domingo, 30 de mayo de 2010

Actuaría económica

La visión sensiblera de la economía ha persistido a través de la historia. En la Revolución Francesa se pensaba que la geografía formaba la economía natural de un pueblo. A principios del siglo XX Lenin reseñó que el romanticismo económico describe el capitalismo como un sistema económico destinado a satisfacer necesidades sociales y no a acumular y producir plusvalía. En México a fines del siglo XIX, durante el porfiriato, el franchute José Limantour, cabecilla del grupo los "científicos", adquirió la designación de ministro de hacienda por su adhesión a los principios supuestamente científicos del positivismo económico. Hoy en día el idealismo económico es el anclaje teórico de la ideología que da sustento en el capitalismo contemporáneo a la hegemonía del capital financiero y los monopolios.
La visión romántica y esterilizada de la economía ha conducido a una gran parte de los economistas a ignorar las limitaciones de la racionalidad humana en una concepción subjetiva; a no comprender las leyes objetivas que mueven la economía y los mercados; no tomar en cuenta la ley de las ganancias; desdeñar la regulación económica del capital financiero, los monopolios y el Estado; olvidar los preceptos de la evolución del ciclo económico; omitir la causalidad del desempleo; entre otros aspectos. Por eso se asombran cuando la economía se descompone de forma repentina e impredecible.
La ciencia económica requiere años de estudio, dedicación y esfuerzo ininterrumpido, para poder esgrimir su terminología y realizar un correcto manejo conceptual. Además de la vocación, se requiere entrega y voluntad, para obtener una sólida pero dúctil base teórica y empírica de conocimientos, sobre economía política, política económica y gobierno, historia económica, lógica dialéctica, historia del pensamiento económico, evolución de la teoría económica, contabilidad económica y presupuesto por programas, economía empresarial, geografía económica, análisis económico y métodos cuantitativos (matemáticas, estadística y probabilidad aplicadas a la economía, y econometría). El eje de la formación de un economista es sin duda el estudio y aprendizaje de la ciencia económica, y sus aplicaciones al campo de la economía contemporánea. La producción heurística requiere aun más desvelos y profundo conocimiento.
El poder esclarecer y definir el objeto de estudio de la economía es más difícil de lo que puede creerse. Esta situación se dificulta aún más porque en las instituciones de enseñanza de economía, los profesores no son, en muchos casos, economistas de raíz y de profesión, es decir, que cuando menos la formación básica de licenciatura sea en economía y que su especialidad y posgrado sean recomendablemente en esta materia. Muchos docentes, por necesidad circunstancial o por interés propio, imparten economía sin ningún recato y terminan dando verdaderos engendros estadísticos y de contabilidad económica; otros se orientan a enseñar una mezcla de “economía” con aspectos relacionados con su propia formación; y, los menos, no saben en qué terreno están parados. La economía es una ciencia verdaderamente difícil, comparada con las ramas superiores de la lógica dialéctica o filosofía y de la ciencia pura.
La economía estudia las relaciones sociales en el proceso de producción, es decir, examina las relaciones económicas. Aunque la economía política es capaz de medir, de cuantificar, la sociedad, la ciencia económica va más allá que la mera contabilidad económica y de las aguas heladas del cálculo egoísta. Por eso la economía es política, porque poseer bienes y servicios, deriva en relaciones de poder. La economía política no trata de cosas, sino de relaciones entre personas, que se expresan a través de las cosas.
Detrás de las frías cifras hay más que realidades cuantitativas, hay realidades históricas y sociales, inclusive psíquicas y culturales. ¿Qué sucede en México con el manejo e interpretación de la estadística económica? Sobre todo en los casos de los responsables de la gestión y aplicación de la política económica, los cuadros estadísticos de la economía son toscas adaptaciones de la estadística estadounidense, diseñada en base a la contabilidad tradicional y la teoría neoclásica y keynesiana; su adopción revela más aturdida irreflexión que rigor científico.
En realidad esto no tendría mayor trascendencia, si las decisiones de algunos “economistas” no tuvieran desastrosos efectos sociales. Por ejemplo, el actual secretario de Hacienda, el exprofesor de economía, Ernesto Javier Cordero Arroyo, es un actuario de raíz, con alineación posterior en economía de la Upenn o whartoniana universidad estadounidense, que se distingue por la elaboración de apantalladores mamotretos estadísticos que pretenden explicar el curso de la economía en Estados Unidos y el mundo.
Aunque se supone que para obtener los grados que ostenta el Sr. Cordero Arroyo, debió haber presentado alguna disertación por escrito, desafortunadamente públicamente no se le conoce ningún escrito sobre economía, con excepción de sus intervenciones como secretario de Hacienda.
Resumiendo las 25 funciones que establece el artículo 31 la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal que le corresponden a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, tenemos los siguientes despachos destacados: 1) Proyectar y calcular los ingresos de la Federación, de los estados, del gobierno del Distrito Federal y de las entidades paraestatales, considerando las necesidades del gasto público federal, la utilización razonable del crédito público y la sanidad financiera de la administración pública federal; 2) Manejar la deuda pública de la Federación; 3) Realizar o autorizar todas las operaciones en que se haga uso del crédito público; 4) Planear, coordinar, evaluar y vigilar el sistema bancario del país que comprende al Banco Central, a la Banca Nacional de Desarrollo y las demás instituciones encargadas de prestar el servicio de banca y crédito; 5) Determinar los criterios y montos globales de los estímulos fiscales, escuchando para ello a las dependencias responsables de los sectores correspondientes y administrar su aplicación en los casos en que no competa a otra Secretaría; 6) Cobrar los impuestos, contribuciones de mejoras, derechos, productos y aprovechamientos federales en los términos de las leyes aplicables y vigilar y asegurar el cumplimiento de las disposiciones fiscales; 7) Organizar y dirigir los servicios aduanales y de inspección, así como la Unidad de Apoyo para la Inspección Fiscal y Aduanera; 8) Proyectar y calcular los egresos del Gobierno Federal y de la administración pública paraestatal, haciéndolos compatibles con la disponibilidad de recursos y en atención a las necesidades y políticas del desarrollo nacional; y 9) Ejercer el control presupuestal de los servicios personales y establecer normas y lineamientos en materia de control del gasto en ese rubro. Como se puede apreciar la tarea hacendaria es compleja y extenuante, y se necesita para realizarla, como diría Keynes, un “auténtico mirlo blanco” economista.
Veamos que armas porta el flamante secretario de Hacienda, valiéndonos aunque sea de sus expresiones públicas. Hace algún tiempo el Doctor Cordero hizo mención de la súbita “recuperación de la economía mexicana” y de la repentina “estabilidad del país”, evadiendo la critica realidad económica que se vive. En una entrevista concedida el 8 de enero de 2010 por el Señor Cordero a Sergio Sarmiento, conductor del programa de radio La Red de la Mañana, tuvo algunas expresiones doctorales como estas: “de no realizar el deslizamiento en las gasolinas, eso nos costaría 60 mil millones de pesos, es un gasto presupuestal muy fuerte” que debería tener un “destino más social”; sin embargo, todo estudiante de 1er semestre de economía aprende que los incrementos de precio de los combustibles se trasladan, vía costos, al consumidor final, además de que sería encomiable que se transparentara el gasto de estos aumentos para que se viera su impacto social. Continúa hablando el Doctor: “la inflación muestra una corrección a la baja”; claro pues ha caído el consumo global y la economía ha acusado un gran contracción, que se expresa en una mengua inflacionaria. Más aún prosigue diciendo el Secretario: “la moneda (el peso) aún tiene espacio para apreciarse”; más allá del prurito político contra el lavado de dinero, el Señor Ministro no tiene ni idea de las funciones del dinero, sobre todo de la función del dólar como dinero mundial, que muy pronto nos va hacer padecer su influencia Otra perla del fatuo actuario: “ésta es una decisión técnica (la del incremento de los precios de los combustibles) que no debe de volverse política, cuando las decisiones técnicas se vuelven políticas entonces sucede lo que vemos en otras partes del mundo, sucede lo que pasó en México hace ya algunas décadas, donde medidas populistas llevaron a este país a la bancarrota”; maravilloso ya llegó el llanero solitario a salvar la patria. Es parcialmente cierto que el país finalmente declinó económicamente, porque aquellos hombres y mujeres que debieron tomar decisiones para modernizarlo no lo hicieron en el momento oportuno, pero que luego fueron cooptados por los que hoy gobiernan el país.
¿Por qué el principal funcionario responsable de la política económica expresa meras opiniones insustanciales sobre la interpretación de los acontecimientos y la aplicación de las medidas económicas? El modelo económico a que aspira el Sr. Cordero Arroyo no corresponde a la verdadera realidad histórica de México, sino que es una mera degradada copia del arquetipo estadounidense que la tecnocracia hacendaria ha venido atarugando al país en los últimos 28 años.
Ante las agresiones del actual modelo económico sobre la mayoría de población, se deben crear modelos de desarrollo viables y que respondan a lo que México es. La casa azteca está hecha con los despojos del mundo precolombino, las viejas pesadillas de la invasión hispanocatólica y con la opresión gringa. La viabilidad económica solo la puede dar el curso histórico y la impronta mexicana solo los mexicanos.
A partir de 1982 la evolución hacia el capitalismo monopolista cobró impulso y los economistas de viejo cuño fueron desapareciendo u opacados por los “especialistas” financieros. ¡Estos petulantes sujetos ni son sabios ni son ignorantes! Un tipo de estos desconoce formalmente lo que no entra en su especialidad y es educado porque es un “hombre de ciencia” que conoce el porcinculo de su realidad. Ahora en el país, con el Dr. Cordero Arroyo en Hacienda, los hechos económicos son sometidos a leyes probabilísticas y financieras, ejecutando acciones “equilibradas”. ¡El medio se convirtió en objetivo!
Hoy México es un país de escandalosas desigualdades. Existe el potencial riesgo de que se profundice la depresión si no se toman medidas de atenuación de la crisis y no se deja a un lado la preferencia del enfoque neoclásico por el equilibrio económico y el superávit a ultranza. La política económica de desarrollo económico debe obedecer a un plan integral y nacional de largo plazo. Hay que romper los monopolios contemporáneos (p. e. los bancos españoles tienen en México sus mayores ganancias) y encontrar formas económicas, más justas y dignas, que atenúen el infradesarrollo económico. Hay que concebir un modelo de desarrollo económico viable y menos inhumano, costoso e insensato que el actual, que impulse el crecimiento duplicando el producto y promueva una más si ya no justa equitativa distribución del ingreso. También hay que impulsar el crecimiento de la población, porque ¿de qué sirve el amplio territorio azteca con tantos recursos naturales, si la población, lejos de crecer, desciende, siendo los mexicanos el recurso esencial para conseguir el progreso del país? Hay que alcanzar un desarrollo económico equiparable con el estadounidense y el europeo.
El país sufre hoy los embates y el horror de la guerra. La pretensión de ganar la “guerra” a las drogas, ha traído desastrosos resultados: el empoderamiento del crimen organizado, la corrupción del gobierno, la erosión de la seguridad interna, la distorsión de los mercados económicos, el aumento de la violencia a horizontes inauditos, un infame narcoempleo ante el ignominioso desempleo y un demérito de la ética y las montas púdicas. En este sentido, sería prudente tomar medidas para proteger la salud, aplicar decisiones basadas en la evidencia científica y respetar los derechos humanos
México hoy es un país destrozado, humillado y con un incierto futuro. La dislocación y la miseria se ven por todos lados en el territorio del país, sin que sus verdaderos hijos sean capaces de levantarse, poner un hasta aquí y reconstruir la nación. Los mexicanos andrajosos y humillados son una fuente potencial de rebelión. México no puede acabar en tragedia y muerte. El país tiene necesidad de redención y ésta solo está en él. Quizás el sufrimiento y la pobreza tienen una capacidad de redención que los gobiernos en México han olvidado o, al menos, descuidado.

viernes, 14 de mayo de 2010

¿Hacia dónde va la economía?

La cuestión de que si Carlos V de España o Francisco I de Francia debía ceñir la corona del Sacro Imperio Romano fue resuelta por el banquero alemán Jacob Fugger y luego mucho oro de México llegó a sus manos. En la historia mexicana, con enriquecimiento licito o arbitrario algunos han llegado a ser los entes más ricos de México, con la capacidad de poner en jaque la política y crear conflictos guerreros. Lo ilustran los casos de Alonso de Villaseca en la ocupación colonial y de Carlota de Habsburgo durante la invasión francesa.
La cronología de las riquezas desmesuradas a través de la historia muestra como el hombre en su afán de ser más rico que el otro, ha participado en la destrucción de la naturaleza, en detrimento del bienestar de los pueblos.
“No te deslumbres con lo que te he dado”, dice la evangélica cita. ¡La pobreza es llave del cielo! Un salmo reza: “Los leoncillos pasan necesidad y tienen hambre, más los que buscan al Señor no carecerán de bien alguno.” Pero la escasez no es solo una devota percepción, es un instrumento del capitalismo monopolista.
La variación del indicador global de la actividad económica del INEGI, se mostró negativo -1 % en enero de 2010 y en febrero apenas despuntó pálidamente en 0.5 %; es más el índice ha venido a menos. La caída del PIB ha sido la más fuerte desde que se tienen registros estadísticos confiables: después de la gran caída de -10 % en el primer trimestre de 2009, el producto no alcanza a repuntar. Sólo los núcleos monopólicos han disfrutado de una preservación de sus privilegios. Frente a la caída del producto interno de Estados Unidos de -2.4 % en 2009 —según cifras de la CIA—, no se ven signos sólidos de la recuperación económica de ese país. Las secuelas del seco golpe de la catástrofe financiera de 2008 que llevó al mundo al borde del abismo económico todavía no se conjuran y, quizá, se continuarán diseminando.
La creciente integración y sincronización cíclica de la economía mexicana, subordina la posible recuperación doméstica al desempeño económico estadounidense. Además, los efectos de la provocada “tragedia griega”, en el marco de la guerra económica, no se han alcanzado a contener del todo y es posible que las regiones económicas del planeta sean puestas en jaque por la secuela dominó y el trepacae eurogringo. Por más que se empeñan, los altos funcionarios federales no consiguen convencer a nadie de que la recuperación incipiente podrá ser del todo distinta a la pauta que se impone en Estados Unidos y Europa.
Más allá del estrecho horizonte que impone la propia crisis y la limitación visual de los responsables del diseño y la aplicación de la política económica, principalmente Banxico y Hacienda, la atonía y permisible potencialidad de la economía mexicana obedece fundamentalmente a factores estructurales que se han conformado a través de su particular evolución. Por lo demás, la economía política es fastidiosa y sin sentido cuando se le separa de su fondo histórico.
La pregunta esencial que provea del fundamento lógico y sirva de base racional, para entender la problemática de la economía mexicana en su vertiente social, puede ser: ¿Por qué México afronta la paradoja de la pobreza dentro de la abundancia?
Allende las clasificaciones y maquillaje de la penuria, las ¾ partes de la población del país vive en la pobreza y una 1/5 parte es acometida permanentemente por el infame desempleo. No hay que olvidar que vivir en la pobreza es un desafío y se necesita mucha entereza y valor. Incomprensiblemente los más de 111 millones de mexicanos habitan en un territorio de 200 millones de hectáreas (1.8 por habitante), con abundantes recursos naturales.
Los monopolios, además de poseer y concentrar la mayor parte de la riqueza del país, imponen sesgos económicos y formas de vida, nada favorables para la construcción de una nación de y para los mexicanos. Algunos ejemplos ilustran esta penosa situación: 1) Para construir una vivienda, se tiene que comprar cemento, varilla, ladrillos, madera y demás productos necesarios, a precios más altos que en otros países, establecidos por compañías que controlan el mercado de esos productos; 2) Las prácticas monopólicas ocasionan que la energía eléctrica, agua, gasolina, vidrio, trastos, carne, tortillas, maíz, frutas y verduras, alcancen precios prohibitivos para la mayoría de la población; y, 3) La situación se repite exponencialmente en el caso de las medicinas y servicios hospitalarios, cuyos precios son inalcanzables para todo el mundo.
El propósito de los monopolios es obtener utilidades, a costa de lo que sea, pero eso genera la paradoja de la abundancia de pocos dentro de la pobreza de muchos. Pero ¿A quién se le ocurre que la escasez pueda ser la base del bienestar?
Para la ganancia monopólica como finalidad, se aplican en algunos casos métodos francamente aberrantes. Tales son los casos 1) de la leche que se tira en el norte del país para que no baje de precio el lácteo, 2) la quema del pollo y la destrucción de huevos, para que no bajen los precios de estos productos, y 3) la tira del melón lagunero como medida de presión para que se apoyen las utilidades. En estas situaciones, se da una economía de abundancia, donde la producción excede al consumo, pero no conviene que bajen los precios porque afectan las utilidades. Por eso la política económica, basada en la síntesis neoclásica-keynesiana, se pone al servicio de los monopolios, con el mandamiento de la restricción de la producción y el aumento de precios, para así incrementar las ganancias. ¡Ojo, mucho ojo! Es un planteamiento capitalista de la sistematización de la escasez para obtener mayores utilidades. Así se explica que estos sujetos “confundan” las cosas de esta manera y relacionen bienestar con escasez.
Los monopolios se han convertido en el mayor obstáculo para el desarrollo económico y social del país. Las desigualdades que propician los monopolios al concentrar en pocas manos la riqueza nacional, son aberrantes y estimulantes de la sedición social. De otro lado, la mayoría de los trabajadores resienten en su bolsillo la pérdida de su poder adquisitivo, porque reciben salarios de hambre y se ven obligados a pagar más por servicios y mercancías que bajo otras condiciones económicas serían más baratos. En perversa síntesis, el saldo de la lastimosa para muchos actuación de los monopolios en México es vandálica, devastadora y catastrófica.
Los monopolios regulan la economía mexicana y ejercen un control organizado sobre el país. Donde los monopolios están de por medio, su interés está en primer lugar y el interés nacional puede esperar o irse al diablo.
¿Hacia dónde va el capitalismo mexicano?
El hundimiento de la vida económica en México es de tales proporciones y la marcha delante de los narcos es tan amenazadora, que los capitalistas monopolistas, nacionales y extranjeros, ven la necesidad de una autoridad central fuerte, pero quieren asegurarse que es su autoridad actuando por sus intereses.
Otra opción más lejana o romántica, es la restricción de los privilegios de los monopolios. Acompañada de la aplicación de un plan económico que permita reactivar la economía para comenzar creciendo a 3 % hasta alcanzar 7 y 10 % y en 10 años duplicar el producto. Pero eso no es más que una ilusión…
Fundamentalmente hoy la frívola percepción de la parálisis y decadencia económica de México gira en torno a la cuestión de cómo financiar la guerra antinarco. Para muestra un botón de “coincidente” veneno puro: extrañamente la reciente conformación binacional de una guerra secreta contra el narco que pervierte aún más el de por si autónomo teatro de operaciones y que lo más probable es que derive en un conflicto externo de dimensiones imprevistas, dejando surcos de adversidad para el país impresos de odio y venganza con turbiedad y maquinaciones.
El capital financiero monopolista continuará ejerciendo su hegemonía y disputando con fuerza el poder al Estado. Por eso la política económica, sometida al interés monopólico financiero, continuará estando fanfarronamente encaminada a asegurar escasez, en lugar de abundancia. Para los gestores de la política económica mientras menos riqueza tengan, más felices seguirán siendo los mexicanos.
El nivel económico del mexicano medio continuará yendo en picada. La política económica continuará imponiendo un rígido pero financieramente funcional control monetario, asociado a la extracción vía impuestos de los pocos recursos con los que se cuenta y, sobre todo, continuará con la desprotección y desmantelamiento sistemáticos de los diversos sectores productivos nacionales. El mensaje en clave es que el proceso de agringar México se acentuará aún más.
Soplan infortunados vientos adversos de desgraciada dramática descomposición para el desolado país, por eso México tiene que sentarse en la raíz saliente del gigante y surgir en un resplandecimiento de gloria…