limitación visual de los responsables del diseño y la aplicación de la política económica, principalmente Banxico y Hacienda, la atonía y permisible potencialidad de la economía mexicana obedece fundamentalmente a factores estructurales que se han conformado a través de su particular evolución. Por lo demás, la economía política es fastidiosa y sin sentido cuando se le separa de su fondo histórico.
La pregunta esencial que provea del fundamento lógico y sirva de base racional, para entender la problemática de la economía mexicana en su vertiente social, puede ser: ¿Por qué México afronta la paradoja de la pobreza dentro de la abundancia?
Allende las clasificaciones y maquillaje de la penuria, las ¾ partes de la población del país vive en la pobreza y una 1/5 parte es acometida permanentemente por el infame desempleo. No hay que olvidar que vivir en la pobreza es un desafío y se necesita mucha entereza y valor. Incomprensiblemente los más de 111 millones de mexicanos habitan en un territorio de 200 millones de hectáreas (1.8 por habitante), con abundantes recursos naturales.
Los monopolios, además de poseer y concentrar la mayor parte de la riqueza del país, imponen sesgos económicos y formas de vida, nada favorables para la construcción de una nación de y para los mexicanos. Algunos ejemplos ilustran esta penosa situación: 1) Para construir una vivienda, se tiene que comprar cemento, varilla, ladrillos, madera y demás productos necesarios, a precios más altos que en otros países, establecidos por compañías que controlan el mercado de esos productos; 2) Las prácticas monopólicas ocasionan que la energía eléctrica, agua, gasolina, vidrio, trastos, carne, tortillas, maíz, frutas y verduras, alcancen precios prohibitivos para la mayoría de la población; y, 3) La situación se repite exponencialmente en el caso de las medicinas y servicios hospitalarios, cuyos precios son inalcanzables para todo el mundo.
El propósito de los monopolios es obtener utilidades, a costa de lo que sea, pero eso genera la paradoja de la abundancia de pocos dentro de la pobreza de muchos. Pero ¿A quién se le ocurre que la escasez pueda ser la base del bienestar?
Para la ganancia monopólica como finalidad, se aplican en algunos casos métodos francamente aberrantes. Tales son los casos 1) de la leche que se tira en el norte del país para que no baje de precio el lácteo, 2) la quema del pollo y la destrucción de huevos, para que no bajen los precios de estos productos, y 3) la tira del melón lagunero como medida de presión para que se apoyen las utilidades. En estas situaciones, se da una economía de abundancia, donde la producción excede al consumo, pero no conviene que bajen los precios porque afectan las utilidades. Por eso la política económica, basada en la síntesis neoclásica-keynesiana, se pone al servicio de los monopolios, con el mandamiento de la restricción de la producción y el aumento de precios, para así incrementar las ganancias. ¡Ojo, mucho ojo! Es un planteamiento capitalista de la sistematización de la escasez para obtener mayores utilidades. Así se explica que estos sujetos “confundan” las cosas de esta manera y relacionen bienestar con escasez.
Los monopolios se han convertido en el mayor obstáculo para el desarrollo económico y social del país. Las desigualdades que propician los monopolios al concentrar en pocas manos la riqueza nacional, son aberrantes y estimulantes de la sedición social. De otro lado, la mayoría de los trabajadores resienten en su bolsillo la pérdida de su poder adquisitivo, porque reciben salarios de hambre y se ven obligados a pagar más por servicios y mercancías que bajo otras condiciones económicas serían más baratos. En perversa síntesis, el saldo de la lastimosa para muchos actuación de los monopolios en México es vandálica, devastadora y catastrófica.
Los monopolios regulan la economía mexicana y ejercen un control organizado sobre el país. Donde los monopolios están de por medio, su interés está en primer lugar y el interés nacional puede esperar o irse al diablo.
¿Hacia dónde va el capitalismo mexicano?
El hundimiento de la vida económica en México es de tales proporciones y la marcha delante de los narcos es tan amenazadora, que los capitalistas monopolistas, nacionales y extranjeros, ven la necesidad de una autoridad central fuerte, pero quieren asegurarse que es su autoridad actuando por sus intereses.
Otra opción más lejana o romántica, es la restricción de los privilegios de los monopolios. Acompañada de la aplicación de un plan económico que permita reactivar la economía para comenzar creciendo a 3 % hasta alcanzar 7 y 10 % y en 10 años duplicar el producto. Pero eso no es más que una ilusión…
Fundamentalmente hoy la frívola percepción de la parálisis y decadencia económica de México gira en torno a la cuestión de cómo financiar la guerra antinarco. Para muestra un botón de “coincidente” veneno puro: extrañamente la reciente conformación binacional de una guerra secreta contra el narco que pervierte aún más el de por si autónomo teatro de operaciones y que lo más probable es que derive en un conflicto externo de dimensiones imprevistas, dejando surcos de adversidad para el país impresos de odio y venganza con turbiedad y maquinaciones.
El capital financiero monopolista continuará ejerciendo su hegemonía y disputando con fuerza el poder al Estado. Por eso la política económica, sometida al interés monopólico financiero, continuará estando fanfarronamente encaminada a asegurar escasez, en lugar de abundancia. Para los gestores de la política económica mientras menos riqueza tengan, más felices seguirán siendo los mexicanos.
El nivel económico del mexicano medio continuará yendo en picada. La política económica continuará imponiendo un rígido pero financieramente funcional control monetario, asociado a la extracción vía impuestos de los pocos recursos con los que se cuenta y, sobre todo, continuará con la desprotección y desmantelamiento sistemáticos de los diversos sectores productivos nacionales. El mensaje en clave es que el proceso de agringar México se acentuará aún más.
Soplan infortunados vientos adversos de desgraciada dramática descomposición para el desolado país, por eso México tiene que sentarse en la raíz saliente del gigante y surgir en un resplandecimiento de gloria…
viernes, 14 de mayo de 2010
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